Día: 18 junio, 2010

Contadores de cuentos

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En Marrakech todavía quedan contadores de cuentos, hombre que relatan esas viejas historias que van pasando de generación en generación. Pero ahora que la tecnología moderna ofrece nuevas formas de diversión, los jóvenes han comenzado a ignorar a estos “libros vivientes” y por primera vez en mil años, esta tradición está en peligro de desaparecer.

Según cuenta la leyenda, el almuecín -el encargado de llamar a los feligreses a la hora del rezo- apostado en el minarete de la principal mezquita de Marrakech, tenía que ser ciego.  Porque si no lo era, podía observar desde su altura el palacio del Sultán y, por ende, a las mujeres de su harén.

Pero también podría ver a los hombres que comen fuego, a los adivinos, los acróbatas y a los encantadores de serpientes reunidos en la plaza principal de la ciudad, ya que toda la vida se concentra allí.

Y además está el sonido: la plaza es una cacofonía de tambores, flautas y canciones interpretadas por músicos de África.

Pero si logras encontrar una esquina tranquila, puede ser que descubras uno de los tesoros escondidos que alberga la ciudad.  Tal vez no sean los artistas que más se hacen notar y ciertamente no son los más vociferantes, pero si puedes encontrar a un contador de historias (o halaka), prepárate para pasar un momento maravilloso.  Los contadores de historias son tan antiguos como las mismas colinas de Marrakech o como las montañas Atlas.

Moulay Mohammed, un hombre de barba al que le faltaban algunos dientes se sienta en la plaza y está rodeado por un círculo de curiosos. Tiene 71 años y cuenta historias desde hace 45. Cuando era pequeño, él solía venir aquí a escuchar a los ancianos contar sus historias y quedó tan impresionado con sus relatos, que luego se transformó en uno de ellos. Mohammed dice que se sabe casi todo el Viejo Testamento y “Las mil y una noches”, de principio a fin.

No es sólo lo que se dice sino cómo se dice“, aclara Mohammed. Incluso, si uno no entiende una palabra de lo que está diciendo, es imposible no quedarse fascinado al escucharlo hablar.  Uno puede sentir el drama de la historia y su suspenso. Sus palabras son valiosas y quedan como suspendidas en el aire.

Hoy en día, más del 40% de los marroquíes no sabe leer ni escribir. De ahí la importancia vital de la tradición oral.

Claro que el arte de contar historias es una forma de entretenimiento, pero es mucho más que eso. Al igual que las parábolas del Nuevo Testamento, las historias son formas de transmitir ideas, valores y filosofías.

Pero todo esto corre el riesgo de desaparecer. Antes existían al menos unos 20 halakis en Marrakech, ahora apenas queda una media docena y todos ellos son hombres mayores.

Después de más de un milenio, este arte está a punto de convertirse en algo del pasado. Los marroquíes jóvenes prefieren mirar telenovelas a escuchar estos relatos y están menos interesados aún en aprender el oficio.

Mohammed no está preocupado de que esta forma de tradición oral pueda desaparecer:
Ah, sólo Dios puede saberlo. Hoy existen los hombres que cuentan historias. Eso es lo único que sé“.

Para tratar de salvar esta tradición milenaria, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha empezado a grabar algunas de las historias y a colocarlas en internet.

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La Mezquita Kutubia

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En la ciudad de Marrakech uno de los monumentos más importantes, uno de sus símbolos, es la Mezquita Kutubia o Koutoubia, un edificio de piedra clara construido al suroeste de la plaza Jamaa el Fna que es visible desde varios puntos debido a su alminar de 69 metros de alto.

La mezquita fue construida durante el siglo XII bajo el reinado del sultán Abd Al-Mumin de dinastía almohade y pronto a su alrededor se instalaron muchos puestos de libreros, puestos de mercaderes de manuscritos, y así la mezquita tomó el nombre de Kutubia que en árabe significa la de los libreros (kutub significa libro). Había sido construida dentro de un plan de recuperación tras los destrozos dejados por Ibn Tumert cuya furia se había volcado sobre los edificios almorávides.

Sin embargo, la mezquita que vemos no es la de aquel entonces sino un edificio construido una década más tarde en el mismo lugar y que se terminó en 1158. Ésta tiene 17 naves que forman la sala de oraciones sobre una planta rectangular de 60 metros de largo por 90 de ancho, y el patio central a su vez tiene dos pórticos con cuatro naves más a cada uno de los lados.

La verdad es que es un edificio de líneas sencillas y puras, ni siquiera es de color estridente. Está construido con tapial, piedra y ladrillo cocido (en la parte superior). La planta tiene forma de T y entre los elementos decorativos podemos contar distintos tipos de arcos, con más o menos decoraciones, labrados y pinturas.

