Día: 3 mayo, 2010

Nadie quiere irse de Marrakech !

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Ni siquiera los pájaros hacen migración…nadie quiere irse de esta ciudad…ni por unos meses !!!!

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“El Pan desnudo”, brutal y directo al corazón

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“Lloraba la muerte de mi tío junto con algunos chicos. Ya no lloraba sólo cuando me pegaban, o cuando perdía algo. Ya había visto llorar también a otros. Era la época del hambre en el Rif, la sequía y la guerra.

Una tarde, no podía detener mis lágrimas de tanta hambre que tenía. Chupaba y rechupaba mis dedos. Vomitaba sólo saliva. Mi madre me decía, para calmarme:

– Cállate, vamos a irnos a Tanger. Allí hay pan en abundancia. No llorarás más por el pan cuando estemos allí. En Tánger la gente come hasta saciarse ¿Ves a tu hermano? Él no llora.

Dejaba de llorar cuando veía su cara pálida y sus ojos hundidos. Pero la paciencia que me infundía el mirarle no duraba mucho… Vimos cadáveres de animales mientras nos íbamos a pie de camino al exilio. Los rondaban perros y pájaros negros. Hedían, tripas abiertas, podredumbre.

Por la noche se oía el aullido de los lobos cerca de la tienda que montábamos allí donde el cansancio y el hambre podían más que nosotros. Incluso algunos enterraban a los suyos donde caían muertos, víctimas del hambre. (…).

En Tánger no vi las montañas de pan que me había prometido mi madre. También había hambre en este paraíso, pero era menos mortal que en el Rif”.

Sinopsis:

El hambre como paisaje moral. Un extraordinario relato de corte autobiográfico que da cuenta y recuenta la historia de una supervivencia. Tánger, Orán, Larache, una geografía de miseria en donde crecer es descubrir el dolor, la injusticia y la compasión. La iniciación a la vida de alguien que no tiene nada y desea todo. El descubrimiento de un mundo adulto lleno de trampas y engaños. Y en medio de ese mundo adulto una vida que busca encontrar un lugar propio donde habitar con dignidad y sentido. La extraordinaria aventura de construirse una identidad en medio del anonimato de la miseria. Una escritura directa, firme, sabia. Una novela que consagró a su autor como una de las voces imprescindibles de la literatura magrebí contemporánea.

Mohamed Choukry. El Pan desnudo-1973

Quién nos ha robado la primavera ?

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Se acaba el día…y a veces haces mentalmente un pequeño repaso de lo que ha pasado…hoy ha sido un día extraño…el cambio de temperatura ha ayudado…cuando llueve, hace frio y sobre todo…no hay sol…todo parece más oscuro…más tenebroso. El sol, la primavera, el calor en la piel…te abre el alma, el buen humor y hasta el corazón.

Como influye el clima en el estado de ánimo de todos nosotros !!! que vuelva la primavera que nos han robado !!!

Hammam, el placer de los sentidos

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En plena Edad Media , cuando la España cristiana atravesaba un periodo de oscurantismo en el que ni siquiera se planteaba ningún tipo de higiene y mucho menos la personal, la Córdoba musulmana contaba con más de seiscientos baños árabes públicos.

Herederos de las termas romanas, algunos eran muy humildes y económicos; otros, todo un lujo para sibaritas. Sus muros estaban alicatados y sus estancias separadas por arcos y columnas; los techos, abovedados y con claraboyas. No solo servían como lugar de descanso, sino también de reunión social y política.

Algunos tratados de la época muestran el refinamiento de nuestros antepasados andalusíes, describiendo con todo tipo y detalles sus costumbres higiénicas y la moda de sus gustos personales, como eran el uso de pasta dentífrica, cremas depilatorias, aceites y espumas aromáticas con esencia de almizcle, jazmín o violeta.

Quizá sin tanta sofisticación, e independientemente de que las viviendas dispongan o no de confortables bañeras, los marroquíes acuden todavía con gusto y de manera periódica al hammam. El origen de esta antigua costumbre popular seguramente proviene de las recomendaciones que en cuanto a la higiene y a las preceptivas abluciones, el Islam supo siempre inculcar, ya que, según reza un hadith del Profeta: “la higiene es una manifestación de la fe”.

Así, limpiar y cuidar el cuerpo, además de ser una practica placentera, también es un acto de fe, en el que el agua se convierte en la manifestación generosa de lo creado y elemento purificador del cuerpo y del alma.

Para el mundo islámico el agua es un don divino, pero también significa la sabiduría profunda y la pureza, la bebida por excelencia que apaga la sed del alma.

Por todo ello el hammam se convierte en pasaje obligatorio para los grandes eventos de la vida: el nacimiento, la circuncisión y el matrimonio.

Los marroquíes están convencidos de que a los genios (yenun) les gusta habitar donde hay abundante agua, y por tanto, que en los hammam hay genios que se apoderan de quienes vienen a molestarles de modo insolente. Por ello, cuando una recién casada, una parturienta o un recién nacido acuden a estos baños públicos para cumplir con el ritual, se encienden velas y se gritan “yu-yus”, invocando el beneplácito de los yen.

En Marruecos cada barrio tiene su hammam, que generalmente comparte fuego y caldera con un horno anexo de pan. Hay días y horas reservados de manera alterna solo para mujeres, o solo para hombres. Actualmente existen también Hammams “turísticos” especialmente indicados para experiencias a la europea.

En algunas regiones o entre las familias mas tradicionales, el hammam, es especialmente para las mujeres, una de sus distracciones favoritas y todo un ritual generador de belleza y sensualidad, que tiene sus propias normas.

Generalmente acuden en grupo, cargadas hasta los topes de utensilios personales, con sus hijos pequeños y acompañadas de alguna pariente o amiga. También los hombres se hacen acompañar, aunque, sin duda, más ligeros de equipaje.
En este sentido, el hammam resulta el espacio adecuado para introducir a los niños en la educación sexual, familiarizándose desde muy pequeños con el cuerpo humano, sin los tabúes que en general se observan en otras religiones.

Al tiempo, es el lugar donde mejor se desvanece cualquier desigualdad de índole social.
El hammam es un lugar en el que los hombres, reunidos, se parecen todos, ya sean criados, ya sean señores. El hombre se codea con gentes que no son sus amigos, y su enemigo puede ser su compañero.

En las viejas medinas todavía se mantiene en funcionamiento alguno de estos baños de arquitectura tradicional, revestido por completo del zellig (azulejos), con una fuente central de la que mana agua.

Están formados por tres salas correlativas, que van sumergiendo al bañista de manera paulatina en diferentes temperaturas ambientales, cada vez más elevadas. En la última de las estancias, una pequeña alberca recibe un chorro de agua en ebullición junto a otro de agua fría, que hacen rebosar el nivel de las misma.

El truco, si es que lo hay, consiste en verter un cubo de agua caliente sobre las diferentes partes del cuerpo hasta que se dilatan los porros de la piel y, antes de aplicar cualquier tipo de gel o jabón, restregarse bien con una esponja rasposa o una piedra pómez para eliminar las toxinas muertas. Los goterones de sudor resbalaban abundantes y a veces se hace necesario un poco de agua fría.

Unos a otros , los usuarios del hammam se masajean y frotan la espalada hasta casi irritar la epidermis, compitiendo en brío. Y es que a los marroquíes les va la honra en ello. Todo siempre en un ambiente de recatado pudor, que en principio no permite exhibirse más allá de la discreción.

Existe además un personal que asiste a los bañistas, si estos lo desean, frotándoles o masajeándoles. Las tayabastes a las mujeres; los kiyassas a los hombres.