Sidi Ifni

Sidi Ifni y la vida pequeña

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Una vez más, os voy a hablar de Ifni, de este rincón del sur de Marruecos.

A veces la felicidad es solo una suma de pequeñeces, de momentos, de risas, de miradas, de anécdotas. No grandes cosas, solo eso, detalles. Muchas veces ni sabes en ese instante que eres feliz, simplemente estás viviendo todo eso y nada más. Momentos en los que no puedes dejar de sonreir.

Sidi Ifni es mi particular lugar de la felicidad. Ese rincón del mundo, un poco aislado de todo, que no tiene casi nada, pero que me parece uno de los lugares perfectos en el planeta.

La vida en Ifni va a poco a poco, sin grandes aspavientos. Tampoco no puede ir deprisa porque no hay mucho que hacer. Esta pequeña población de pasado netamente español, es un refugio de felicidad para mí.

Como sabéis, el lugar para alojarse es la casa de Patrick, Maison Xanadú. Una casa parecida a los Riads de las ciudades imperiales, pero aquí no se llaman Riads. Solo, una casa. Esa casa, es mi casa en Ifni.

Desde aquí, vas andando a todas partes. Vas andando a la «Plaza España», o al paseo encima del mar, o a la playa, o al mercado, a los cafés, o a las terrazas donde asan sardinas.

Sidi Ifni está lleno de edificios art-deco, pero lleno. Algo inusual en esas latitudes. Pero nadie los mantiene ni los conserva. Puedes dar una vuelta por el centro admirando esas fachadas que algún día fueron y hoy solo son una sombra de ello. En Ifni, es tu imaginación la que trabaja. Tu capacidad para trasladarte a ese pasado colonial. Me imagino a los españoles de los años 40 y 50 paseando por la plaza España, pisando los azulejos andaluces en el centro y sentados en los bancos mientras la fuente borbotea agua y viven la sensación de frescor. O yendo al Cine, o al Club Twist o a los cafés. viviendo a la española cuando a escasos 10 kms de la ciudad, el mundo era totalmente distinto.

Cierro los ojos mientras me encuentro en la terraza mirando al mar desde el comienzo del paseo y puedo sentir como Ifni respira historia y olvido. Recordad que Ifni fue la provincia 51 española hasta el año 1969. Ifni es esa decadencia hermosa, como Trieste en Italia. Yo soy una enamorada de la decadencia arquitectónica y de esa “tristeza” que arrastran algunos lugares.

Si visitáis Ifni, no dejéis de ir al mercado. La zona de pescadería es una fiesta visual. Muchos de los pescados que veis ahí, son completamente desconocidos para nosotros. Pero si preguntáis, con la típica amabilidad de Ifni, os dirán exactamente como se llaman. Y con un poco de suerte, os lo dirán en castellano ya que muchos de los actuales ciudadanos tienen cierto pasado español. Muchas calles siguen estando rotuladas en español.

La zona del mercado donde puedes comer sardinas a la brasa es una delicia. De una forma sencilla degustas una docena de sardinas a la brasa con una ensalada marroquí y una hogaza de pan por solo 3 euros. Si además tu bolsillo permite un dispendio, te acercas al mercado y compras el pescado que prefieras y ahí mismo te lo asan. Tres terrazas en donde se mezcla toda la sociedad de Ifni que en algún momento del día pasa por ahí. Tenéis el parquing muy cerca y la parada de los taxis. Si tienes los ojos abiertos, desde ahí podrás darte cuenta de todos los detalles importantes del día, las transacciones de los pescadores con los dueños del restaurante, los pequeños camiones que llegan para entregar mercancía, la venta de pan…esos momentos que te sitúan realmente en Ifni.

No vengas a Ifni con prisas. Intenta pasar mínimo 2 noches. Las vas a necesitar para tomar el pulso a la ciudad. Toma un café en las terrazas, mira el lento devenir de las cosas, degusta las sardinas, quédate hipnotizado con las telas de las mujeres, con la agitación de algunos, con lo intenso del sol. Si tienes suerte, comparte con ellos una noche de Champions o solo de fútbol, en la terraza de sus bares. Las risas, las anécdotas y la vida pequeña se apoderan de ti…para siempre.

