Curiosidades franquistas, en Sidi-Ifni

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Si visitáis la preciosa plaza España de Sidi Ifni, os recomiendo que os acerquéis a mirar uno de los edificios administrativos españoles de la época colonial.  Si alzáis la vista, veréis el emblema en piedra del famoso agilucho.

En su fachada totalmente abandonada, encontramos una bandera franquista. Muy curioso y lamentable, que nadie haya tenido interés en quitar este elemento de la dictadura de Franco.

La titularidad de este edificio puede ser que aún sea del Gobierno Español o que, en estos momentos, haya algún tipo de litigio sobre su propiedad. En cualquier caso, estoy convencida que se debería llegar a un acuerdo para retirar este símbolo franquista de la fachada del edificio.

Dos accesos para ver una misma kasbah

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Esto es uno de esos ejemplos que me divierten de Marruecos.

No sé si habéis estado en la Kasbah de Amridil en el palmeral de Skoura. Muy cerca de Ouarzazate.

Pues en eso que dices, ¿qué os parece una visita a la Kasbah? Venga, vamos. Y os hacéis unos kilómetros y entráis en el palmeral y en seguida aparcáis en la imponente fachada de la kasbah. Hasta aquí, todo bien. El problema viene ahora.

Miráis la Kasbah buscando la entrada y de repente observáis a la derecha una puerta y un cartel que pone, Entrée Officielle-Kasbah Amridil y a vuestra izquierda, otra puerta que pone, Entrée principale-Kasbah Amridil.

Vale, ahí estáis, pensando la diferencia entre oficial y principal.

Pues nada, que los herederos de la kasbah no se pusieron de acuerdo en la explotación de las visitas y se partieron la propiedad en dos. Y más chulos que un ocho, hacen dos visitas de cada mitad de la kasbah.

Cada visita cuesta 40 dh por persona, es decir que si quieres verla completa debes entrar y salir y pagar 40 dh+40 dh. Me encantan estas historias de Marruecos, surrealistas hasta decir basta.

El perfil amarillo marca la visita de la Entrée Officielle.

PD: yo recomiendo la Entrée Officielle porque tienes acceso a la terraza y buenas vistas sobre el palmeral y creo que aprecias mejor la importancia de la kasbah. Pero siempre os podéis dividir y luego os enseñáis las fotos.

Orígenes judíos en Marruecos, Ifrane del Anti-Atlas

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Esta es la historia de un viaje en busca de los orígenes judíos en Marruecos. Este viaje hacia el interior del Anti-Atlas fue fascinante. No sabíamos muy bien que buscábamos (sabíamos de este lugar por algunas webs internacionales), pero sabíamos que no nos íbamos a ir de ahí sin encontrar las huellas de los primeros judíos que llegaron a Marruecos.

Parece ser que es muy difícil señalar con exactitud la antigüedad de los judíos en Marruecos, aunque se sabe que data de mucho tiempo. Entre múltiples comunidades que habitan este país existen tradiciones que la fijan en diferentes épocas, llegando algunos a señalar como fecha de llegada de los judíos a Marruecos la época del Rey Salomón. Esta tradición corre entre ciertas comunidades que habitan en el sur de Marruecos y en el norte del desierto del Sahara, principalmente en aldeas, y esta suposición ha sido señalada por el historiador Procop, quien habla de una ciudad llamada «Borrión», cuya situación fija en el lugar ocupado hoy por la ciudad de Ifrane, de la que afirma que en ella vivieron judíos en los tiempos del Rey Salomón. Basa sus afirmaciones en el hecho de que en tiempos del referido Rey, los habitantes de la antigua Fenicia, que recorrían con sus naves las costas del norte de África y las de Marruecos, llevaban con ellos en sus viajes a muchos súbditos del Rey judío, dada la amistad que existía entre éste y el Rey Hirab; y esos judíos, al igual que muchos fenicios, se quedaban en países que visitaban, fundando factorías o colonias en las que se establecían éstos junto con los fenicios.

