Los siete Santos de Marrakech

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Los siete Santos fueron siete hombres que vivieron en épocas distintas y cuyas vidas fueron diferentes. Su único punto en común es haber sido enterrados en Marrakech (aparte de haber sido Santos , claro ) y fue el Rey Mulay Ismail ( 1672-1727) quien los unificó, movido por el arrepentimiento tras haber devastado prácticamente la ciudad en su delirio por convertir a Meknes, su propia capital, en una ciudad- palacio al estilo de Versalles.

Este Rey, construyó grandes palacios en Meknes con los materiales procedentes, en gran parte, del expolio del Palacio Badi (llamado por los cronistas de la época “El Incomparable“, uno de los 99 nombres de Allah, lo que da idea de lo impresionante de su belleza ) y cuya demolición ordenada por Mulay Ismael se prolongó durante más de diez años

Por ello es muy probable que Mulay Ismail quisiese conseguir el perdón instaurando la peregrinación a las tumbas de los siete santos de Marrakech, cada una de las cuales se visita un día diferente de la semana.

Mi Riad se encuentra cerca de dos Mausoleos, de dos de los Santos más significativos. Recomiendo la visita a las siete tumbas, porque se puede descubrir unos lugares especiales…fuera del circuito turistico masivo.

1 – Sidi bel Abbés

Sidi Bel Abbés Sebti, nacido en Ceuta en 1130. Llegó a las afueras de Marrakech y se instala a la edad de 20 años sobre la colina de Guéliz cerca de una fuente de agua próxima a una gruta; ahí estuvo durante 40 años, sin nunca penetrar en la ciudad. Fue invitado a residir en la ciudad por el Rey Yacoub el Mansour para enseñar el Corán, también fue profesor de cálculo y de gramática. Está enterrado cerca de Bab Taghzout, en el interior de la medina y su tumba se visita los jueves. Es el más venerado de todos los Santos de la ciudad, considerado como el patrón de Marrakech. Discípulo de Cadi Ayyad, dedica su vida a ocuparse y defender los débiles y los ciegos. El Califa Abdelmumin fue a visitarle y le escucho decir: “todo lo que quiere que se haga para ti, hazlo para tus súbditos”. Sidi Bel Abbas muere en 1205, pero es en 1605 que el sultán saadien Abou Faris le construye un mausoleo, con la esperanza de curar su epilepsia.

Desde entonces no dejó de ser el objeto de atenciones de todos los soberanos, hasta el rey Hassan II que hizo renovar el santuario en 1998. Sidi Bel Abbas estuvo vinculado en una gran amistad con Averroes. Se entierra en el cementerio de Sidi Marouk, cerca de Bab Taghzout. Su Zaouïa forma parte del peregrinaje del Regraga (Tribu), instituido por Moulay Ismaïl. Este Sanctasanctórum es el invocado en los actos esenciales de la vida. Los negociantes de buñuelos le dedican el primer fruto de su trabajo, Al Abbassia, los campesinos, su primera gavilla de trigo. Su evocación precede el ritual del halqa. Se menciona por todos los narradores del lugar Jemaâ El- Fna: “En nombre santo del dueño de Marrakech… etc.”.

2 – Sidi Youssef Ben Ali

Abou Yaakoub Youssef ben Ali, este hombre nacido en Marrakech y de origen yemení, fue un brillante alumno del Cheij Abou Asfour. Fue ejemplo de paciencia y resignación pues padeció la lepra y a causa de esta enfermedad vivió gran parte de su vida refugiado en una cavidad subterránea dedicado a la lectura del Corán y a la oración; falleció en 1196 y su mausoleo está situado fuera de la muralla frente a Bab Aghmat; se venera los martes. Fue el santuario central de la médina durante más de 4 siglos, hasta la creación de la mezquita Mawâssîne. Se restauró y modificó en el XVI y más tarde a principios del Siglo XI.

3 – Qaadi Ayyad

Cadi Ayad, nació en el año 1083 en Yemen, dedicó su juventud al estudio y fue un teólogo muy renombrado. Por mandato de los sultanes de la época desempeñó importantes misiones diplomáticas en Granada. A la llegada de los Almorávides, se exilian en Tadla, luego en Marrakech donde vivirá hasta su muerte en 1149. Su amor por el Profeta expresado en su obra Asl-Shifaa y su rigor ortodoxo le valen su título de santo. Su mausoleo, situado en el interior de la medina, al lado de Bab Aylen, se venera el miércoles.

