Declaración de amor por Marruecos

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Escuchas al muecín llamar a la oración de la noche (al-icha ), supones que deben de ser cerca de las 4 de la mañana, es mejor esperar un rato, a las seis ,aún de noche te levantas ,dejas tu sencilla habitación de alfombras, sin adornos en las paredes, “melfas” usadas como sábanas y una pila de mantas para evitar el frío. 

 

Coges un puñado de dátiles y sales de la casa, fuera el callejón recientemente cubierto hace más profunda la noche, al salir hacia el río las estrellas te marcan el camino, desciendes dentro del cauce reseco del río Draa, y sigiloso te alejas del pueblo en dirección sur, localizas los surcos del camino que usa el ejercito para acceder a la frontera argelina, y durante unos metros te dejas guiar por él, cruzas el canal que lleva el agua vital para el oasis y abandonas el cómodo camino para adentrarte entre las tímidas dunas que humildes empalizadas de caña construidas para detener al todopoderoso desierto han ido formando a su alrededor, todavía ni se vislumbra la duna, es un acto de fé, y tu mente vuela a 2200 metros de altura, el majestuoso ATLAS coronado de tenues nieves te da la bienvenida, emociona trepar por sus carreteras, sin prisas, disfrutando cada curva , cada adelantamiento, y en un suspiro Col Du Tichka, y el descenso vertiginoso te acerca al otro lado del espejo, empieza el verdadero viaje; ahora tras dejar atrás los cuadriláteros de la primera linea de las fortificaciones para defender el oasis de las arenas, ahora pasas a una alternancia de hamada dura adornada de dunas de dos tres metros, una, subes por la zona suave y caes por la vertical, otra…y otra más…sube baja. 

El Atlas, se queda atrás, el cruce con la turística Ait Ben Haddou, la rotonda nueva que lleva a OUARZAZATE son páginas de un libro ya leido, te gusta en la soledad del coche rememorar las primeras visitas hace ya tanto tiempo, cuando el Draa solo era un sueño lejano… Las montañas SARHRO son aún más hermosas que su hermano mayor el Atlas, volcánicas, brutalmente desnudas, telúricas y a la vez llenas de mil matices que varían con la luz del día, te llevan al inicio del valle del Draa en la ciudad de AGDZ, cicatriz de refulgente verdor que atraviesa el reseco paisaje, los pueblos en las afueras del palmeral, dejan las mejores tierras para los huertos, fuentes de vida, los cementerios en los yermos secarrales rocosos con imperceptibles piedras a modo de leve señal del descanso eterno . Ya se vislumbra la silueta, no es ni de lejos majestuosa como su prima lejana Erg Chebbi, apenas mide 20 metros de altura, ni está rodeada de un inabarcable mar de arena, solo es la mayor de esta cadena de dunas, que como otras se desarrolla paralela al Draa en su margen izquierda, todo esto le hace pasar desapercibida a los turistas, y la rodea de una soledad celestial. Te descalzas para iniciar el ascenso, tus pies hollan su frÍa arena, evitas los tarajes que crecen en su ladera, fina arena, suave y helada, no llevas ni veinte minutos desde que saliste del protector hogar cuando algo jadeante te posas en su cumbre.Nada de viento, nada de ruido, nada de luz, nada de nada, solo tú. 

Desde Agdz a ZAGORA, alma del Draa, perla del sur, más prosaicamente, capital de la provincia del mismo nombre, hay 100 km , miles de palmeras, decenas de pueblos, cientos de casas de barro, muchas ruinosas otras restauradas, mágico valle que atrapa y seduce a quien con el corazón abierto lo visita, solo este tramo se merece una prolongada visita pero no puedes detenerte, lo sabes, tienes que seguir, cruzar la gran avenida que te lleva de un extremo a otro de Zagora, inmensa avenida, recta, ahora con rotondas a la europea, pero el zoco de los miércoles y domingos te llena de paisanos de las aldeas de barro, agricultores, la mayoría, que vienen a lo largo de ti, gran avenida, sin entender de rotondas ni urbanismo moderno, vienen a avituallarse de alimentos y quincallas , alguno a vender su magra cosecha de dátiles.    

