Día: 14 agosto, 2012

Casting EXTRAS para un film francés, en Marrakech

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Con motivo del rodaje del Film francés “ LES GAMINS de Anthony Marciano con Alain Chabat y el comediante Max Boublil, que tendrá lugar en Marrakech entre el 28 de agosto y 02 de septiembre de 2012, se buscan EXTRAS:

– Europeos entre 16 y 40 años de edad.
– Marroquíes tipo Europeos entre 20 y 30 años.

El casting tendrá lugar en el Theatre royal en Marrakech (frente a la estación de tren) de 9 a 16 horas del martes 14 al miércoles 22 de agosto de 2012.

Para cualquier otra información contactar con:

Saad: 06 10 65 13 68.
Fred: 06 61 34 04 42.
Facebook: Saad Fekhari

correo electrónico: fekharis@gmail.com

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Sidi Ifni huele a mar

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Esta ciudad es hermosa, extrañamente hermosa como todo en este país. La primera vez que llegué hace ya seis años me pareció una ciudad perdida en el tiempo. Primero porque estaba bastante abandonada, casi diría que era una ciudad nostálgica, que anhelaba otros tiempos y que en ese impasse no había evolucionado. Era una ciudad decadente, hermosa pero decadente. Además, en esos días la bruma que caracteriza la ciudad en los meses de verano influía en su imagen. Esa bruma maravillosa que mantiene la ciudad a una temperatura estable de 27 grados en pleno verano.

 

He seguido yendo a Sidi Ifni en busca de sus playas, de su temperatura y de sus gentes. Pero sobre todo de esa atmosfera especial que tiene Ifni y que cuesta de definir.

Hacía dos años que no venía, dos años en los que supe de los incidentes producidos. A España llegó poca cosa, revueltas que comenzaron con los trabajadores del puerto y que acabaron contagiando a todos los ciudadanos. Las reclamaciones eran justas, más trabajo, mejores salarios, más inversión en la zona. Ifni estaba abandonada para el Gobierno. Ni siquiera tenía un status propio, el status que se merece la puerta del Sahara, como les gusta decir a los autóctonos. Dependían de la Provincia de Tiznit. Gracias a las revueltas que fueron importantes, y serias, el Rey y el Gobierno decidieron que Ifni merecía una provincia propia y un Gobernador. Y así fue, y eso conllevó inversiones en la zona. Sobre todo en la ciudad de Sidi Ifni, el resultado aparente ha sido espectacular. Los jardines, los parques, la limpieza, el malecón, la reconstrucción de su pasado colonial español, los accesos, las carreteras…en fin, Ifni ha dado un cambio que cuesta de reconocer. Un cambio A MEJOR, la ciudad deslumbra y parece que estos cambios y mejoras han dado brillo a sus gentes. Sus gentes, bereberes de la tribu de los Ait-Baamarani, orgullosos de sus orígenes y de su tierra.

 

Parece que Sidi Ifni tiene planes, me han contado que entre los proyectos futuros, está el abrir un aeropuerto y el de conseguir líneas marítimas directas con las Canarias. Esto sería una gran noticia para esta zona.

 

Podría escribir letras y palabras y frases interminables de mi amor por esta ciudad. Está a solo 5 horas de Marrakech, al sur de Agadir. Tiene un núcleo hermoso, con unas calles bien delineadas, con unas fachadas blancas y azules marineras. Tiene un Malecón como La Habana que desciende desde la Plaza España a la playa. La hermosa Plaza España como se conoce popularmente, fue el centro neurálgico de los españoles durante su pasado colonial, Ifni llegó a ser provincia española ( la nº51 ), con capital en Sifi Ifni. Aquí se encontraban todos los edificos administrativos de los españoles, ahora edificios remodelados ocupados por el Ayuntamiento y la sede de la nueva Provincia de Ifni. Además de algún hotel. Cerca de la plaza España, quedan edificios gloriosos, de un pasado muy especial. El Cine Avenida y el Pub Twist con claro pasado español. Ahora no funcionan, pero en Sifi Ifni no olvidan, y han decidido mantener y embellecer sus fachadas para no olvidar su glorioso pasado.

 

En Sifi Ifni hay un mercado central, pequeño pero rebosante de gente. El pescado, las sardinas se asan cerca, en restaurantes abiertos. Todo respira a puerto de mar aquí. Por la noche, EL PASEO. Una de las tradiciones de esta ciudad. Siguen saliendo a pasear arriba y abajo (reminiscencias de su pasado español). Para mirar y ser vistos, sentarse a tomar un café y seguir mirando. Este paseo es uno de los grandes atractivos de la noche en Ifni.

Esta ciudad tiene una fuerte personalidad que no es ni marroquí ni española, o las dos cosas a la vez. Y es que además los bereberes son mayoría aquí, así que también tienen un fuerte peso específico. ¿Cómo definir Sidi Ifni? Imposible, no soy capaz. No se parece a ninguna otra ciudad de Marruecos, y a la vez, se parece a todas. Solo sé, que en esta ciudad es de los lugares dónde más a gusto me siento de este país.

Un atardecer perfecto en Legzira

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Esta playa es un sueño recurrente en mi cabeza. Cuando llevo tiempo sin verla, cuando estoy alejada del olor y del sonido del mar, pienso en ella. En su luz mágica, en su larga playa, en su olor profundo a mar, en sus rocas esculturales. En esa playa te sientes insignificante por su belleza y por su magnificencia, pero a la vez, te sientes plena, te sientes llena, te siente activa y llena de energía. En definitiva, esta playa me llena de felicidad.

El otro día volví a ella, como los niños vuelven a sus sueños. Cada vez que la veo, esta playa está más y más urbanizada, y sufro. Sé que no tengo derecho a reclamar nada, sé que no soy nadie para exigir que la respeten, sé que nadie va a escucharme…pero poco a poco Legzira ya no se parece a Legzira. Estoy segura que en pocos años, esta playa ya no será mi reducto de belleza soñada. Pero mientras tanto, quiero disfrutarla.

El otro día volví a ella, esta vez durante el crepúsculo. El sol caía rápidamente, a lo lejos, en el horizonte el sol se fundía con el mar dando paso a unos reflejos plateados difíciles de explicar. Todo estaba impregnado de plata, las crestas de las olas, las rocas, las pieles, las sonrisas y las miradas.

Fue un paseo desde el ocaso hasta el anochecer. Salimos plateados y llegamos bañados de oscuridad. Fue un paseo con los pies desnudos, zapatos enganchados entre los dedos de la mano y las olas golpeando suavemente los tobillos. Poco a poco, la luz menguaba y nuestros ojos se iban acostumbrando a la penumbra. Las estructuras de piedra se convertían en gigantes que nos imponían respeto. Así que decidimos dar la vuelta y con los ojos cerrados llegamos al comienzo, debíamos seguir la senda del mar en nuestros pies, así no podíamos perdernos….me dijo él. Y así fue.

Cenar en casa Abdoul en la terraza de su albergue, en la misma playa, una sopa harira y un pescado fresco a la brasa delante de este mar y con las estrellas a tocar de las manos.

Este es el recuerdo de un atardecer perfecto