Por su parte el alminar si bien comenzó a construirse bajo el reinado de Abd Al-Mumin terminó posteriormente y aún al día de hoy es la construcción más alta de la ciudad. No porque nadie quiera superarlo, pero el caso es que se ha prohibido hacer edificios que lo superen. Tiene seis pisos comunicados con rampas, en la parte superior hay una balaustrada almenada coronada a su vez con tres bolas de bronce. Con el tiempo la torre ha perdido sus decoraciones originales, en gran parte, pero todavía pueden apreciarse algunos azulejos verdes arriba de todo. Está situada a solo 5 minutos de la plaza de Jamaa el Fna.

Las cinco oraciones diarias

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En el Islam existen cinco oraciones (Salât) diarias obligatorias, estas oraciones están compuestas por ciclos (raka’at). Cada oración tiene un número determinado de ciclos, el cual varía en dependencia del tiempo establecido para cada oración. Así, existen oraciones de dos, tres y cuatro ciclos.

Las cinco oraciones son:

1. Salátul Fayr: la oración de la madrugada, consiste en dos ciclos, las suras del Corán se recita en voz alta. El tiempo estipulado por Aláh para realizar esta oración comienza poco antes del amanecer y finaliza con la salida del sol.

2. Salátul Dhuhur: la oración después del medio día, consiste en cuatro ciclos. Durante los dos primeros, se recita en voz baja las suras del Corán, luego se realizan los pasos 18 y 19, y se vuelve a la posición de pie para iniciar los dos últimos ciclos. En estos ciclos solamente se recita Al Fatiha en voz baja también, y se los realiza completos. El tiempo estipulado por Aláh para realizar esta oración comienza poco después del medio día, y dura hasta la entrada del tiempo de la oración del ‘Asr.

3. Salátul ‘Asr: la oración de la tarde está compuesta de cuatro ciclos, y se realiza de la misma manera que la oración antes mencionada. El tiempo estipulado por Aláh para esta oración comienza con la llegada de la media tarde y finaliza con el comienzo del ocaso del sol.

4. Salátul Magrib: la oración del ocaso se compone de tres ciclos. Durante los dos primeros se recita en voz alta las suras del Corán, luego se realizan los pasos 18 y 19, y se vuelve a la posición de pie para iniciar el último ciclo. En el tercer ciclo sólo se recita Al Fatiha en voz baja y se continúa hasta finalizar el ciclo incluyendo los pasos 20, 21 y 22. El tiempo estipulado para realizar esta oración comienza cuando el sol desaparece bajo la línea del horizonte, y se extiende hasta que el último destello rojo desaparece del cielo.

5. Salátul Ishá: la oración de la noche está compuesta de cuatro ciclos, y se realiza como la oración del medio día o de la tarde, con la excepción que en los dos primeros ciclos se debe recitar en voz alta las suras del Corán, y en los otros dos se recita en voz baja. El tiempo de la oración del Ishá dura hasta la media noche.

Llamada a la oración

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Quien haya visitado un país musulmán, habrá escuchado el Adhân ( la llamada a la oración ) cinco veces al día desde los minaretes de las mezquitas.

El Adhân es el anuncio de que el tiempo de un Salât (oración) en particular ha comenzado. Este aviso se hace con palabras específicas, y con el propósito de llamar a las personas a orar en congregación. Es un rasgo distintivo de la sociedad islámica y su práctica religiosa.

 

Las palabras del Adhân son:

Allahu Akbar, Allahu Akbar ; Allahu Akbar, Allahu Akbar ,

“Allah Es El más Grande” (se repite 4 veces)  

Ash-hadu an la ilaha illa-Allah, Ash-hadu an la ilaha illa-Allah

“Doy fe que nadie tiene el derecho de ser adorado salvo Allah” (dos veces)

Ash-hadu an-na Muhammadan Rasul-ullah, Ash-hadu an-na Muhammadan Rasul-ullah

“Doy fe que Mahoma es el Mensajero de Allah” (dos veces)

Haiya ‘ala as-Salâh, Haiya ‘ala as-Salâh

“Venid de prisa hacia el Salât” (dos veces)

Haiya ‘alal-Falâh, Haiya ‘alal-Falâh

“Venid de prisa hacia el éxito, la felicidad” (dos veces)

Allahu Akbar, Allahu Akbar,

“Allah Es El más Grande” (dos veces)

La ilaha illa-Allah

“Nadie tiene el derecho de ser adorado salvo Allah” (una vez)

Nota: En la llamada para la oración del Fayr (del alba) se agrega luego de Haiya ‘alal-Falâh:

As-Salatu Jairum minan naum , As-Salatu Jairum minan naum

“El Salât es mejor que dormir” (dos veces)

Adiós a Jose Saramago

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Pensar, Pensar

Junho 18, 2010 por Fundação José Saramago

Acho que na sociedade actual nos falta filosofia. Filosofia como espaço, lugar, método de refexão, que pode não ter um objectivo determinado, como a ciência, que avança para satisfazer objectivos. Falta-nos reflexão, pensar, precisamos do trabalho de pensar, e parece-me que, sem ideias, nao vamos a parte nenhuma.

“Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte”.

Post escrito horas antes de su fallecimiento en su Blog, 

http://caderno.josesaramago.org

Jose Saramago, escritor. (1922-2010). Premio Nobel de Literatura 1998