Agadirs

Granero Id Aissa, en Amtoudi

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Este post nos lo envía José Javier Lanzarot y forma parte de su investigación de los graneros que se encuentran en la zona del Anti Atlas. Si queréis conocer de primera mano esta expresión ancestral de los bereberes, no dudéis en contactar con él para programar un viaje inolvidable.

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En el desierto al sur de Marruecos, entre las poblaciones de Akka y Bouzakarne, encontramos una carreterita que se interna por el Anti Atlas para llegar al oasis de de Amtoudi. Precisamente aquí, existe uno de los graneros más bonitos y mejor conservados del magrib aunque hay unos cuantos más por la zona. Se encuentra situado justo en la salida de un estrecho cañón, en una pequeña llanura entre las abruptas y erosionadas mesetas que componen esta región del anti Atlas.

Lo primero que divisamos conforme nos acercamos a este pequeño pueblo, es la imponente silueta del granero Id Aissa coronando la cumbre achatada de una alta colina rocosa, que se eleva un par de centenares de metros por encima del oasis. Es una pequeña construcción amurallada, concebida con una clara vocación de inexpugnabilidad, formando un conjunto impresionante y de gran belleza, que recuerda a las fortalezas medievales. 

Se accede al granero de Id Aissa a través de cualquiera de los dos caminos muleros que ascienden la empinada subida por ambos flancos de la montaña y se tarda unos veinte minutos en su ascenso pero cuando llegas arriba, el ver  la silueta recortada contra el cielo, merece la pena. Para entrar hay que pagar una pequeña cantidad de 40 dh por persona y luego se le da una propina al amín, el cual, aunque no habla español y a penas francés, se hace entender para explicar algunas cosas durante la visita.

Inutilizado desde hace algunos años al acabar la época de las razzias y las guerras tribales, el ighrem de Id Aissa, como la mayoría o su vecino el granero de Aguelluy, estaba abocado a una ruina lenta e inexorable. Afortunadamente, la iniciativa de los habitantes de restaurar su patrimonio artístico y cultural encontró el respaldo de las autoridades, tanto regionales como del Ministerio de Cultura, y bajo la dirección de la arquitecta marroquí Salima Naji, defensora de la arquitectura del sur marroquí. Se procedió a la restauración, tanto del granero de Id Aissa como del cercano Aguelluy, aprovechando los conocimientos de los artesanos locales, utilizando los mismos materiales originales y siguiendo las técnicas tradicionales.

Numerosas fuentes  datan su origen sobre los primeros siglos del primer milenio para fechar la construcción de la fortaleza original, que posteriormente fue objeto de múltiples añadidos y extensiones con el paso del tiempo.

Hace siglos y debido a la hidrografía del territorio, del clima y de las luchas tribales, las tribus locales bereberes se vieron forzadas a guardar sus provisiones en graneros que construían y cuidaban entre todo el pueblo. Aunque generalmente se les llama graneros colectivos o comunitarios, en realidad no se trata de que las familias pongan en común las cosechas o los bienes que tengan guardados, si no de una serie de compartimentos o pequeños almacenes individuales en el interior de un edificio que se guardan colectivamente.

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Los compartimentos fueron construidos por las familias que se quedan con la propiedad y se ocupan de la conservación aportando a la comunidad su parte proporcional para el mantenimiento de los equipamientos comunitarios. Además del guarda, llamado Amín, y que es seleccionado por los propietarios, asegurándole la subsistencia, a veces montaban guardia ellos mismos por turnos durante el día y la noche. También eran las despensas y las mujeres subían prácticamente cada día para tomar o dejar cosas. No solo los alimentos u objetos eran guardados en las dependencias, sino cualquier cosa que fuera importante como los contratos de matrimonio, compras, sentencias, etc, que eran escritas en tablillas de madera y que cada cual custodiaba.

No se llega hasta aquí tan solo para ver unos edificios bonitos que nos sorprenden al entrar, sino para descubrir que estos son la expresión de una sociedad, costumbres y leyes plasmadas en piedra y adobe, hay que entender que es una forma de vida ancestral que, aunque se va perdiendo, todavía perdura en valles y cañones del Atlas occidental. Los pocos viajeros que acceden a estos lugares podrán contemplar una forma de vida bereber desconocida en el resto del país que tarde o temprano, se extinguirá y ni siquiera quedarán los graneros para recordarla.

Pero los graneros no son el único motivo para viajar hasta este lugar lleno de belleza e historia. Pasando el pueblo de Aguelluy en un corto paseo, penetramos en un estrecho cañón donde un frondoso palmeral tapizado de huertos y frutales ocupa la estrecha franja del seco lecho del río, encajonado entre paredes verticales, a cuyos pies se establecen algunas casas de piedra, el material de construcción tradicional en la zona. Los huertos se riegan por una red de acequias que, pegadas a los muros rocosos, trasladan el agua desde las fuentes situadas cañón arriba, y la distribuyen por todo el oasis.

Continuamos por el río siguiendo los caminos que van bordeando los huertos cañón arriba y tras una hora de andar, traspasando un cerrado recodo del cañón, llegaremos a las estrechas y profundas pozas de aguas verdosas o azules según la luz, comunicadas entre si por pequeñas cascadas y toboganes angostos de apenas un par de metros. El susurro del agua en el cañón es una constante.

