Elecciones legislativas Marruecos

¿ Porqué ha ganado el PJD ?

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Los resultados definitivos de las elecciones legislativas en Marruecos confirmaron la aplastante victoria del Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD).

Varios observadores han interpretado esta victoria como un efecto moda generado por el éxito de Ennahda en Túnez. No obstante, la amplitud de esta victoria supera el simple efecto moda. Sobre la base que escribe Hicham El Moussaoui, analista político, voy a intentar desarrollar las otras razones que pueden justificar los votos a favor del PJD de los electores marroquíes.

Como he dicho, se podría pensar que el éxito se basa en un efecto moda a raíz de la primavera árabe, que vio nacer un islamismo político como una fuerza alternativa y con la cual era necesario contar. Es cierto que el éxito del “modelo” turco, combinado con el  éxito de Ennahda en Túnez y la futura aparición de los hermanos musulmanes en Egipto, hicieron perder el miedo a los electores marroquíes. No obstante, la amplitud de la victoria del PJD (más de un cuarto de los escaños), en un país que no se encontraba en una órbita revolucionaria, sino más bien “evolucionaria” ( a diferencia de Ennahda en Túnez y a los hermanos musulmanes en Egipto ), hace pensar en la existencia de otras motivaciones detrás de la elección de los electores de votar PJD.

A primera vista, se trata de un voto-sanción al Gobierno saliente,  sobre todo después del muy pobre balance de los partidos del Koutla (Unión Socialista de las Fuerzas Populares USFP, Partido para el Progreso y el Socialismo PS y el Partido del Istiqlal IP) que han estado administrando los asuntos del país desde 2007. El problema del desempleo, la pobreza, la corrupción y las desigualdades sociales terminaron ciertamente por exasperar al marroquí. Los electores perdieron confianza en los partidos políticos que representan ( bajo su punto de vista )  al Status quo y a los miembros del aparato del palacio a los que consideran responsables del subdesarrollo del país.

Además, los cargos electos del PJD hicieron valer su “virginidad” política (ninguna participación gubernamental anteriormente) y su moralidad, explotando su referente islámico para vender una determinada probidad buscada por los electores. Electores escaldados por décadas de corrupción y de nepotismo – sin hablar de falsas promesas. El PJD presentó un grupo de cargos electos menos expuesto y aprovechó del desgaste de los del equipo saliente y los otros partidos. El PJD representaba la alternativa menos corrompida a los ojos de los electores marroquíes, que decidieron intentar la experiencia y dar la oportunidad a una nueva alternancia, esta vez emanada de la voluntad popular.

Por otra parte, los candidatos del PJD hicieron valer la lucha contra la corrupción como su principal credo. Un mensaje que encontró un amplio eco en los electores. La simplicidad fue un factor determinante en la eficacia de su campaña electoral. Los representantes del PJD, desde su creación, adoptaron un discurso simple y próximo a las preocupaciones diarias de las distintas existencias de la sociedad marroquí. Supieron comunicar con la mayoría de los ciudadanos evitando lenguajes  plagados de ideología y de jergas técnicas como hacen los otros partidos. Esto siempre es percibido por los ciudadanos como un esnobismo político y social. Al contrario,  se basaron en un discurso edificante de la vida política con referencias y símbolos religiosos, e hicieron evolucionar su discurso evitando condenar los Festivales Musicales o los conciertos de Shakira. Prometieron no prohibir el alcohol, pero insistieron para que la libertad de conciencia no figure en la nueva Constitución aprobada por referéndum en julio. Declararon  no querer inmiscuirse en la vida privada del marroquí, alegaron su voluntad de restablecer la justicia social, de luchar contra la corrupción y de combatir la economía de ingresos sabiendo que la lucha contra el mal Gobierno era la principal pretensión de los manifestantes marroquíes.

En fin, el éxito actual no es el resultado de una campaña de algunas semanas, ni siquiera de unos meses. Este éxito es el fruto de varios años de trabajo in situ. En este sentido, el partido islamista ha sabido construir una base popular sólida gracias a sus obras sociales y de caridad. Al ocupar el terreno social olvidado por el Estado, supo consolidar un vivero de voces agradecidas. Esta estrategia social de proximidad ya demostró su validez en otros países, tanto en Palestina ( con Hamas ),  como Ennahda en Túnez. Sin olvidar que los pjdistes están participando activamente en la gestión del país a nivel local desde hace más de 11 años. Su balance local, a pesar de algunos casos, es muy apreciado por los ciudadanos que viven en  los municipios y en  las colectividades administrados por los cargos electos del PJD. Argumento que les fomentó a votarles en las Legislativas. Eso explica en gran parte la solidez de su base electoral, que por término medio les ha permitido  mantener  500.000 votos desde 1997, contrariamente a los otros partidos dónde la estrechez de su base los vuelve más vulnerables a los hechos coyunturales y a los cambios  de opinión.