4 – Sidi Mohammed ben Slimane ben said A- Jazouli

El viernes, los fieles acuden al Mausoleo de Sidi Ben Sliman El Jazouli, nacido a finales del siglo XIV en la región de Souss. Asistió a la medersa de Essaffarine de Fez donde destacó en los hadices. Es el fundador del sufismo marroquí con vistas a una movilización contra la invasión ibérica.

 Es uno de los grandes representantes del Sufismo. Tuvo un gran número de discípulos en Safi donde convivió con la tribu Chiadma. Luchó en la guerra contra los portugueses. Aprendió los hadices (Dichos del profeta). Hombre político influyente, atrae millares de fieles. Muere en 1465 en Afoughal. Su cadáver fue trasladado a Marrakech en 1554. Es el autor de la famosa recopilación de oraciones Dala” il al-Khayrat (los caminos de los beneficios). Este libro histórico es la referencia innegable de todos los invocaciones de alabanzas sobre el Profeta (saws), de las hermandades sufíes de todo el mundo, en particular la Tariqa Qadiria Boutchichia. Su mausoleo se restauró varias veces en la época de Moulay Ismail y Sidi Mohammed ben Abdellah. La zaouïa Jazoulia se encuentra al norte de la medina, cerca de la calle Dar-el-Glaoui.

5 – Sidi ben Abdallah EL Ghazouani

Llamado Moul EL Ksour, es originario de la tribu Gazouane. Consolidó el renacimiento sufí iniciado por Sidi Ben Slimane Al Jazouli. Después de haber proseguido sus estudios en Fes, luego en Granada, se instala en Marrakech para completar su formación. Su reputación no tarda en hacerle sombra al sultán Sidi Mohamed Cheikh, que le encarceló en Marrakech. El sultán Watasi lo libera más tarde y le construye una Zaouïa en Fes con el fin de alejarlo y aislarlo. Pero muy rápidamente, el santo hombre vuelve de nuevo a Marrakech. Construye una Zaouïa en el barrio de El Ksour. Muere en 1528 y está enterrado cerca de la Mezquita Mouassine. Tuvo desacuerdos con el sultán meriní por haber predicho el final de la dinastía.

 6 – Abderrahmane Souhaili

Sidi Souhaili también llamado Sidi Essoheyli, nació en Málaga y fue conocido por su apertura de espíritu en un momento de fuerte censura religiosa. Fue llamado por Yacoub Al Mansour. Fue un experto en derecho y sus enseñanzas en Málaga fueron seguidas por gran número de alumnos. Falleció en Marrakech en el año 1185. Se le venera los lunes.

Su tumba está situada en la parte externa de la muralla muy cerca de Bab Agnou.
Tiene dos importantes obras : Una sobre los nombres propios de los profetas citados en el Corán, otro sobre la biografía del Profeta Muhammad. Este santo hombre tuvo una vida simple.

7 – Sidi Abdelaziz Tebaa Sidi Abdelaziz Tebaa

Abdelaziz Ben Abdellah el Tebaa nació en Marrakech y en su juventud vivió en Fes alojado en la madrasa El Attarin , Youssef. Fue negociante de seda y se interesó tarde por la vida espiritual. Principal discípulo de Sidi Ben Slimane y heredero de Sidi Ben Soulayman Al Jazouli, propagó la ética del sufismo en los artesanos. En Marrakech, se instaló en la Mezquita Ben Youssef y murió allí en 1508. Su tumba, que se venera el sábado, está muy cerca de la Madrasa de Ben Youssef.

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5 comentarios sobre “Los siete Santos de Marrakech

    Jose escribió:
    12 septiembre, 2010 en 19:11

    Me ha parecido muy interesante el post sobre los 7 Santos de Marrakech. He visitado varias veces Marrakech y siempre busque informacion sobre las visitas o sobre su historia en las Oficinas de Turismo…nada de nada. Entonces me dedique a visitar por fuera los Mausoleos (algunos) por mi cuenta…la verdad es que el de Sidi Bel Abes es espectacular…recomiendo estas visitas a todos los que vayais a Marrakech porque ademas te hace concoer una ciudad fuera de los circuitos turisticos. Sigue asi Anabel, tu Blog es muy interesante.

