Mes: diciembre 2021

Mechoui o Tanjia, en Marrakech

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Hoy os voy a hablar del restaurante Chez Lamine Hadj Mustapha. Un “secreto” cerca de Djemaa El Fna.

Es toda una institución del llamado “street food” marrakchí. Totalemente compatible con una cena en los puestos de la plaza, en el que yo llamo, el restaurante open air más grande de Marruecos. Podéis ir un dia a la plaza por la noche y otro, disfrutar de un almuerzo en este lugar característico. Os recomiendo las dos cosas, sin duda.

No aceptan reservas, y probablemente debáis hacer cola en la misma calle para comer ahí, pero merece la pena y el tiempo de espera es breve, aunque haya mucha cola. Aquí la gente va rápida y no existe lo de la sobremesa española.

En la entrada os encontraréis a Mustapha, vestido de forma elegante que controla todo, los pagos, la cola, los clientes, la cocina…nada queda al margen de su experiencia y su mirada.

El restaurante se encuentra situado en el llamado callejón Mechoui, detrás del restaurante La Alhambra en Jemaa el-Fnaa. No os equivocaréis, pues el lugar se encuentra adornado con cabezas de oveja y ollas de barro «Tanjia». Las ollas de carne se cocinan en las cenizas de las brasas de un Hammam. La mayoría acude durante el día por el suculento Mechoui, pero las ollas de carne se sirven durante todo el día y son igual de deliciosas.

La oferta es escasa, Mechoui (1 kilo o medio kilo) y Tanjia marrakchí como base de la carta. ¿Pero para que quieres nada más? Sinceramente, el Mechoui es delicioso. Te recomiendo que lo acompañes de una ensalada marroquí para relajar un poco la grasa.

Los cuatro pisos que completan el restaurante no se hacen fáciles de subir y bajar. Si te toca la terraza superior, disfrutas de las vistas de Marrakech, pero debes estar atenta a no coincidir con otro cliente, ya que solo hay espacio para una persona en las escaleras. En este lugar, no esperes grandes atenciones, ni una vajilla espectacular, ni manteles a juego, ni ningún tipo de detalle superficial. Aquí vienes a comer, sin ningún lujo accesorio. Debes concentrar toda tu atención en lo que vas a comer, parece como si debieses abstraerte de todo lo demás y disfrutar de la delicia del cordero o de la tanjia. La carne en su punto, suculenta, nada seca, con mimo. Esas 24 horas de cocción lenta se funden en la boca. Totalmente recomendable esta experiencia 100% marrakchia.

El precio es muy ajustado, puedes comer 1 kg de Mechoui, ensalada, pan, agua y patatas fritas para dos personas por unos 15 euros.

La variante Ómicron, ya ha llegado a Marruecos

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Ayer, el Ministerio de la Salud notificó el primer caso de la variante Ómicron, en Casablanca.

Este hecho me ha recordado un día en Ouzina. Ese día, me dio por barrer la terraza de acceso para ayudar al personal de la Kasbah. Para los que no lo sepáis, Ouzina es una Kasbah que está a una hora de pista de Merzouga, en medio del desierto. Pues en esas estaba, barriendo, cuando de repente un poco de viento (nada, una brisa que ni siquiera movió un rizo de mi cabello) hizo que toda la arena de las dunas que nos rodeaba llegara a la zona que llevaba barriendo hacia 10 minutos. Me giré y contemplé en absoluto silencio la inmensidad del desierto que se veía desde ahí. Entendí que ponerme a barrer en medio del desierto, era como poner puertas al campo. Inútil.

Sirva esta metáfora para el caso que nos ocupa, cerrar el país a cal y canto para evitar que entre un virus que está por todo el mundo.

Legzhira o crónica de una muerte anunciada

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Lo habéis conseguido. Habéis destrozado la hermosa playa de Leghzira.

En un de mis posts antiguos ya advertía que las obras de la urbanización que se veía en lo alto de la playa eran una amenaza para este lugar. Pero inocentemente, pensé, que tal vez iban a construir algo que se integrara en el ambiente, que fuese turístico, pero a la vez bonito.

