Riads de Marrakech

Posted on Actualizado enn

 

En Marrakech existe  un “art-de-vivre”, una elegancia, un gusto refinado que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo”, afirmaba hace un tiempo el decorador de interiores Jaques Grange. Impresionado de las primeras imágenes de una tendencia que iniciaba a delinearse en las sombras de las murallas de la ciudad roja. Eran los años 60 cuando el joven arquitecto parisino, fue llamado a la corte de Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, para transformar en un sueño de las Mil y una noches, una vieja casa en el corazón de la Medina. Lo que parecía un capricho de un excéntrico estilista de moda, fue revelado como la chispa inaugural que se convirtió en poco tiempo en una llama, con el poder de encender la imaginación y la curiosidad de quienes inician un viaje hacia la antigua ciudad imperial. Es la búsqueda de este mundo evocado por Grange que se materializa detrás de los pesados portales de madera que esconden al mundo, la maravillosa intimidad de los Riads. Las casas tradicionales recogidas alrededor de un patio que regalan la ilusión de vivir como un pachá. Sí que es cierto, que unos años atrás, vivir en una de estas fantásticas casas en los centros históricos de Tánger, Fez o Marrakech era un privilegio reservado solo a una selecta élite cosmopolita de artistas, escritores, rock-stars y estilistas. Hoy quien quiere puede alojarse en un Riad, trasformado en un suntuoso hotel de atmosfera y sentirse parte de un sueño.

Como confirma Charles Boccara, uno de los arquitectos más conocidos de Marrakech: “En Marruecos, en cada vieja casa, por modesta que sea, se vive como en un palacio. Cada uno dispone de un trozo de cielo todo para él, puede escuchar el canto del agua y respirar los perfumes del jazmín y de las flores del naranjo”.

Paredes desnudas y inaccesibles bordean los estrechos callejones que forman el laberinto de la Medina, ni una ventana, ni un balcón asomando a la calle, con respeto a la tradición islámica que impone no mostrar nunca el interior, que por ningún motivo debe “ser expuestos a las ofensas de la calle “. La única apertura es el portalón, que permanece siempre cerrado. Pero basta, abrirlo para acceder al patio en donde escuchas el rumor de una fuente, sombreada por los arboles de naranjo y limoneros. Parece simplemente un jardín, pero este cuadrado verde, sombra y agua …. evoca un oasis, el del reposo y la tranquilidad domestica, en clara contraposición con la locura del exterior.

En el patio, se abren las habitaciones de servicio, la cocina, el comedor…a veces, el Hammam; para ir a de una habitación a la otra se atraviesa el patio, exaltando así su papel de centro de la casa, de encuentro y de convivialidad familiar. En la planta superior se encuentran las habitaciones para dormir, todas alrededor de una balconada en madera de cedro finamente decorada que recuerda los mousharabi, con unos hermosos paneles bien trabajados  desde donde el sultán y los cortesanos observaban, sin ser vistos, la vida en el patio.

Las techumbres, en la mejor tradición mediterránea, son sustituidas por terrazas, formidables puntos de observación de la medina que desde lo alto, aparece como un impenetrable laberintoagujereado” de centenares de patios interiores. Un tejido urbano único, muchas veces salpicado de elementos de la imparable modernidad. Paradoxalmente, en los tiempos del protectorado francés fue el propio modernizador de Francia, Louis Hubret Lyautey quien marginó ( y tal vez abandonó a su propio destino ), los centros históricos, con un decreto que imponía la construcción en zonas separadas de nuevos barrios de estampa occidental para la burguesía y los comercios. La Medina, siempre más abandonada, se convirtió así en el ghetto de la gente pobre.

 

Esto ha sido así, hasta el reciente Renacimiento, debido en gran parte a la ola de inmigración de lujo proveniente de Europa y de Norteamérica. Venciendo a los viejos residentes y empujándolos hacia las cómodas y nuevas urbanizaciones periféricas, los Riads se transformaban en confortables estancias, Maison d’Hôte y restaurantes. Solo en Marrakech se calcula que en los últimos años la metamorfosis ha afectado a más de 800 edificios. Muchas de estas restructuraciones llevan la firma y el toque minimalista de Quentin Wilbaux, arquitecto belga propietario de una agencia: “ La vieja ciudad está viviendo una segunda juventud. Quien invierte en un Riad no compra solo una casa de vacaciones, también participa al mismo tiempo de un proyecto de recuperación arquitectónico de este centro histórico tutelado por la UNESCO “. Pero es más que eso. La reestructuración hecha con respeto a la tradición, contribuye también  a dar un nuevo impulso a los antiguos artesanos y a salvar un patrimonio que corría el riesgo de perderse,  si no hubiese sido transmitido a las nuevas generaciones de maalem (maestros).

El mérito del descubrimiento y de la consecuente revaloración de muchas de estas técnicas milenarias se debe a Bill Willis, el más famoso  interiorista decorador de Marrakech, donde llegó procedente de Memphis en los años ’60. Desde Tennessee, siguiendo al millonario Paul Getty. Comprendió como nadie, el estilo marroquí etnochic, refinado y exótico, que es el resultado de una amalgama de influencias árabes, amazigh, andaluzas y detalles art déco, herencia francesa. Todo esto, aplicado el filtro de un gusto occidental contemporáneo. Además de villas y Riads privadas de ricos y famosos que Willis ha decorado como sets hollywoodianos, la apoteosis de este estilo, seria el restaurante Yacout que fue construido en la antigua Residencia del Gobernador. El mix de tendencias y influencias es el secreto del nuevo estilo marroquí que se basa en el privilegio de poder absorber a manos llenas, el rico artesanado de los zocos. Imposible imaginar la Medina de Marrakech sin la efervescente actividad de los ebanistas, tejedores, curtidores, tintoreros, que se empeñan en crear objetos de arte y elementos decorativos que reflejan una tradición secular aunque adaptándose a los criterios estéticos en continua evolución

Como confirma también Renè Gast, uno de los organizadores del Riad Art Expo, el primer salón del país dedicado al art-de-vivre; “De Paris a New York, el estilo marroquí es admirado y imitado, hasta el punto de ser considerado un modelo más que una moda pasajera. De la cocina a la tradición, lo que define el  art-de-vivre marroquí, se está abriendo camino por todas partes, mientras el artesanado continúa sin perder su propia identidad. Es la prueba, en el caso que fuese necesario, que esta cultura está entre las más vivas del mundo”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s