Podría ser que en Ifrane Atlas-Saghir o Ifrane del Anti-Atlas (no confundir con Ifran de la región Fes-Meknès), se encuentre ese origen de la llegada a Marruecos de los primeros judíos. Para llegar a Ifrane del Anti-Atlas debes hacer una buena ruta de montaña y pueblos un poco aislados en el caso que vengas de Ouarzazate. En mi caso, aproveché para hacer noche en Tafraoute y disfrutar de este pueblo animado que es centro de senderismo. Desde Tafraoute visitamos un par de graneros (ya os haré un nuevo post), pero el objetivo era ir al sur para saber más del origen de los judíos.

Atravesamos las gargantas de Ait Mansour, rodeados de palmeras y siguiendo el cauce del rio. Este espectacular cañón, poco visitado, es una de esas rutas que aconsejo vivamente realizar. Totalmente asfaltado, es una ruta de una hora pasando por pequeños pueblos y siempre con espectaculares paisajes del palmeral y el cañón. Es uno de esos paisajes, que, si no estuviese en Marruecos, tendría miles de visitantes cada año. Pero aquí, hay tanta belleza y tantas opciones que queda muy difuminado en la zona y ciertamente está lejos de las rutas habituales. Pero os aseguro que casi puedes morir de síndrome de Stendhal en cada curva.

Después del cañón, vas buscando carreteras hasta llegar en unas horas a Ifrane del Anti-Atlas. No es un pueblo que invite a una estancia, de hecho, nuestra intención era solo la visita a la sinagoga, el cementerio y los vestigios que quedaran del pueblo original. Después queríamos llegar a Sidi-Ifni (como así hicimos).

No puedo deciros que llegar a la Sinagoga fuese fácil. De hecho, fue muy difícil. Pregunté a medio pueblo para que me indicara. Unos se hacían los tontos, otros me ignoraban y algunos me fueron dando las indicaciones para llegar un poco extrañados que me interesara por “eso”. No sé porque, pero pensé que la comunidad internacional judía tendría ahí un especial cuidado por estos vestigios, pero no era el caso. Finalmente, llegamos a una reja y vimos un cartel de un albergue que se llamaba, El Mellah, así que entendimos que debía ser ahí. Estaba la reja cerrada pero sin llave, así que abrimos la verja y entramos caminando (antes intentamos llamar a ese número del cartel, pero nadie respondió).

Bajamos la cuesta y encontramos un hotel sencillo que parecía cerrado de hace tiempo. No había ningún cartel o indicación. Así que comenzamos a caminar por la zona, entrando en campos de cultivo y un poco desesperados pensamos en abandonar la misión. Hasta que vimos un pequeño edificio pintado de blanco a lo lejos. Nos sorprendió y decidimos acercarnos.

La entrada en forma de laberinto nos hizo pensar que habíamos llegado. La puerta cerrada, sin llave nos invitó a entrar. Estábamos en la sinagoga. Probablemente, en la primera sinagoga de Marruecos. Un espacio que podría tener más de dos mil años y que parecía restaurado y blanqueado. Pero no había un alma. Nadie. La Nada. Nos sentimos un poco intimidados por el sitio, lo que representaba, el silencio, la energía que emanaba de ahí. Creo que las fotos no hacen justicia a la extraña belleza del lugar.  

Salimos de ahí, sintiéndonos un poco intrusos. Por lógica, el barrio que rodeaba la sinagoga era la Mellah. Así que nos movíamos por todas aquellas edificaciones en ruinas imaginando todo lo que ahí había pasado. El pueblo debió crecer alrededor del rio que lo cruza y en medio del palmeral que debió ser espléndido y que seguramente convertía esa zona en un vergel. No queda ningún edificio en pie, solo ruinas.

No tengo idea de lo que pensaba encontrar exactamente, tampoco puedo deciros que fue una decepción. Creo que solo la visita a la sinagoga había merecido la pena.

