De velos y desvelos….

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Os invito a leer este artículo escrito por un periodista catalán sobre la historia del velo. Hacía dias que queria escribir sobre este tema, pero he encontrado este escrito y me ha parecido que puede hacernos reflexionar.

Una vez más, parece que la confusión y la falta de información están en el origen de cualquier polémica. En el caso del velo o del pañuelo islámico esto no podía ser una excepción.

Alguien podría apostillar: y la mala intención. Quizás, pero no será éste el camino por el que vayamos a transitar. Posiblemente, la ignorancia sea la peor consejera en estas situaciones. Esa ignorancia que, decía Voltaire, afirma y niega rotundamente frente a una ciencia, más prudente, que duda antes de sentar cátedra.

La costumbre de cubrirse tiene una larga tradición en Oriente. Una costumbre que arranca mucho antes de la llegada del Profeta Mahoma y que va más lejos de los territorios que, posteriormente, serían de influencia musulmana. “De ahí que no fuera nada extraordinario que el uso del velo se extendiera también en el judaísmo y en las comunidades judeocristianas”, nos explica el conocido teólogo cristiano Hans Küng en su ‘enciclopédico’ libro sobre el Islam (1).

Dado el sentido de ‘protección’, de ‘búsqueda de intimidad’ que tiene el uso del velo, Küng nos explica los problemas del mismo San Pablo (cf. 1 Cor. 11, 2-16) con las mujeres de la comunidad de Corinto. Eran mujeres de cultura helenística y el velo tenía otras funciones relacionadas con las bodas o como elemento de moda.

Todavía más instructivo resulta observar la evolución de esta costumbre en los primeros siglos del cristianismo. Después de un cierto relativismo paulino, llega a principios del siglo III el teólogo cristiano Tertuliano que, en su escrito De virginibus velandis, exige que las mujeres vírgenes utilicen el velo en todo momento y no sólo en la Iglesia.

Pero dejemos, ahora, el cristianismo y hagamos un salto de cuatro siglos para ver que nos dice la Revelación islámica. Siempre que aparece un debate alrededor de alguna cuestión relacionada con el Islam, en nuestros medios o en la calle, me gusta, antes todo, buscar qué nos dice el Corán.

 

Hete aquí que al buscar las referencias al llamado velo islámico nos encontramos con que sólo encontramos algunas aleyas en dos Suras que hacen referencia, de manera explícita, al uso del velo para cubrir el cuerpo de la mujer. Cabe señalar, que en todos los casos más parece una recomendación que una obligación:

«Y di a las creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad, y no muestren de sus atractivos [en público] sino lo que de ellos sea aparente [con decencia]; así pues, que se cubran el escote con el velo [jimar]. Y que no muestren [nada más de] sus atractivos a nadie salvo a sus maridos, sus padres, sus suegros, sus hijos, los hijos de sus maridos, sus hermanos, los hijos de sus hermanos, los hijos de sus hermanas, las mujeres de la casa, aquellas que sus diestras poseen, aquellos sirvientes carones que carecen de deseo sexual, o a los niños que no saben de la desnudez de las mujeres; y que no hagan oscilar sus piernas [al caminar]a fin de atraer la atención sobre sus atractivos ocultos. Y [siempre], ¡Oh creyentes, volveos a Dios – todos – en arrepentimiento, para que alcancéis la felicidad!»

[An-Nur (La luz) 24:31(2)]

En palabras del traductor, lo que sucede es que se aprovecha una pieza llamada jimar (un tocado utilizado habitualmente por las mujeres de la época) para cubrir de manera pudorosa ciertas partes del cuerpo de la mujer.

En la misma Sura, un poco más adelante, encontramos una aleya que parece ir en la misma línea de guía o recomendación, a partir del uso de piezas de la época:

«Y [sabed que] las mujeres de edad avanzada, que no sientan ya deseo sexual, no incurren en falta si se quitan las prendas de vestir [más externas]. Siempre que no pretendan exhibir [sus] adornos. Pero [aun así] es mejor que se abstengan [de ello]: y Dios todo lo oye, es omnisciente.»

[An-Nur (La luz) 24:60]

Fijémonos que, hasta el momento, en realidad se habla de un velo pero sin ninguna referencia a cubrir los cabellos tal como lo vemos y lo entendemos hoy en día. Será en otra Sura, Al-Ahsab (La Coalición), dónde encontraremos la referencia al hiyab, en un pasaje referido al comportamiento ante las mujeres del Profeta. Aquí sí aparece el término hiyab en el sentido de ‘cortina’, ‘protección’, ‘separación’ o ‘pared divisoria’.

«Y [en cuanto a las esposas del Profeta] si tenéis que pedirles algo que necesitéis, hacedlo desde detrás de una cortina [hiyab]: esto contribuirá a la pureza de vuestros corazones y de los suyos. Además, no debéis causar ofensa alguna al Enviado de Dios – ni casaros jamás con sus viudas una vez desaparecido él: eso ante Dios sería, ciertamente, una atrocidad.»