    Anabel escribió:
    13 septiembre, 2010 en 7:44

    Hola Jose…efectivamente la “peregrinación” de los Mausoleos es una manera muy especial de conocer la Marrakech más auténtica. Os invito a que lo hagais…ya me explicareis.

    kala escribió:
    19 septiembre, 2010 en 13:11

    a las 19 horas me voy a marrakech. hoy te he descubierto por aqui. me gustaria saber de ti o montse voy a conocer los sitios que recomiendas a pesar que me gusta lo exquisito me va lo bajos fondos…. abrazos desde sitges donde estoy viviendo.

    Antonio escribió:
    23 enero, 2012 en 18:08

    Estuve la semana pasada en Marrakech (4ª estancia) y descubrí esta maravilla de monumento. Pero todo parece decadencia en Marruecos, como si su pasado histórico no tuviera la menor importancia. Voy a ser muy claro, con perdón de las personas que puedan leerlo, este monumento se ha convertido en un gigantesto meadero, cagadero y basurero.Que pena y que impotencia, que pestilencia. A pesar de todo bien merece la pena visitarlo. Por cierto, cogí un taxi y el taxista no sabia donde estaba esta maravilla. Tuve que explicale con un mapa donde está situado. Creo que esto lo dice todo.
    Saludos cordiales.

    sergio escribió:
    6 mayo, 2017 en 0:18

    Respecto al cadi Ayad he de señalarte algunos aspectos erróneos posiblemente derivados de su geneologia. En primer lugar, Su nombre completo es Abul-Fadl ‘Iyad Ibn Musa Ibn ‘Iyad Ibn ‘Imrán Al-Yahsabí, Al- Andalusí, As-Sabtí (el ceutí), Al-Malikí.Sus antepasados, de origen árabe genuino, se habían asentado en la zona de Baza y de ahí se trasladaron Al Magrib, estableciéndose en primera instancia en Fez y luego en Ceuta, donde nació en el año 476 de la hégira (1083 d. C.).

    Su padre, Abu ‘Abdillah Muhámmad, dijo acerca de él: “Creció honesto y protegido, aceptando de buen grado las penurias, de palabras y hechos loables, distinguiéndose por la nobleza, el entendimiento y la perspicacia, buscador del saber, empeñado en él y esforzado, respetado y enaltecido entre los maestros de su tiempo, a los que frecuentaba con asiduidad”.

    Y dijo Jalaf Ibn Bashkúwal (el hijo de Pascual): “Era de la gente de conocimiento que destaca en varios saberes con inteligencia y comprensión”.

    Vivió en la época de los almorávides y en la de los almohades y viajó entre Al-Ándalus y Al-Maghrib como era costumbre en aquel tiempo, especialmente entre la gente de saber, cuando ambos territorios se consideraban dos orillas de una misma realidad.

    En el año quinientos quince de la hégira (1121 d. C.) fue designado cadí de Ceuta, donde permaneció un largo tiempo, siendo recordado por el excelente desempeño de su cargo.

    En el año quinientos treinta y uno (1136 d. C.) fue designado cadí de Granada, donde sólo permaneció un breve tiempo. Y a finales del año quinientos treinta y nueve (1144 d. C.), el emir Ibrahim Ibn Táshufín lo designó nuevamente cadí de Ceuta.

    Más tarde, al principio de la conquista almohade, fue desterrado a Marrakech, donde murió asesinado de una lanzada por haberse negado a reconocer a Ibn Túmart como el mahdi esperado por los musulmanes y haber negado su infalibilidad. Allí fue enterrado en la puerta de Aylán en el año 544 (1149 d. C.).

    Ibn Jalakán dijo de él: “Era el imam de su tiempo”. E Ibn Farhún escribió: “Era el imam de su tiempo en el hadiz y sus ciencias, conocedor del tafsir y todas las demás ciencias, alfaquí de los que conocen la raíces, erudito de la gramática, el fiqh, la lengua, las expresiones de los árabes, sus hazañas y sus linajes, protector de la escuela de Málik, poeta espléndido, transmisor del conocimiento de la literatura, orador elocuente, de carácter paciente, indulgente, de buen trato, generoso, benévolo, pródigo en dar sádaqa, perseverante en el trabajo y firme en la verdad”.