Después de esa visita y antes de emprender viaje a Sidi-Ifni, decidimos que queríamos visitar el cementerio judío que creíamos albergaba miles de almas. Nos fascinaba la idea de encontrarlo, porque hacía unos días habíamos visitado el extrañamente hermoso cementerio judío de Marrakech. Llegar ahí, fue realmente otra odisea, porque nadie sabia de que le hablábamos. Al final pensamos que era toda una leyenda y que ese cementerio no existía. Pero sí, claro que existía. Aparcamos el coche en la carretera y ascendimos por el cauce seco del río hasta la puerta del cementerio cerrado y perfectamente cuidado y vallado.

¿Sabéis? Una puerta con la estrella de David nos impresionó en aquel lugar un poco recóndito.

Y creo que ahí fuimos conscientes de la importancia del lugar, miles de piedras (sencillas tumbas) indicaban ciertamente, que la comunidad judía de Ifrane del Anti-Atlas había sido muy numerosa. Y las paredes delimitando el cementerio, la puerta cerrada a cal y canto, la limpieza y el acceso final con escaleras y piedras pintadas de blanco nos indicaron que este lugar santo está protegido y cuidado.

Fue un momento ciertamente emocionante, no porque en ese momento pensara que yo era el Dr. Livingstone y había descubierto algo secreto, pero si era consciente que no era un lugar habitual del turismo ni mucho menos. Así que comenzamos a bajar caminando hasta el coche internamente satisfechos de nuestro “descubrimiento”.

Todo había ido demasiado bien para ser Marruecos, así que el país nos reservaba la sorpresa final habitual. Al llegar al coche, se nos acercaron unos cuantos ciudadanos que nos estaban mirando desde hacía rato. No nos sorprendió al principio, porque en un pueblo aislado, éramos una curiosidad y además habíamos preguntado a mucha gente primero por la sinagoga y luego por el cementerio y estábamos dando vueltas por el pueblo con el coche. Es cierto, que estaban particularmente ociosos y nosotros les generábamos curiosidad. Por eso no nos sorprendió que nos miraran atentos desde la carretera mientra íbamos al cementerio y volvíamos. Hasta aquí, lo normal y habitual. Pero de repente, mientras entrábamos en el coche para salir, se nos acercó a la ventanilla uno que me miraba fijamente sin pestañear. Haciéndome preguntas del tipo, de dónde sois, que hacéis, de dónde venís. Yo soy una experta en hacer de frontón ante tal exhibición de interrogatorio. Pero la verdad que un poco me intimidaba, sobre todo porque no podía arrancar el coche y salir, como quería, ya que se había asegurado de colgarse de la ventanilla para evitar mi salida. La «conversación» se me hizo eterna y poco a poco, fue aminorando la intensidad de su actitud. Una actitud que definiría como agresiva. Al final, me explicó que él era una especie de “guarda” de la comunidad judía y que quería saber quienes éramos y si éramos judíos pasáramos por una especie de despacho del pueblo para dejar copia de nuestro pasaporte y entrar en un listado. Le comenté, muy “sinceramente”, que con TOTAL SEGURIDAD lo haría la próxima visita a Ifrane. Que ahora no podía ser porque no teníamos tiempo ya que nos esperaban en un destino que no le comenté con exactitud, a pesar que él insistía en saber a donde íbamos. En fin, nunca sabremos la verdad de aquel hombre y cual era su verdadero cometido, si es que tenía alguno.

En definitiva, queridos lectores, una visita de esas que te llenan el alma y que te sorprenden. El momento que pasé en la sinagoga fue realmente mágico y profundo. Un instante que, si cierro los ojos, lo recuerdo profundamente.

