Sexo sin pecado en Bahréin, para cuándo Marrakech ?

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Darjadiya (la casa de Jadiya) tiene la apariencia de una tienda de moda, pero es también el primer sex shop de la historia del pequeño reino de Bahréin y está dirigido por una mujer. Enfundada en la abaya –una larga túnica negra– y el velo reglamentarios, Jadiya Ahmed se explica: «Esto no es un sex shop a la occidental, sino un lugar para ayudar a las parejas casadas, y solo a las parejas casadas, a acceder a la plenitud del sexo».

«¿Por qué los hombres o las mujeres casados van a buscar fuera?», se pregunta Jadiya. «Porque la rutina se instala en las parejas», se responde. «Es más una voluntad de dar un servicio a las parejas casadas, haciendo que su vida sexual sea más excitante, que el afán de ganancias lo que ha guiado mi elección», añade. 

Vibradores y lencería

Jadiya Ahmed lanzó en el 2007 un sitio en internet y la venta por correspondencia. Cuando «el negocio empezó a ir bien», abrió su local, único en Bahréin y probablemente en todos los países árabes conservadores del Golfo.

«Nada en el islam prohíbe el goce sexual. Pregúnteselo a cualquier autoridad religiosa y verá cómo no le dice lo contrario», proclama para rechazar por adelantado toda objeción. Mientras habla, un hombre en la cincuentena se presenta, acompañado de un joven, para pedir una crema de masaje que le ayudaría, dice, a «mejorar sus prestaciones». El cliente explica que conoció la existencia de la tienda viendo a Jadiya en un programa de televisión. Ella le atiende sin prisas, y comparan largamente marcas y precios.

No hay ni látigos ni ropa interior de cuero, pero sí una colección soft de cremas de masaje, vibradores, lencería fina y lámparas rojas. Jadiya se aprovisiona esencialmente en el mercado estadounidense y parte de los artículos pueden hallarse con facilidad en las tiendas de moda del archipiélago bahreiní, como la ropa ligera y la decoración erótica.

Pero esta pionera confiesa que su negocio no es precisamente tranquilo. Explica que a veces debe afrontar la incomprensión de los aduaneros o el celo de los controladores de los servicios de comercio, que en ocasiones rechazan la mercancía o retrasan su entrega. Sin embargo, su tienda ha recibido todas las autorizaciones necesarias.

Mayoría de clientas

 Y como Darjadiya no cesa de atraer a los clientes, gracias sobre todo al éxito de su página web y de la reciente aparición televisiva de su propietaria, esta debe emplearse a fondo en ahuyentar a los curiosos y a los adolescentes, a los que se niega a atender. «Solo trato con adultos, que son personas responsables. Tengo clientes de los dos sexos, con una proporción un poco mayor de mujeres», explica. Cuando un grupo de jóvenes empieza a revolver las estanterías, Jadiya les pide amablemente pero con firmeza que se marchen.

«La respuesta de la clientela es buena», se felicita. Y añade: «Un cliente me confió que salvé su matrimonio cuando estaba a punto de divorciarse. Me hizo ilusión, porque me dije que quizá había ayudado a una pareja a seguir junta y a una familia a no romperse».

 «Una familia equilibrada es el objetivo de todos, y tengo el sentimiento de que ayudo a mi manera. En cuanto a las perversiones, no son asunto mío», concluye la dueña de Darjadiya.

 

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