La verdad que la fealdad del lugar, merece un premio.

Más abajo, en la misma playa, el horror va en aumento. Los bares a pie de arena, con sus terrazas encima de ella, son absolutamente horrendos. Parece que compiten por un premio a la fealdad. Os prometo, que intenté pasear por la playa y probé de apartar mi mirada de todo ese mobiliario de sillas, parasoles, haimas, carteles, mesas y otros objetos absurdos que iba viendo por el paseo. Intentaba no mirar para concentrarme en la playa. Además, llegué casi con la luz del ocaso y ese momento es el más mágico en Leghzria. Lamentablemente, la fealdad es tan ostentosa que no puedes dejar de mirarla.

¿Porqué no podía dejar de mirarla? Porque recordaba Leghzira y recordaba muchos momentos maravillosos que viví en ella y sentí indignación por el estado actual de la playa. ¿Quién ha autorizado ese destrozo? ¿Quién ha permitido ese semichabolismo de bares y restaurantes?

Un perfecto festival del horror en Leghzira. Una pena.

Guardaré en mi memoria, aquellas tardes de felicidad y paseos por una de las playas más hermosas que he visto nunca. Pero Leghzira ya no es ese lugar mágico de mis recuerdos.

Pensamiento del día

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Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.

Antoine de Saint-Exupèry

Marruecos cierra hasta el 31 de diciembre

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Lo que era un rumor por todo el Reino se ha confirmado en la red social Twitter. Según informa la Royal Air Maroc (RAM), confirman la suspensión de los TODOS los vuelos hacia y desde Marruecos, hasta el 31 de diciembre. La RAM cita la información proporcionada por la Dirección General de Aviación Civil de Marruecos.

Es decir, que Marruecos va a continuar cerrado MÍNIMO, hasta el 31 de diciembre. Todo eso, después de alguna confusión, rueda de prensa mediante, en la que no había informaciones claras. La finalización de las dos semanas iniciales se cumplía el día 12 de diciembre.

Ahora pienso en todos mis amigos de Marruecos que tenían viajes personales, Navidades incluidas, visitas de amigos, de familia. Pienso en proyectos profesionales, en turismo, en trabajo, en supervivencia. Parece que el miedo a la cepa Òmicron y la situación “alarmante” que se vive en Europa es la que ha hecho tomar esta drástica decisión.

Lamento mucho la situación que os toca vivir. Os envío un abrazo inmenso.

Los graneros del Anti Atlas-los Agadirs

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Marruecos no es solo ciudades imperiales.

Marruecos no es solo el circuito de Marrakech, Ourzazate, Merzouga, Erg Chebbi.

Marruecos no es solo Tanger y Chefchaouen.

Marruecos tiene mil opciones, mil paisajes y mil cosas a ver.

Es verdad que como decía mi amigo Dani, ahora el mundo va tan deprisa que los turistas quieren conocer todo en 4 días. Y que no hay más tiempo. O simplemente, que vivimos adictos a la velocidad. Vivimos acelerados, todo debe ser ahora e inmediato. ¿Visitar Marruecos? Venga, 4 días y quiero verlo todo. Y claro, eso es imposible. Luego ya quieren otro destino porque creen que ya conocen el país. Pero Marruecos es inabarcable.

Este post se comenzó a escribir en la terraza del Café de la Post, una tarde de noviembre mientras tomabamos una cerveza con mi amigo, José Javier Lanzarot. (En realidad, no fue una cerveza porque como no comíamos nada y con la nueva normativa Covid no te pueden servir alcohol-pero eso si acaso, me da para otro post). En ese encuentro, José Javier nos explicó que llevaba meses en una especie de cruzada personal. Él se dedica a los viajes a medida en Marruecos y durante largos años ha hecho la ruta estándar y que todo el mundo que sueña con los paisajes del sur del país quiere hacer. Llegar a las dunas del Erg Chebbi. Esa tarde, nos explicaba que esa ruta circular y todo lo que hay alrededor está demasiado explotado y por tanto masificado y demasiado turístico (masificado en condiciones normales). Compartí su comentario, pero también comprendo el hechizo que produce visitar esa zona para los ojos del que lo ve por primera vez. Fue entonces cuando nos explicó que se está dedicando a elaborar una especie de catálogo de todos los graneros del sur de Marruecos. ¿Graneros? Y eso que es, le pregunté.