Feliz nuevo año AMAZIGH-YENNAYER 2973

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ⴰⵙⴳⴳⵯⴰⵙ asggas ⴰⵎⴰⵢⵏⵓ amaynu ⴰⵎⴳⴳⴰⵣ amggaz

El dia 13 de enero se celebra el nuevo año amazigh, si bien este pueblo ha empleado desde hace siglos un  calendario solar que marca el ritmo de vida de  unas  sociedades tradicionalmente agrarias,  fue en el siglo pasado cuando la Academia Bereber de París eligió como año de inicio de este calendario el 950 a.C., fecha aproximada en la que ascendió al trono de Egipto Sheshonq I, faraón de ascendencia amazigh que inició  la XXII dinastía.

Aunque las efemérides del Yennayyer varían en cada región, en toda la Tamazgha (la tierra ancestral amazigh) y en su diáspora, la poesía, la música y los bailes tradicionales son parte esencial de estas fiestas en las que en las diferentes comunidades, las familias se reúnen para compartir una comida mediante la que se rinde tributo a los antepasados y a la tierra y se da buena cuenta de frutos secos y de platos tradicionales como el cuscús o el Tajín.

Yennayer es también concebido como una jornada de reivindicación identitaria del pueblo amazigh, que lucha por sus derechos lingüísticos y culturales.

El Khorbat, uno de los pueblos a visitar el 2023 según la Organización Mundial del Turismo

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Hay noticias que te inflaman el alma.

Hay noticias que te dan la razón.

Hay noticias que hacen justicia.

La Organización Mundial del Turismo ha confirmado los 32 mejores pueblos para hacer turismo durante el 2023 y (tremenda noticia), en el puesto 19 se encuentra el Khorbat en Tinejdad.

Este Ksar es uno de esos lugares mágicos que llevo recomendando visitar desde que pisé Marruecos hace ya muchos años.

El Ksar se encuentra a 50 km al este de Tinghir, en el bajo valle del Todra, El Khorbat es un antiguo ksar, un pueblo fortificado de tierra cruda, construido a mediados del siglo XIX y restaurado gracias a la cooperación internacional.

Gracias a esa rehabilitación, la mitad de las casas de El Khorbat están habitadas por familias que han vuelto a vivir en el Ksar. En el Ksar además hay una escuela, un Museo y un taller de artesanía femenina.

La escuela ha comenzado a dar sus frutos después de muchos años y algunos de sus alumnos están en la universidad de Er-Rachida. Una noticia que no es nada habitual por esta zona.

El taller de artesanía de mujeres sirve para dar trabajo a las mujeres del ksar que venden a los turistas las piezas que elaboran. Y el Museo es una de esas joyas que esconde este Ksar. Si tienes suerte y te hace la visita Hassan Ben Amar, con su pasión y conocimientos, te hará entender, amar y admirar la vida de los amazigh, los oasis, las estructura de un Ksar y de una Kasbah y mil cosas más. Merece la pena una inmersión en este espacio culturalmente rico con más de 600 mts de exposición y tres pisos.

Toda esta preciosa historia de defensa del patrimonio histórico y artístico comenzó entre tres socios, Ahmed Ben Amar, Joan Castellana y Roger Mimó, quienes colaboraron con la Asociación El Khorbat para el Patrimonio y el Desarrollo Sostenible que nació para mejorar las condiciones de vida de la población y para el desarrollo sostenible del oasis.

Dentro del Ksar también hay un ecoturismo regentado por Hmad y su familia. Pocas habitaciones perfectamente integradas en el ambiente de un Ksar que te envuelve en una experiencia magnífica porque posee un nivel de confort altísimo, pero si no puedes quedarte a dormir, puedes quedarte a comer y disfrutar de la buena cocina del restaurante en la terraza llena de palmeras. La especialidad es el Tajine de dromedario con dátiles elaborado por las mujeres del pueblo.

Habitación Taghia dentro del ksar El Khorbat, Marruecos.

Con nuestra visita, estamos ayudando al mantenimiento del Ksar. Y aunque solo por ayudar a este maravilloso proyecto ya vale la pena la visita, os aseguro que entrar en el Ksar es como retroceder 500 años. Pasear por sus callejuelas en penumbra te transportan a otro mundo. El Ksar está impecablemente limpio y sus puertas de acceso o su plaza principal son tan hermosas que pueden causarte Síndrome de Stendhal. Hasta ahora pensaba que era pasión de amiga, pero cuando lo dice la Organización Mundial del Turismo entendéis que tengo razón ¿no?