Otro de los atractivos que nos ofrece el lugar, son los yacimientos de grabados rupestres que se esparcen por diversos puntos en las inmediaciones de Amtoudi. Se trata principalmente de representaciones de animales propios de la sabana como leones, jirafas elefantes y antílopes, utilizando en la mayoría de los casos la técnica del punteo.

Cuando llegas hasta Amtoudi, lo mejor es aparcar en la puerta del albergue “L´ombre d´argan” donde Abdoul, el propietario os atenderá encantado Podéis hospedaros allí pues tiene dos habitaciones dobles con baño y un par más sin baño dentro. Las comidas locales que prepara, son realmente deliciosas. Recomiendo pasar una noche por lo menos para que de tiempo de verlo todo. Además, os dará la información necesaria para que lleguéis al granero y avisará al amín para que esté allí para abriros la puerta. También os conseguirá alguien que os muestre los grabados u os pueda acompañar por el lecho del río hasta las pozas.

Los graneros del Anti Atlas-los Agadirs

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Marruecos no es solo ciudades imperiales.

Marruecos no es solo el circuito de Marrakech, Ourzazate, Merzouga, Erg Chebbi.

Marruecos no es solo Tanger y Chefchaouen.

Marruecos tiene mil opciones, mil paisajes y mil cosas a ver.

Es verdad que como decía mi amigo Dani, ahora el mundo va tan deprisa que los turistas quieren conocer todo en 4 días. Y que no hay más tiempo. O simplemente, que vivimos adictos a la velocidad. Vivimos acelerados, todo debe ser ahora e inmediato. ¿Visitar Marruecos? Venga, 4 días y quiero verlo todo. Y claro, eso es imposible. Luego ya quieren otro destino porque creen que ya conocen el país. Pero Marruecos es inabarcable.

Este post se comenzó a escribir en la terraza del Café de la Post, una tarde de noviembre mientras tomabamos una cerveza con mi amigo, José Javier Lanzarot. (En realidad, no fue una cerveza porque como no comíamos nada y con la nueva normativa Covid no te pueden servir alcohol-pero eso si acaso, me da para otro post). En ese encuentro, José Javier nos explicó que llevaba meses en una especie de cruzada personal. Él se dedica a los viajes a medida en Marruecos y durante largos años ha hecho la ruta estándar y que todo el mundo que sueña con los paisajes del sur del país quiere hacer. Llegar a las dunas del Erg Chebbi. Esa tarde, nos explicaba que esa ruta circular y todo lo que hay alrededor está demasiado explotado y por tanto masificado y demasiado turístico (masificado en condiciones normales). Compartí su comentario, pero también comprendo el hechizo que produce visitar esa zona para los ojos del que lo ve por primera vez. Fue entonces cuando nos explicó que se está dedicando a elaborar una especie de catálogo de todos los graneros del sur de Marruecos. ¿Graneros? Y eso que es, le pregunté.

Y con su respuesta, mi visita a uno de de ellos, uno que se encuentra entre Tata y Guelmim, en el precioso pueblo de Amtoudi. Definitivamente debéis ir a verlos, uno, dos o una buena ruta. Ha sido uno de los descubrimientos del viaje (y ha habido muchos).

Los graneros o Agadirs son un rico patrimonio arquitectónico y cultural. Un Agadir es un granero colectivo fortificado. Muchos de ellos se encuentran en la zona del Anti Atlas, dispersos por toda la cordillera, principalmente en el noroeste de la región. Algunos de estos graneros fueron abandonados y reutilizados con otras funciones, sin embargo, muchos de ellos se mantienen en buenas condiciones, incluso, conservan una parte de su funcionalidad. Tienen vocación defensiva y de almacenamiento de los bienes (cosechas familiares, manuscritos, actas …) de una comunidad. Básicamente, es el “banco” de las tribus de Souss Massa pero sobre todo el símbolo de una organización tribal armoniosa. Cada família disponia de una pequeña habitación cerrada bajo llave que se heredaba de padres a hijos. Destaca la figura del Amin, que era el guardián del granero que abría y cerraba el granero colectivo y que accedía a los habitáculos en altura.

Gracias a José Javier visité en Amtoudi el agadir Agelluy, que está perfectamente reformado por una Organización internacional, pero bajo tutela de una arquitecta marroquí. Me quedé con ganas de visitar el otro Agadir de Amtoudi, el llamado de Id Aysa, pero ya no teníamos más tiempo. Los días de noviembre son muy cortos y la luz solar escasa. Demasiadas cosas a ver y hacer.

Durante el camino de acceso, las vistas del pueblo y del cañón son espectaculares.

En ese cañón, encontraréis piscinas naturales aptas para el baño. Un complemento ideal en verano.

El Amin nos acompañó y nos enseñó todo el Agadir explicando multitud de detalles. Sinceramente, vale mucho la pena la visita. Es uno de esos secretos que guarda la cordillera del Anti Atlas y Marruecos. No dejéis de visitar, como mínimo uno.

Si queréis saber más, contactad con José Javier Lanzarot.

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