Y con su respuesta, mi visita a uno de de ellos, uno que se encuentra entre Tata y Guelmim, en el precioso pueblo de Amtoudi. Definitivamente debéis ir a verlos, uno, dos o una buena ruta. Ha sido uno de los descubrimientos del viaje (y ha habido muchos).

Los graneros o Agadirs son un rico patrimonio arquitectónico y cultural. Un Agadir es un granero colectivo fortificado. Muchos de ellos se encuentran en la zona del Anti Atlas, dispersos por toda la cordillera, principalmente en el noroeste de la región. Algunos de estos graneros fueron abandonados y reutilizados con otras funciones, sin embargo, muchos de ellos se mantienen en buenas condiciones, incluso, conservan una parte de su funcionalidad. Tienen vocación defensiva y de almacenamiento de los bienes (cosechas familiares, manuscritos, actas …) de una comunidad. Básicamente, es el “banco” de las tribus de Souss Massa pero sobre todo el símbolo de una organización tribal armoniosa. Cada família disponia de una pequeña habitación cerrada bajo llave que se heredaba de padres a hijos. Destaca la figura del Amin, que era el guardián del granero que abría y cerraba el granero colectivo y que accedía a los habitáculos en altura.

Gracias a José Javier visité en Amtoudi el agadir Agelluy, que está perfectamente reformado por una Organización internacional, pero bajo tutela de una arquitecta marroquí. Me quedé con ganas de visitar el otro Agadir de Amtoudi, el llamado de Id Aysa, pero ya no teníamos más tiempo. Los días de noviembre son muy cortos y la luz solar escasa. Demasiadas cosas a ver y hacer.

Durante el camino de acceso, las vistas del pueblo y del cañón son espectaculares.

En ese cañón, encontraréis piscinas naturales aptas para el baño. Un complemento ideal en verano.

El Amin nos acompañó y nos enseñó todo el Agadir explicando multitud de detalles. Sinceramente, vale mucho la pena la visita. Es uno de esos secretos que guarda la cordillera del Anti Atlas y Marruecos. No dejéis de visitar, como mínimo uno.

Si queréis saber más, contactad con José Javier Lanzarot.

jota@atarexperience.com

Insta @atarexperience

Sidi Ifni y la vida pequeña

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Una vez más, os voy a hablar de Ifni, de este rincón del sur de Marruecos.

A veces la felicidad es solo una suma de pequeñeces, de momentos, de risas, de miradas, de anécdotas. No grandes cosas, solo eso, detalles. Muchas veces ni sabes en ese instante que eres feliz, simplemente estás viviendo todo eso y nada más. Momentos en los que no puedes dejar de sonreir.

Sidi Ifni es mi particular lugar de la felicidad. Ese rincón del mundo, un poco aislado de todo, que no tiene casi nada, pero que me parece uno de los lugares perfectos en el planeta.

La vida en Ifni va a poco a poco, sin grandes aspavientos. Tampoco no puede ir deprisa porque no hay mucho que hacer. Esta pequeña población de pasado netamente español, es un refugio de felicidad para mí.

Como sabéis, el lugar para alojarse es la casa de Patrick, Maison Xanadú. Una casa parecida a los Riads de las ciudades imperiales, pero aquí no se llaman Riads. Solo, una casa. Esa casa, es mi casa en Ifni.

Desde aquí, vas andando a todas partes. Vas andando a la «Plaza España», o al paseo encima del mar, o a la playa, o al mercado, a los cafés, o a las terrazas donde asan sardinas.