Por si os interesa conocer los otros lugares de la selección.

https://www.20minutos.es/imagenes/viajes/destinos/estos-son-mejores-pueblos-mundo-hacer-turismo-2023-5088470/

Baraka en Tamagroute

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Baraka es la magia de algunos lugares, de algunas personas, de algunos objetos, una magia buena que aprovecha quien la recibe. Percibirla es estar en la Fitra, es haber recuperado esa dimensión en la que se está íntimamente ligado a la vida y sus energías.

Me acerqué al Morabito del fundador de la increíble biblioteca de Tamagroute (en Zagora) para admirar su puerta de madera. Esa puerta me miraba desde sus cientos de años y entonces invoqué para obtener baraka.

Fórmula: con las dos manos sujeté las arandelas de la puerta y golpeé tres veces sobre los pivotes dorados. TRES. Y volví a dejar las arandelas de metal en la misma posición que se aprecia en la foto. Esas eran las instrucciones que me habían dado para mi Baraka.

Parece que ese gesto se debe hacer cada semana para obtener baraka, yo lo hice una vez y espero que me proteja hasta el año próximo, que prometo volver.

El Riad, Le Petit Ciel, en Marrakech

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Recuerdo muchas veces mi vida en el Riad. Hace ya muchos años.

Gestionar un Riad es un trabajo de mucho detalle, de muchas pequeñas cosas. De hecho, quien decide alojarse en un Riad en la Medina y no en un hotel de Gueliz es porque le apetece impregnarse de vida marroquí y por tanto, significa que tiene sensibilidad especial para captar todos aquellos detalles que garantizaran una estancia “distinta”. Por eso, gestionar un Riad requiere un plus de estrés para que todo esté perfecto.

Por eso, entrar en el Riad Le Petit Ciel de mi amiga Raquel y su marido Saïd, es un placer visual. Cinco habitaciones alrededor de un precioso patio. Ha sabido cuidar todo aquello que valoro. Una cama magnífica, una habitación perfectamente climatizada, un baño con presión de agua, toallas preciosas y todo decorado para hacerte soñar. Pero eso no es lo mejor, lo mejor son sus desayunos. ¡Qué maravilla!

El Riad está entre la Place des Épices y la llamada Place del Mercado. Una ubicación perfecta para pasearte por la Medina sin alejarte demasiado de Djemaa El Fna.

Ganas de volver una y mil veces a este rincón de paz y sosiego.

Riad Le Petit Ciel

Marruecos: +212 661230638

España: +34 699214082

¿Zonas peatonales en la Medina?

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Es verdad que Marrakech no es una ciudad precisamente para relajarse. No es una ciudad de tempos tranquilos. Pasear por su Medina es casi como vivir una especie de gincana. Vas haciendo eses para evitar los vendedores que recurren al manido “Más barato que en Mercadona” a la que ven que hablas castellano o intuyen que vienes de España por tu vestimenta (de este tema ya he hablado antes, son unos cracks identificando nacionalidades por la ropa y complementos y look en general que llevamos), evitas las bicicletas, los vendedores ambulantes que te ponen delante de la cara su género, los carros llenos de mercancía al grito de Balak, o las mulas que arrastran material hacia las tiendas. Las callejuelas estrechas tampoco facilitan el tráfico cruzado de marrakchís y turistas que invaden los zocos, pero más o menos podríamos ir tirando si solo fuese “eso”.