Y tampoco no debe olvidarse que el PJD ha hecho una campaña moderna haciendo buen uso de las nuevas tecnologías de la información, como han sabido hacer las rebeliones árabes esta primavera. Contrariamente a los otros partidos, no se limitaron a las reuniones populares tradicionales y a la distribución de los folletos sino  que utilizaron Internet y las redes sociales para difundir su mensaje y llegar a  otras franjas de electores ( en particular, los jóvenes). Recordemos que el PJD es el partido que dispone de más presencia en la Red y que es el único que tiene una radio en Internet.

Tal vez, los electores marroquíes han querido enviar una señal a la clase política en general, para hacerles saber que no están de acuerdo con que la práctica de la política sea heredada, reinstalada o que sea solo un juego entre “notables”.

Ahora solo queda saber si…

¿El PJD estará a la altura de la confianza del pueblo marroquí? El tiempo lo dirá.

Elecciones legislativas en Marruecos

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Marruecos se juega su credibilidad política en las elecciones legislativas del próximo viernes si la participación no alcanza o supera el 37% de los comicios del 2007.

Las elecciones fueron adelantadas 10 meses por el Rey respecto a la fecha prevista. Estos comicios se celebran en unas condiciones peculiares respecto a otras citas con las urnas. Las primaveras árabes han llevado a un otoño caliente, que puede ser un invierno gélido en países como Siria, Egipto o Yemen. Las legislativas son el colofón de un proceso de reforma constitucional puesto en marcha por el propio Mohamed VI y aprobado en julio pasado.

Aprisa y corriendo se ha formado una coalición contranatura de ocho partidos (el G-8) para hacer frente a los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) que, temen, ganarán los comicios. La abstención también será la clave para saber el poder de convocatoria de la heterogénea oposición del Movimiento 20-F (desde el islamismo de Justicia y Caridad hasta los comunistas) y que llama a la abstención.

Gane quien gane, la ley electoral está hecha para que nadie obtenga una mayoría que le permita gobernar en solitario, sino que necesite buscar apoyos en otras fuerzas políticas. Así lo advierten fuentes oficiales. “Es un signo de la buena salud de la democracia marroquí“, añaden.

Hay un paisaje político balcanizado; sólo en Tánger se presentan 22 listas“, explica Abdel Ilah Abbad, periodista independiente que escribe el blog Marocution. “Aquí –asegura– las coaliciones no tienen candidaturas únicas y los problemas de protagonismo ya empiezan durante la campaña. Si ganan se pelearán por ocupar las carteras ministeriales“.

Varios analistas marroquíes coinciden en señalar que esta ha sido una coalición “inducida desde arriba“, como lo fue la formada por Fuad Ali al Himma, el brazo derecho del rey, en las anteriores elecciones legislativas.

Las últimas reformas políticas se pusieron en marcha como un intento de Mohamed VI de evitar que la primavera árabe marroquí, el Movimiento 20-F (así llamado porque la primera gran manifestación de protesta se produjo el 20 de febrero pasado) se le fuera de las manos. El monarca alauí no hizo ninguna mención al 20-F en su discurso del pasado 9 de marzo, cuando anunció la sexta reforma de la Constitución. Para llevarla a cabo nombró una comisión en la que había, entre otros, figuras destacadas del mundo académico, jurídico y político. Según declararon en su momento algunos integrantes de dicha comisión, habían trabajado con total libertad, sin limitación alguna.

Una parte de la oposición, sin embargo, no tiene duda alguna de que no hacía falta que esos límites fueran explícitos. “El PJD puso como condición que no se tocara el estatuto de la mujer, que no se le dieran más derechos, como la igualdad ante la herencia, porque procedían de la charia. Y que nada de laicismo“, afirma un profesor.

El laicismo es incompatible con la encomienda de los creyentes, no es posible en Marruecos“, declaraba Lahcen Daudi, secretario general adjunto del PJD en la publicación La Vie économique del pasado 11 de noviembre. Como dice Daudi, el rey sigue siendo el comendador de los creyentes, el líder religioso de los marroquíes, que acumula, además, enormes poderes políticos. La monarquía sigue reservándose el control directo de carteras ministeriales fundamentales, como Interior, Defensa o Justicia.

La economía marroquí cuenta, en estos momentos, con una mala salud de hierro. Los campos secos se han visto aliviados con las intensas lluvias de estos últimos días, algo que es buen presagio para una economía tan dependiente del sector agrícola como lo es la marroquí.

La crisis financiera aún no ha afectado directamente al país, que, al contrario, hasta ahora se ha visto más bien beneficiado por el traslado de parte de la actividad de numerosas empresas extranjeras. La burbuja inmobiliaria, sin embargo, da signos de empezar a desinflarse. El problema será que explote.

Fuente: El Periódico de Catalunya