Sidi Ifni está lleno de edificios art-deco, pero lleno. Algo inusual en esas latitudes. Pero nadie los mantiene ni los conserva. Puedes dar una vuelta por el centro admirando esas fachadas que algún día fueron y hoy solo son una sombra de ello. En Ifni, es tu imaginación la que trabaja. Tu capacidad para trasladarte a ese pasado colonial. Me imagino a los españoles de los años 40 y 50 paseando por la plaza España, pisando los azulejos andaluces en el centro y sentados en los bancos mientras la fuente borbotea agua y viven la sensación de frescor. O yendo al Cine, o al Club Twist o a los cafés. viviendo a la española cuando a escasos 10 kms de la ciudad, el mundo era totalmente distinto.

Cierro los ojos mientras me encuentro en la terraza mirando al mar desde el comienzo del paseo y puedo sentir como Ifni respira historia y olvido. Recordad que Ifni fue la provincia 51 española hasta el año 1969. Ifni es esa decadencia hermosa, como Trieste en Italia. Yo soy una enamorada de la decadencia arquitectónica y de esa “tristeza” que arrastran algunos lugares.

Si visitáis Ifni, no dejéis de ir al mercado. La zona de pescadería es una fiesta visual. Muchos de los pescados que veis ahí, son completamente desconocidos para nosotros. Pero si preguntáis, con la típica amabilidad de Ifni, os dirán exactamente como se llaman. Y con un poco de suerte, os lo dirán en castellano ya que muchos de los actuales ciudadanos tienen cierto pasado español. Muchas calles siguen estando rotuladas en español.

La zona del mercado donde puedes comer sardinas a la brasa es una delicia. De una forma sencilla degustas una docena de sardinas a la brasa con una ensalada marroquí y una hogaza de pan por solo 3 euros. Si además tu bolsillo permite un dispendio, te acercas al mercado y compras el pescado que prefieras y ahí mismo te lo asan. Tres terrazas en donde se mezcla toda la sociedad de Ifni que en algún momento del día pasa por ahí. Tenéis el parquing muy cerca y la parada de los taxis. Si tienes los ojos abiertos, desde ahí podrás darte cuenta de todos los detalles importantes del día, las transacciones de los pescadores con los dueños del restaurante, los pequeños camiones que llegan para entregar mercancía, la venta de pan…esos momentos que te sitúan realmente en Ifni.

No vengas a Ifni con prisas. Intenta pasar mínimo 2 noches. Las vas a necesitar para tomar el pulso a la ciudad. Toma un café en las terrazas, mira el lento devenir de las cosas, degusta las sardinas, quédate hipnotizado con las telas de las mujeres, con la agitación de algunos, con lo intenso del sol. Si tienes suerte, comparte con ellos una noche de Champions o solo de fútbol, en la terraza de sus bares. Las risas, las anécdotas y la vida pequeña se apoderan de ti…para siempre.

Vida pequeña=felicidad

Nota al margen: Nos cuenta Patrick, que la incidencia de la Covid en Ifni es cero. Que se ha vivido con cierta tranquilidad la pandemia. Que ha sido mucho peor la afectación de la cochinilla en las chumberas de la zona. Eso ha sido una tragedia. Desde hacía unos años, la explotación para fines comerciales de las chumberas había hecho que muchos ifneños hubiesen dedicado enormes esfuerzos económicos y personales en esas explotaciones, pero la llegada de esta plaga que ha matado casi la totalidad de las chumberas ha dejado auténticos dramas personales y colectivos. Ahora mismo, la pesca y la administración publica (hace pocos años que se creó la provincia de Ifni) son la fuente principal de ingresos de la zona.

Sidi Ifni.

Nota mental: Sidi Ifni, volveré pronto. Lo prometo. De camino a Dahkla o de camino a Sidi Ifni.