El tema delicado, es que las MOTOS en la Medina son de un peligro increíble. No solo que haya cientos de ellas circulando por las callejuelas, es que, además, los jóvenes que las usan van a una velocidad dramática en medio de todo el caos. Se ponen nerviosos y nerviosas si al oír a tu espalda una moto, no te apartas de inmediato. Te tocan el claxon en el mejor de los casos, y en el peor te pasan rozando la pierna, la cadera, el brazo, la cabeza (o las dos cosas a la vez). Ya sabéis, siempre tienen prisa para ir a ninguna parte. Yo suelo ir muy ladeada a la derecha para evitar cualquier conflicto. Pero cuando te ladeas a la derecha, casi caes en un negocio y entonces es el propietario que te comienza a preguntar cosas. Hay poca escapatoria en la Medina.

Entiendo que el uso de las motos es necesario en un ecosistema como la Medina en donde viven muchas personas y es su medio de locomoción, pero en mi opinión, la Wilaya debería cuestionar la viabilidad de prohibir el uso de las motos en las arterias más importantes del zoco para evitar accidentes. O pensar en otras soluciones que pudiesen solventar ese peligro.

Vamos, lo que vulgarmente se llama ZONAS PEATONALES. No es que yo haya inventado nada ¿eh?.

Una mujer empoderada en Sidi Ifni

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Una mañana cualquiera en Sidi Ifni, en la calle principal. Los cafés, como siempre llenos de hombres. Algunos solos, otros en compañía. Degustando un café o un te de desayuno. Dejando pasar las horas. Como siempre, no hay mujeres.

Un momento, ¿quién es ella? Una mujer sola y joven está tomando café en la terraza de un bar conocido de Sidi Ifni. Una mujer sola y revisando su móvil. A su lado, una maxi pantalla de Tv que repite jugadas del Mundial. Una imagen que sería habitual en cualquier otro lugar de Europa pero que en Sidi Ifni no es nada habitual.

Me quedé con ganas de sentarme con ella y charlar. Preguntarle que hace, a qué se dedica, intercambiar opiniones, y saber más de una mujer aparentemente empoderada en un lugar como Sidi Ifni.

Me quedé un rato ahí, por si su marido o hermano hubiese ido al baño, pero NO. Estaba sola y tranquila. Esbocé, casi sin querer, una sonrisa de sororidad en mi rostro.

Una imagen de normalidad necesaria.

Marruecos, no era solo fútbol

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Otro viaje, más aventuras, más energía y mucha más añoranza por vivir lejos de Marruecos.

En este nuevo viaje, me ha sorprendido ver como muchos de mis amigos y amigas que conozco desde hace años, han prosperado mucho y son propietarios de Riads, hoteles, agencias de viajes, restaurantes y que a pesar de los dos duros años de la pandemia parece que todo remonta y que el sector turístico está muy fuerte. Me han dicho que las perspectivas del 2023 son espectaculares y que se van a batir récords de turismo.

Mi viaje a Marruecos ha coincidido con muchos partidos del Mundial y con la increíble selección marroquí llegando a semifinales. Un hito histórico para un equipo africano. En cada victoria, incluso en la de la fase clasificatoria, miles y miles de personas han salido a las calles de pueblos y ciudades a celebrar el triunfo. ¿Pero era solo fútbol? Por supuesto que no era solo fútbol. Era una explosión de orgullo, una celebración conjunta de pertenencia, un grito de un pueblo que no tiene demasiados motivos para la celebración y el júbilo colectivo. El fútbol ha sacado a la calle a MILES y MILES de jóvenes. En esas demostraciones se aprecia la fortaleza del país, la juventud está por todas partes. En una de las miles de conversaciones que he tenido estas dos semanas, una persona sabia me hizo una reflexión. Marruecos es el futuro, Marruecos está llena de juventud. Esa alegría que transmite la juventud, esa despreocupación, esa sensación de que nada malo puede ocurrir que es una de las señas de identidad de la gente joven, la vivimos y respiramos por toda la geografía del país y tal vez, ahí radica su encanto. Las risas, la frescura, los jóvenes y niños por todas partes. Sobre todo, si lo comparamos con la “vieja Europa”.

Este post es un poco como el pote de especias de Raz el Hanout, un poco de todo. ¿Me permitís esta licencia, lectores?