Día: 4 agosto, 2012

La aventura de comprar alcohol en Ramadán

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El simple hecho de querer tomar una botellita de vino en la cena o una cerveza para combatir el calor, se hace complicado en Marrakech durante el Ramadán.

Los súpers grandes a los que normalmente acudo: Carrefour, Metro ( nuestro Makro ) y Marjane, ponen dificultades.

La zona de alcohol está cerrada a la venta, cerrada con las rejas. Delante de la puerta, un guardián con un libro de visitas. Debes entregar el pasaporte antes de entrar para que anote tu nombre y tu número. Así y solo así, accedes al espacio para los borrachos e infieles. Porque así te sientes, un pecador que nada contra corriente. Una vez te abre la puerta, la cierra detrás de ti mientras anota escrupulosamente tus datos con el pasaporte. Dentro, la mercancía escasea. Los vinos no se renuevan y las cervezas están bajo mínimos. Estanterías vacías que dan una imagen de “fin del mundo”. Dejadez, cajas vacías desordenadas, vinos mezclados..supongo que casi no entra nadie a limpiar en estos días y que la reposición será escasa.

Quiero aclararos que NO ENTRA nadie que sea musulmán, aunque enseñe su pasaporte. Precisamente debes enseñar el pasaporte para que se aseguren que no eres árabe, marroquí…en definitiva musulmán.

Muchas veces me viene a la cabeza qué hacen con el libro dónde escriben todos los pasaportes y los nombres. ¿ Harán un listado de herejes ? ¿ nos queda marcado en el pasaporte que somos alcohólicos ?

Esta semana sin ir más lejos, tuve que “ayudar” a una mujer. Mientras a mi me abrían el portón y yo iba comprando, escuché una conversación airada en la misma puerta. En el momento de salir, me encontré a una mujer menuda, morena, vestida a la europea  que mostraba al encargado del libro de los pasaportes un pasaporte francés y que le exigía que quería comprar vino. Yo sinceramente, pasé de lado. No me metí en el lío, porque si algo he aprendido aquí, es a no meterme en conflictos externos…que de internos ya tengo. Aún así, mi mirada debió ser de solidaridad hacia ella, ya que mientras pagaba en la caja SOLO ALCOHOL, ella me vino a buscar para suplicarme, casi implorarme que comprara unas botellas de vino para ella. Solo tenía que enseñar mi pasaporte y CON ELLA AL LADO, dárselas. Como si fuese menor de edad. Me dijo que tenía una cena con unos amigos franceses ( como ella ) y que iba a servir quesos y que quería ofrecer vino blanco. No entendía que no le dejasen comprar con su pasaporte francés y me dijo que su padre era originario de Casablanca ( aunque ella nació en Francia ) y que su primer apellido era marroquí…por eso le cerraron las puertas de las cuevas de Baco .

¿Qué hubieses hecho vosotros ?  Yo entré con ella y más aún, le aconsejé los mejores vinos marroquíes, que ella apenas conocía. No me apunté a la cena porque al final escogió un rosado y a mi los rosados no me gustan.

Anécdota del pasado año y que riza el rizo. Después de pasar por todo el proceso de la caja, el pasaporte, el portón, las estanterías vacías, las cajas por todas partes, las miradas de desaprobación en tu espalda…etc…llegas a la caja que pone SOLO ALCOHOL…una solo de las más de 20 que tiene el Marjane. Bien, pues voy pasando los artículos uno a uno…mientras la chica me mira sonriendo…lectura del código de barras…quesos, pan, limpieza, mantequilla, verdura….sigue leyendo el código de barras…de repente, una expresión en el rostro de la chica con velo

agggggg, ¡¡¡ cervezas !!! ¡¡¡ No puedo tocar alcohol !!!

¿ No ? ya las paso yo por el lector.

Nooooo, tiene que venir el encargado

…y 5  minutos después aparece…tranquilo…como si no hubiese prisa. Yo le digo….respeto perfectamente que durante el ramadán la chica no quiera tocar el alcohol, pero, en este caso y conociendo su sensibilidad religiosa ¿les parece el mejor lugar para ella la caja de “SOLO ALCOHOL ? Fue una conversación inútil…que no me condujo absolutamente a NADA. Esperé a que el encargado pasase las cervezas, se aseguró de que no llevase más alcohol y se fue.

¿Conclusión? Ninguna, vive y deja vivir. Antes me hacía muchas preguntas, me sublevaban las cosas sin sentido, ahora he aprendido a aceptar todo tal y como es. Se vive más tranquilo.

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