Ziko y el arte de buscarse la vida

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No sé aún si llamar a esto, capacidad de supervivencia, imaginación, picaresca o sencillamente, este país es distinto.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

Viajando por el sur de Marruecos, pude apreciar que, en las entradas y salidas de los pueblos y ciudades, me iba encontrando los coches 4L con las puertas abiertas y mucha gente alrededor. Mi amigo Jose ya me había avisado que me iba a encontrar con esta especie de cafetería ambulante por todas partes.

El coche/cafetería al aire libre comienza como solución al cierre de las cafeterías durante la pandemia. De esta forma, se acercaba el café a los consumidores para un take away desde espacios exteriores. Supongo que algo que nació espontáneamente y con la idea de durar durante los meses duros del confinamiento o de las restricciones, se ha alargado y puede que sea ya definitivamente.

Me paré en uno de ellos a probar el café, ver como lo tenia montado y charlar un poco. Fue en Guelmim, en una de las salidas más importantes de la emergente ciudad.  Una amplia avenida que conduce a Tan Tan. En esa avenida y delante de un colegio encontré, LA cafetería/coche.

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Resulta que el propietario, es el simpático Ziko. Un joven de Guelmim que se esmera en ofrecerte un buen café. Como veis en las fotos, tiene su máquina bien instalada en el maletero. A fuera, el molinillo de Cafés Valiente y amplia la oferta con los pastelitos típicos. Café con leche, cortado, solo…sacarina y azúcar. Pero él, también ha creado merchandising propio porque quiere darle un toque distinto a su negocio. Personalizarlo. Sinceramente, me rindo ante tanta imaginación, derroche de ingenio y practicidad. ¿Cómo no hacerlo? Me dice que ha pedido permiso al colegio y al edificio oficial que está detrás para poder instalar el coche ahí, pero no consigo saber si tiene la actividad legalizada. ¿Y a mí que me importa? Pues eso. Nada.

Curioseando en su instalación, aprecio la placa solar en le techo para la electricidad, una bombona de gas y el depósito de agua en el asiento trasero. No quiero pensar que va a pasar cuando en esa zona lleguen a los 50 grados de temperatura habitual del verano. Espero que todo vaya bien.

Los que viajéis a Marruecos en cuanto abran de nuevo el espacio aéreo, os recomiendo una visita a una de estas cafeterias take away.

Y a ti, Ziko. Gracias por tu simpatía y espero que el negocio te vaya muy bien.

Puede ser una imagen de una persona, barba, de pie, carretera y cielo

Volver

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Acabo de regresar de un viaje a Marruecos. Apenas 48 horas antes que se cerrara totalmente el espacio aéreo marroquí. Apenas 48 horas antes que todo fuese un caos. Aún quedan muchos ciudadanos europeos buscando vuelos de regreso, pues la noticia se comunicó y en menos de 12 horas se materializó. Esta vez, ha sido por el miedo a la cepa Ómicron de Sudáfrica. Pero la realidad, es que una vez más, Marruecos queda aislado. No tengo muy claro si el sistema de cerrar fronteras es el más eficaz para detener un virus. Pero, en cualquier caso, el cierre es una realidad.

El título del post, es VOLVER. Porque eso he hecho, volver al lugar del que estaba enamorada. Y ese volver después de algunos años, era una sensación encontrada. No sabía si iba a ser un reencuentro feliz o no. Si mi vuelta iba a desvanecer mis sueños.

En los próximos posts os hablaré de como he visto Marrakech y Marruecos en estos 10 días de viaje.

Adelantaros que ha sido un viaje muy feliz, de esos que dejan huella. Marruecos siempre te deja huella en el alma. A veces pienso en los recuerdos como algo que guardas en tu cabeza, en algún lugar de ella y que cuando los necesitas, los vas a buscar y los recuperas. Como cuando en Cinema Paradiso, Alfredo ponía en marcha la película. Pues eso hago con los recuerdos preciosos. Los guardo en mi cabeza y los voy a buscar para una emisión privada que solo puedo ver yo y que me traslada a esos momentos, paisajes y vivencias especiales. Como píldoras de felicidad.

ya sabes…gracias por este viaje.