[Al-Ahsab (La Coalición) 33:53]

Dice Assad, en sus notas a la traducción, que el término hiyab se refiere a cualquier cosa que se interpone entre otras dos. También representa aquello que esconde una cosa de otra o las protege de ellas mismas. De aquí que no nos resulte difícil imaginar la evolución que ha seguido el vocablo hasta convertirse, hoy en día y por extensión, en el equivalente de aquel tipo de velo que cubre la cabeza y, en muchas ocasiones, el cuello y los hombros de la mujer musulmana.

Finalmente, por lo que refiere a las citas coránicas, unas aleyas más adelante encontramos la última recomendación directa. En este caso, sí, al conjunto de las mujeres:

«¡Oh Profeta! Di a tus esposas, a tus hijas y a las [demás] mujeres creyentes, que deben echarse por encima sus vestiduras externas [cuando estén en público]: esto ayudará a que sean reconocidas [como mujeres decentes] y no sean importunadas. Pero [aun así,] ¡Dios es en verdad indulgente, dispensador de gracia!»

[Al-Ahsab (La Coalición) 33:59]

Pero visto lo leído y dicho lo anterior, es absolutamente necesario contextualizar la recomendación coránica en un lugar, Medina, y en un tiempo en el que las mujeres consideradas esclavas eran objeto de vejaciones y humillaciones. El hiyab identificaba a las mujeres libres y las protegía de cualquier agresión al reconocerlas como “1) no esclavas (conseguían su derecho a actuar libres y sin vigilancia); 2) no aristócratas (en un sistema social igualitario donde la estirpe, linaje o condición social no condicionaba el trato)”(3).

Así, como apunta la arabista Jacqueline Chabbi, Profesora de Historia y Pensamiento de l’Islam, en la Universidad de París, “desde un punto de vista histórico, en el Corán, la forma de vestirse es una cuestión social, no religiosa (…) La prescripción supuestamente islámica de usar velo no puede fundamentarse de ninguna manera en pasajes coránicos” (4).

Una convicción que me lleva a sentir una honda preocupación y repulsa ante manifestaciones como las de la diputada italiana de Alianza Nacional, Daniela Santanchè, cuando manifestó al Corriere della Sera que “El velo es un símbolo de sumisión de las mujeres”, al hilo de una fuerte controversia con el, también ciudadano italiano, imán Ali Abu Shawaima – al que tampoco habría que escatimar críticas por su comportamiento -, a raíz de un debate televisivo (5).

Explicitada mi aceptación del hiyab, puedo añadir que no entiendo ni comparto esta obsesión desatada en forma de prohibiciones de símbolos religiosos en nombre de una laicidad mal entendida y permitiendo en cambio mil y un otros símbolos o declaraciones que, como poco, son manifiestamente desagradables.

Pero esta comprensión no me impide mostrar el mismo tipo de preocupación ante el uso de otras prendas – pretendidamente símbolos de l’Islam – pero cuyo uso en nuestras sociedades europeas genera percepciones encontradas y que en nada ayudan a la comprensión y a la convivencia. Me refiero, en concreto al niqab, al burka o al chador.

Por ejemplo. Hace unos días leía la transcripción de una entrevista del diario francés Libération(6) a una profesora de inglés en una escuela católica en el condado de Leicester. Su nombre es Sumeia y es musulmana. Este hecho, por sí solo, no sería noticia si no añadiéramos que Sumeia da las clases vistiendo el niqab, una prenda que solamente deja los ojos al descubierto. La profesora se muestra preocupada por la presión constante contra el uso de esta prenda.

Y bien, a mí me preocupa que una mujer, educada en el Reino Unido y que ha derivado su vocación profesional al terreno de la enseñanza, haga declaraciones – en el transcurso de la entrevista – como: “Algunas mujeres no pueden enfrentarse al mundo sin maquillaje. Para mí, el niqab es un escudo. Me granjea el respeto de los demás, y al identificarme como musulmana me impone ser ejemplar en mi comportamiento”. Me da la sensación que el resultado es, precisamente, el contrario del esperado. ¿El niqab un escudo? ¿Para qué o frente a quién? ¿El respeto de los demás en una sociedad acostumbrada a la ‘transparencia visual’ y traumatizada hoy por el fantasma del terrorismo? ¿Y el respeto a los demás?

Sí, me preocupa que diga cosas como que “Llevar el niqab no cambia la calidad de la enseñanza. Simplemente es más agotador, pues estás obligada a ser más expresiva, a abrir bien los ojos cuando los niños cometen errores, a reír con fuerza, a opinar con vigor”. Curiosa manera de entender la normalidad.

Sinceramente, con este tipo de manifestaciones no creo que se esté trasladando una imagen correcta de l’Islam y, por el contrario, transmiten un mensaje difícilmente comprensible para nuestra sociedad. Un comportamiento considerado por algunos un paradigma del Islam cuando no deja de ser una opción muy personal – y desde esta vertiente totalmente legítima – pero que no es coherente con el espíritu ni con la letra del Islam.

El País(7) recogía recientemente unas palabras de Ndeye Andújar (Vicepresidenta de Junta Islàmica Catalana) y de Mansur Escudero (Presidente de Junta Islàmica) pronunciadas en el marco del II Congreso de Feminismo Islámico celebrado en Barcelona del 3 al 5 de noviembre y que se avienen perfectamente con lo que estamos diciendo.

