Día: 23 septiembre, 2011

La construcción de un sueño…

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Es verdad que en este Blog hablo mucho de sueños, es cierto. Me acuso de sentir especial afecto y admiración por las personas que luchan por sus sueños y que tienen el coraje y la valentía de apostar por opciones de vida nada Standards. Soy una romántica…Hace algún tiempo que conozco a M.Carmen y cada día la aprecio más y más. A ella y a toda su familia española y marroquí. Entre todos, han construido un hermoso hotel en Ouarzazate que poco a poco se está convirtiendo en un lugar de referencia en esta ciudad extraña, una ciudad que no es grande ni pequeña, una ciudad donde no pasa nada especial, pero siempre tienes que pasar por ella para ir hacia el Sur…esta ciudad es la que M.Carmen escogió para construir su sueño. La ciudad después del Tichka me gusta llamarla. Le pedí a M.Carmen que escribiera su experiencia de estos años previos a la apertura del hotel porque me pareció muy interesante la aventura de una mujer española construyendo un sueño entre el Atlas y el Desierto del Sahara. Le pedí que escribiera su experiencia y aquí la tenéis…la comparto con vosotros para que también la conozcáis un poco y la comencéis a querer…como me pasó a mí.

 

Fue en Abril de 1999 cuando mi marido Daniel y yo vinimos por primera vez a Marruecos. Desde el primer momento el país nos cautivó con sus paisajes, sus colores, sus olores, sus sabores, su gente… sobre todo en el sur. A partir de aquí todos los años bajábamos unos días.

Pasado el tiempo conocimos a Alí, que hacía rutas en 4×4 y hoy es nuestro socio y decidimos construir un hotel en Ouarzazate. Como Daniel seguía trabajando en Madrid, fui yo la que con el proyecto de nuestro hijo mayor tuve que hacer el seguimiento de la obra. Si construir algo siempre es complicado, aquí tenía como dificultad añadida una lengua desconocida y una cultura diferente. Pero para eso estaba Alí que es el que conoce el idioma y a su gente.

 

El primer paso fue encontrar un terreno adecuado y por supuesto que los vendedores no supieran que había socios extranjeros por medio. Esto se fue repitiendo en cada negociación económica pues el ser extranjero significa que el precio sube. Una vez conseguido el terreno, comenzó la construcción. Los cimientos sin problemas pero al llegar el momento de subir muros, la primera ventana y la primera puerta aparecieron más pequeñas que en los planos. Ahí fue cuando descubrí que no los miraban. Hay una forma estándar de construcción y ésta se aplica a cualquier medida. Otro problema es que cuando miran los planos a veces los giran y lo pude comprobar con un mueble de obra que hay en un salón. Solución tirarlo y volver a empezar. Puedo contar mil historias de cada rincón del edificio.

Una vez hecho el grueso de la construcción la definición fue complicada ya que hubo que traer materiales de diversas partes de Marruecos; de Fez, de Casablanca, pero sobre todo de Marrakech ya que Ouarzazate a pesar de ser una ciudad grande carece de muchas cosas. También es un problema cuando llega una fiesta importante por ejemplo fin de ramadán, fiesta del cordero, fiesta del nacimiento del profeta, porque el país se paraliza como mínimo durante una semana y los trabajadores se marchaban a sus lugares de origen para estar con sus familias. Y veías cuándo se iban pero nunca se sabía cuándo iban a regresar.

Y no hablemos de la seguridad, cuando tienes una persona trabajando a 14 metros de altura sobre unos tablones apoyados en dos palos que salen de la fachada, y que se niega a ponerse un arnés. O cuando hay que subir unos depósitos de agua de 500 litros a la terraza para instalar con los paneles solares y el método son 8 hombres subidos sobre unos tableros apoyados en la barandilla de la terraza y con el cuerpo en el aire tirando de unas maromas. Creo que estos son los momentos más críticos que viví durante la construcción.

 

Pero también hubo momentos divertidos, como buscar la tierra para hacer el adobe con el que enfoscar las fachadas. Como en cada zona la tierra es de un color fue difícil encontrar un beige apropiado y al final acabamos un día al amanecer con un camión y dos hombre con palas llenando el camión de una tierra que por fin habíamos elegido después de recorrer todos los alrededores haciendo pruebas de color. Uno de los hombres tenía muy mala puntería y la tierra que lanzaba por un lado caía por el otro lado del camión. O las comidas que hacíamos en la obra a base de tomates, sardinas en aceite y pan. O los partidos de futbol que al caer la tarde veía en un café y donde por fin entendí lo que es un “fuera de juego”.

Y momentos entrañables como el agradecimiento de un trabajador, nuestro simpático “negrito encofrador” al que un día llevamos corriendo al hospital porque se estaba asfixiando por una intoxicación alérgica a algo que había comido por primera vez.

El hecho de ser mujer no me supuso grandes problemas a pesar de estar continuamente rodeada de hombres. Cuando tuve que mandar lo hice y si tuve que imponer mi opinión sobre algún trabajador también, lo más duro fue el aislamiento debido al desconocimiento del idioma. Y aunque siempre estuve muy arropada por toda la familia de nuestro socio, hubo momentos duros en los que me preguntaba ¿qué pinto yo aquí? Lo que no llegué a hacer es ponerme un casco en la cabeza como me aconsejaba mi hijo para andar por la obra aunque en algún momento me hubiera venido bien porque a punto estuvo un cascote de darme.

Por fin el 15 de mayo del 2009, un año y medio después de comenzar la obra, el sueño se cumplió y pudimos inaugurar Dar Chamáa acompañados de nuestros hijos y de toda la familia Chami y sus amigos.

Aún hoy cuando me siento en el jardín y miro hacia el edificio no puedo terminar de creer que lo que veo sea realidad.

Dar Chamaa

Tajdar B-P 701 Ouarzazate, Marruecos

Teléfono:            (00212) 524 854 954

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