Desde la duna ves salir el sol, sentado, de cara al levante, sin apenas respirar, usas el turbante de bufanda, hace frío, el frío de todos los inviernos a esta hora en este sitio, emociona, es el mismo sol, pero no el mismo amanecer, te sientes especialmente vivo, un día más, o ya queda uno menos, pero este está aquí para ser disfrutado, el mundo entero se ve desde esta soledad, la distancia con tu rutina te permite distinguir lo esencial de lo trivial, valorar aquello por lo que merece la pena vivir, luchar , y quizá morir. Después, la larga avenida de Zagora se estrecha y retuerce, allá donde imponente se levanta el ayuntamiento, buscando el río Draa, luego lo atraviesa por un mínimo puente, aquí siempre lleva agua, las últimas perennes, a veces son una lágrima, a veces un torrente, pero agua al fin y al cabo.Hoteles, Dar, y se sale de la ciudad… La hamada impenitente rodea la carretera a partir de ahora, el río se aleja, como si de una pareja en incomprendida disputa se tratase, él a llorar sus penas ya menguado, ella, cansada de sinuosidades, recta se dirige a TAMEGROUTE, que huele a zagüías, cofradías, santón y biblioteca de incalculables tesoros en forma de legajos, manuscritos, libros santos y científicos, paraiso para bibliófilos. 

Cuando el sol entero se despereza, tus ojos no pueden mirarlo, te vuelves, y a tu derecha se levanta KSAR BOUNOU, varado en el borde de una isla de palmeras jalonada, azotado por un salvaje mar de olas fervorosas que su velamen han destrozado.Oquedades oscuras a modo de cañonazos dejan entrever sus interiores, maderamen por los suelos, abatido por los años. Te emociona el primer amanecer del año, es igual que ayer, pero no lo es, la manía humana de marcar el tiempo, como si de esta manera se fuesen a apropiar de él, y a detenerlo. Después de TAMEGROUTE, de nuevo la hamada, el río va por tu derecha, y vuelves a cruzarlo y ya siempre a tu izquierda, se aleja para buscar por donde dar de lado a una nueva cordillera, la carretera asciende, imposible no detenerse en lo alto, diríase que aquí empieza Africa, las acacias desparramadas en la llanura, el glauco verdor del Draa a lo lejos, es la tercera de las puertas que te llevan al otro lado, sigues, feliz, sientes la proximidad de la meta. Desde BEN JENETI se divisa todo el oasis de M´HAMID, hacia el oeste los depósitos de agua de las principales aldeas sobresalen sobre las palmeras, M´hamid alkadim,otrora medio judía, que esconde una precioso mezquita, Talha, sobre un altozano, la mayor de todas, Ouled Mhia, con kasbah sepultadas por la arena… nadie os visita, no existíis para las guías, este oasis solo es paso hacia las dunas de ERG CHIGAGA, nada hay en el oasis para justificar una parada de unos días, dormir en una jaima en las dunas, sentirse Lawrence con camello incluido, solo por eso merece llegar a este recóndito lugar….vosotros gentes de la tierra, que con vuestro trabajo diario dais vida donde la muerte acecha, que regáis aunque el fortísimo harmatan sople, vosotros que construís con lo que el oasis proporciona, tierra, agua, sol, briznas de paja, tronco de palmera, vosotros y vuestro esfuerzo no merecen una estancia, mejor seguir a las las dunas, allí las estrellas son distintas (dicen las guías), no saben que un nómada todas las noches sube a colocarlas en su sitio para que la caravanas no se pierdan y encuentren los lejanos pozos y el camino verdadero que les lleve de regreso a su oasis. 

Te gusta inventar historias , personajes que nunca existieron o existieron pero no fueron conocidos, o existieron y fueron conocidos pero ya cayeron en el pozo del olvido, desde aquí el mundo imaginario está más cerca, todo puede ser y es, incluso que TÚ, que hasta aquí has leido vengas a conocer de ti mismo, lo que aun no sabes. Desde la montaña de Beni Selmana, la planicie que envuelve el oasis es ardiente, irreal, incandescente, imposible que allí haya vida, y siguiendo el camino unos carteles amarillos te vuelven a la realidad “bienvenido al desierto ” y por si no lo has entendido te lo repite en cinco o seis idiomas.
 

( Texto enviado por un amigo lector de este Blog -Plácido- y que también es otro enamorado del Sur de Marruecos, en sus palabras entenderéis su amor sin límites por estos paisajes y este mundo. )

3 comentarios sobre “Declaración de amor por Marruecos

    Mu escribió:
    27 mayo, 2012 en 21:10

    Evocandome mil imágenes y sensaciones, sublime Plácido🙂

    hayat escribió:
    28 mayo, 2012 en 22:13

    Me ha encantado, Enhorabuena Plácido por cómo escribes y un abrazo

    Plácido escribió:
    6 junio, 2012 en 19:20

    Gracias Muriel y M.Carmen, el valle del Draa se está convirtiendo en una hermosa obsesión que me permite volar allende las estrellas en cada instante de ensoñación.
    A cabo de regresar de otro fugaz viaje para poner en marcha un nuevo proyecto.
    un abrazo

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