Al hablar de las razones por las que una mujer puede usar el velo, Ndeye nos dice que “Las respuestas son tantas como mujeres existen, porque ningún versículo del Corán habla de ello. Tan sólo dice que la mujer debe ocultar su atractivo humildemente, pero no explicita cómo”. Y añade una apreciación que me parece muy importante a la hora de encontrar un equilibrio ente la confesión personal y el respeto por las normas y usos de nuestra sociedad europea: “Hoy debemos utilizar los ojos del siglo XXI”.

Para ver la realidad del siglo XXI, añadiría yo. Una realidad plagada de hechos que, a veces, contradicen lo que muchos piensan. Alain Blomart(8) hace referencia a esta situación al hablar del uso del hiyab en Francia(9), por ejemplo. Los sociólogos detectaron que, en la mayoría de las ocasiones y a diferencia de lo que pensaban la mayoría de franceses, el uso del velo es una opción personal no impuesta.

Pero hay más. Porqué esta opción puede ser la consecuencia de distintos tipos de motivaciones y puede tener, por tanto, distintos significados. Obviamente, el religioso es uno de ellos. Pero también lo son la voluntad de afirmación cultural y de identidad, especialmente, en contextos migratorios. Me ha llamado poderosamente la atención un significado de tipo psicológico “para las adolescentes puede ser una manera de expresar el sentido de pudor, su voluntad de ser respetadas, sobre todo en el contexto machista y violento de las ‘banlieues’ francesas”(10), un párrafo que nos retrae a la página 3 en la que hablábamos de la necesidad de contextualizar el uso del velo.

No vamos a negar que existan casos en que se den situaciones de imposición y de alienación. Sería ingenuo y faltaría a la verdad. Pero lo importante es no confundir la infracción por la norma y, como dijo el periodista Francesc-Marc Álvaro(11): “no nos confundamos: el problema no es el velo, sino la ideología totalitaria que transforma una prenda en cárcel”.

( Carles Ruiz-Feltrer – Fuente: UNED / Experto profesional en Cultura y Civilización Islamicas )

 

Referencias bibliográficas

 

(1) Hans Küng (2006): El Islam. Historia, presente, futuro. Editorial Trotta. Madrid. Páginas 686-691

 

(2) Las citas del Qur’an están extraídas de la versión de Muhammad Asad (2001): El Mensaje del Qur’an. Centro de Documentación y publicaciones islámicas Junta Islámica. Almodóvar del Río (Córdoba).

 

(3) Yaratul.lah Monturiol (2006): Términos clave del Islam. Colección Shahada. Centro de documentación y Publicaciones de Junta Islámica. Almodóvar del Río (Córdoba).

 

(4) Citada en: Hans Küng (2006): El Islam. Historia, presente, futuro. Editorial Trotta. Madrid. Página 690.

 

(5) Italia pone escolta a una diputada amenazada por criticar el velo. María-Paz López. Artículo publicado en el periódico La Vanguardia, Sección Internacional, el Martes 24 de Octubre de 2006. Página 7.

 

(6) Karine Le Loet. Miedo bajo el niqab. Artículo publicado en El Periódico Cataluña, el sábado 4 de noviembre de 2006.

 

(7) ¿Feminismo bajo el velo islámico? Ander Ruiz. Sección Mujer. El País, sábado 4 de noviembre de 2006.

 

(8) Alain Blomart es Doctor en Antropología e Historia de las Religiones por la Sorbona, y coordinador del Curso de Postgrado Immigració, religions i identitat en la Universitat de Barcelona.

 

(9) Artículo publicado en la revista Dialogal bajo el título Migracions i religió (Migraciones y religión). Quaderns de l’Associació UNESCO per al Diàleg Interreligiós. Tardor 2006. Núm. 19. Página 11.

 

(10) Ibidem Op. Cit.

 

(11) Artículo publicado en el periódico La Vanguardia bajo el título Identidad velada. El martes 24 de Octubre de 2006. Página 27.


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Un comentario sobre “De velos y desvelos….

    Mu escribió:
    27 mayo, 2011 en 10:29

    Gracias Anabel. Me ha encantado la reflexión, tanto de que el Islam no especifica sobre el velo, de manera que ciertas prendas que “molestan” no es una cuestión religiosa (islámica), y en cambio si deviene social, o como mucho “interpretativa” del Islam. Además, su análisis sobre el velo es equilibrado, pues reconoce que en el uso de ciertas prendas tipo velo sí hay coacción (sea familiar, sea social). También me ha encantado que explicara como en otras culturas antiguas, pero tambien contemporáneas(nuestras monjas, por ejemplo, o las abuelas de la Galicia rural, las viudas a mediados de siglo XX (mi bisabuela, sin ir más lejos)) han estado fuertemente ligadas al velo.
    En definitiva, genial!!! Mil gracias, voy a pasar el link, porque creo que és muy riguroso, nada tendencioso, y muy esclarecedor.
    Un abrazo

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