Vida pequeña=felicidad

Nota al margen: Nos cuenta Patrick, que la incidencia de la Covid en Ifni es cero. Que se ha vivido con cierta tranquilidad la pandemia. Que ha sido mucho peor la afectación de la cochinilla en las chumberas de la zona. Eso ha sido una tragedia. Desde hacía unos años, la explotación para fines comerciales de las chumberas había hecho que muchos ifneños hubiesen dedicado enormes esfuerzos económicos y personales en esas explotaciones, pero la llegada de esta plaga que ha matado casi la totalidad de las chumberas ha dejado auténticos dramas personales y colectivos. Ahora mismo, la pesca y la administración publica (hace pocos años que se creó la provincia de Ifni) son la fuente principal de ingresos de la zona.

Sidi Ifni.

Nota mental: Sidi Ifni, volveré pronto. Lo prometo. De camino a Dahkla o de camino a Sidi Ifni.

Y Arantxa se fue a Sidi Ifni

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Sifi Ifni te atrapa. Sidi Ifni es como un novio de la adolescencia, ese amor que con su ausencia te parece que no puedes respirar. Ifni es también un amor maduro, el que te hace sentirte en paz y armonía.

Sidi Ifni es todo eso, una mezcla de armonía, de paz, de relax y de pasión.

Cada año regreso a ese lugar como si fuese una promesa. Y cada año la encuentro igual y a la vez distinta. Pero siempre hermosa, lejana, etérea y viva. No os penséis, Sidi Ifni no es apta para todos los públicos. Esta ciudad no posee nada en especial, no tiene el encanto imperial de Marrakech, ni la capitalidad de Casablanca,ni el bullicio de Meknes, ni la medina de Fes, ni es la puerta del desierto como Ouarzazate ni mucho menos posee la infraestructura turística de Agadir.

Sidi Ifni es una joya para aquellas personas de corazón sensible que sepan apreciarla.

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Arantxa es de este género de personas. Y está atrapada por Ifni, que no en Ifni. Arantxa vivió unos años en Marrakech, conoció el estrés, la polución, el bullicio, el caos, el encanto extraño de esta ciudad y amó Marrakech como casi nadie. Abrió una tienda en el corazón de la Medina y se convirtió en una Marrakchia 100%. Pero amigos lectores, al final esta ciudad acaba con todos nosotros. Tanto amor al final no siempre es recompensado. Agota, estresa, te deja sin aliento, sin fuerzas. Arantxa conoció Sifi Ifni y allí se fue.

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Arantxa vive en Sidi Ifni y es feliz. Pasea por sus hermosas calles azules y blancas, se sienta en los cafés donde los hombres se saludan medio en español medio en árabe. Compra el pescado fresco en el mercado, saluda a sus vecinos, vive entre ellos, saborea el ritmo de vida pausado que ofrece Ifni. Sabe que Ifni tiene historia y que vive entre estos rincones. Este pasado español tan intenso se siente en las costumbres y en el día a día. Cada noche, cuando el sol ya está del otro lado, los ifneños salen a pasear. Desde la antigua plaza España hasta la barandilla (como llaman al paseo delante del mar). Creo que pasean para verse, para saber que están todos ahí. Todo el mundo en Sidi Ifni pasea al atardecer. Me da la impresión que si no estás, te ponen falta.

Arantxa no se siente extraña aquí. Está en su casa, la casa que ha escogido para vivir. Ella es una artista y los artistas no se contentan con poco. Respira ese aire pacífico de la ciudad que muestra orgullosa sus jardines perfectamente cuidados. Observa la playa de Ifni llena de vida,  chicos jugando al futbol, grupos de jóvenes bañándose todos juntos para evitar sobresaltos con ese Océano furioso, surfers noveles y experimentado que perfilan las olas. Sifi Ifni le ha acogido con los brazos abiertos y ya ha abierto una nueva tienda ahí. Sus creaciones de bolsos, camisas, pañuelos, joyas, pequeños muebles tienen el sello inconfundible de su pasión.

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Ella se fue de Marrakech, cerró un capítulo de su vida y a su vez nos dejó un poco huérfanos de ella. Pero tiene una larga lista de amigos aquí que van a visitarla y que quieren compartir con ella esa ciudad y ese dulce transitar de sus gentes. Pero sobre todo disfrutar de su compañía y de su sonrisa medio tímida y franca, de esa naturalidad tan característica de ella, de su bonhomía innata y de  su mundo particular tan divertido y surreal. Ella es única.

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Deseo que seas muy feliz en Sidi Ifni, espero verte mucho por ahí y que me expliques cosas de ese lugar del que me reconozco profundamente enamorada.

Arantxa Muñoz

http://www.arantxamunoz.com/