    La importancia de su obra Ash-Shifá, una de las obras más reconocidas y comentadas. Está dividido en cuatro partes: la primera trata de cómo Allah ensalza la importancia del Profeta, al que Allah le dé Su gracia y paz, de palabra y de hecho. Y encierra cuatro capítulos: El capítulo primero trata del elogio que Allah, sea ensalzado, hace de él y cómo manifiesta la enorme importancia que tiene junto a Él. El capítulo segundo trata de cómo completó sus buenas cualidades tanto de constitución física como de carácter y reunió en él todas las virtudes del Din y de este mundo armónicamente. El tercer capítulo trata de las tradiciones auténticas y conocidas aparecidas sobre su enorme importancia ante su Señor y su rango, así como el honor que le concedió en exclusiva en ambas moradas. El cuarto capítulo trata de los signos y prodigios que Allah, sea ensalzado, manifestó a través de él y las distinciones y milagros con los que lo honró.

    La segunda parte trata de lo que es obligado para los seres humanos en relación a sus derechos, sea con él la Paz. Y tiene a su vez cuatro capítulos: El primer capítulo trata del precepto de creer en él y la obligatoriedad de obedecerlo y seguir su sunna. El segundo capítulo trata de la necesidad de amarlo y ser leal a él. El tercer capítulo trata del engrandecimiento de lo que tiene que ver con él y la obligatoriedad de respetarlo y honrarlo. El cuarto capítulo trata de la oración sobre él y el saludo, su obligatoriedad y su mérito.

    La tercera parte trata de lo que es posible e imposible en relación a él según la ley revelada, así como de los asuntos humanos que cabe o no atribuirle. Dice Qadi ‘Iyad: “Esta parte, que Allah te honre, es el secreto del libro y el núcleo del fruto de estos capítulos. Lo que hay antes son como los fundamentos, los preliminares y los indicios de lo que traemos a colación en él en cuanto a las ideas sutiles claras, y es el juez de lo que hay después de él y el que cumple en cuanto al propósito de esta composición su promesa. Y al culminar su promesa y librarse de su compromiso se oprime el pecho del enemigo maldito y reluce el corazón del creyente con la certeza, y sus luces llenan todo el pecho y el inteligente aprecia al Profeta en su verdadera magnitud”.

    Esta parte consta de dos capítulos: el primer capítulo trata de los asuntos del Din que son exclusivos de él, lo que está conectado con la disertación sobre su infalibilidad. Y el segundo capítulo trata de sus estados mundanales y los accidentes humanos que le pueden acontecer.

    La cuarta parte trata sobre los distintos aspectos de los juicios sobre quien lo menoscaba o lo insulta, sea con él la Paz. Y se divide en dos capítulos: El primer capítulo explica lo que supone insulto y menoscabo en relación a él, sea por insinuación o de manera explícita. El segundo capítulo trata del juicio del que lo ofende, perjudica y menoscaba. A esto se añade un tercer capítulo, a modo de complemento de lo anterior, que trata del juicio de quien insulta a Allah, sea ensalzado, a Sus mensajeros, a Sus ángeles, a Sus Libros, a la familia del Profeta, al que Allah le dé Su gracia y paz, y a sus Compañeros.

    Qadi ‘Iyad une a su gran conocimiento de las fuentes y su dominio de la lengua árabe una profundidad de visión y una sutileza propia de la gente de Allah. Y como tal ha sido considerado a lo largo del tiempo. En la visita a los llamados “siete hombres” de Marrakech, los Siete Walis protectores de la ciudad, él es el segundo en el orden de visita.

    Lo que sucede a través de la lectura de Ash-Shifá es que la admiración, la estima y el amor por el Profeta de Allah, al que Allah le dé Su gracia y paz, crecen gradualmente en nuestro interior. Leer el libro con detenimiento supone acceder a lo mejor de nosotros mismos, que es lo que representa el Mensajero de Allah, y el resultado es que el título del libro, Ashshifá, la ‘cura’, se hace realidad y se convierte en una cura para nuestros corazones.

    Espero que sea de utilidad, un abraso.

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