hammam

Experiencia sensorial

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BainsAlhambra

Hace poco, alguien me dijo que Marrakech era superficial. ¿Superficial? Si algo no es Marrakech es eso. Y por muchos motivos. Pero hoy no voy a desmontar esa afirmación con mil argumentos. Tal vez mañana o nunca. Que cada uno valore si Marrakech es superficial o no. Para cada uno de nosotros será lo que quiera que busquemos.

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Hoy solo quiero sumergirme en una experiencia sensorial. Me voy al Hammam Les Bains de l’Alhambra para que me mimen. Un baño turco en donde me enjabonan delicadamente con el jabón negro marroquí para limpiar mi piel de polución. Luego un gommage enérgico para eliminar la capa de piel muerta de mi cuerpo. Más tarde una mascarilla corporal de argila y descansar el alma en el baño de vapor. Me duchan y me lavan el cabello.

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Salgo para relajarme en la zona Chill-Out y mientras me hacen un masaje de pies noto que me aplican una piedra helada por el rostro mientras con una toalla humedecida en aromas exóticos me tapan el rostro para que mis ojos descansen. Una humeante taza de té me acompaña en esos momentos de introspección. Ya comienzo a no pensar en nada. Solo escucho a mi cuerpo en silencio. Casi nada ocupa mi mente, casi nada que no sea mi bienestar. Afuera queda el trabajo, las preocupaciones, el estrés. Dentro solo yo conmigo misma. Y aún queda un masaje relajante de 1 hora, en donde te abandonas del todo. Cierras los ojos y te relajas. Y tu cuerpo va desapareciendo. Ya no lo siento. Ligereza es la palabra que acompaña mi viaje de una hora. No sientes nada. Es casi el nirvana.

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Pero todo en esta vida acaba, y sales al exterior. Mi cuerpo y mi alma han vivido una experiencia sensorial. Mis sentidos han recibido estímulos. Olores, tacto, texturas, gusto, sonidos e imágenes. Como todo en la vida, depende de la capacidad de abstracción que puedas tener. De tu capacidad para sentir, para dejarte llevar.

Marrakech es superficial dijo él. Sí, seguro.

Les Bains de l’Alhambra-Spa en Marrakech

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Cada día, los clientes del Riad nos piden conocer un Hammam de Marrakech, disfrutar de una experiencia especial. Yo creo que la experiencia de un Hammam en la ciudad ocre se puede vivir en tres dimensiones distintas:

  • Hammam tradicional. Donde van los marroquíes. Es una experiencia interesante, aunque la verdad un poco excesiva para nuestro concepto de limpieza y pudor.
  • Hammam híbridos entre tradicional y Spa. Sería el caso de un Hammam marroquí con atributos europeos como el Zianni. Donde a precios pseudo-europeos disfrutas de un baño turco, gommage, jabón negro y masaje. Todo ello en un entorno austero, pero agradable y un poco masificado. Sinceramente es una aproximación a un verdadero Hammam marroquí pero con los cánones de limpieza y bienestar parecidos a los nuestros.
  • Y por último, el Hammam-Spa. Los dos ejemplos más significativos en la ciudad son Les Bains de Marrakech y Les Bains de l’Alhambra. Son conceptos de Hammam-Spa de lujo.

Mi favorito ? Les Bains de l’Alhambra.

Un lugar cerca de las tumbas saaditas, en un pequeño Derb se abre una puerta silenciosamente. Al atravesar esta puerta, entras en un mundo de sentidos. Ya solo entrar, una luz tenue y un aroma de esencias embriagadoras te hechiza completamente. Comienzas a sentir paz solo al hablar con la recepcionista. Uno de los éxitos de este Spa es el conseguir una total relajación de los clientes, todo está pensado en ese objetivo …la decoración, los olores, la música, los cientos y miles de petalos de rosas que acompañana tus pasos.

Puedes realizar muchos tipos de tratamiento, pero yo casi siempre pido uno de los packs Alhambra, para disfrutar de todo el ritual. Te cambias en un coqueto vestidor, donde te despojas de todo lo superfluo, la ropa, el bolso, los zapatos…una vez con tu albornoz, te acompañan hasta el Hammam. En esa maravillosa sala con cúpula, sientes un calor que te arropa, y después de unos minutos de reposo donde notas que tu piel está preparada para los mimos, aparece nuestra “enjabonadora”. Delicadamente nos enjabona toda la piel con el jabón negro, para después lavarnos el cabello con un champú de limón. Todo eso, sentados o estirados en el banco del Hammam. Una vez limpiados con el agua reparadora, seguimos tumbados allí mientras nuestra piel va preparándose para el Gommage. Con un guante de crin, nos arrastran todas las células muertas que nuestra piel haya podido ir acumulando. No dejamos un centímetro de piel sin gommage. La piel muerta se va eliminando y comienzas ya a notar, que tu “nueva piel” es más suave y tersa. Una vez, nuevamente duchados y limpios, pasamos a la sala de relax.

Nos tumbamos en una sala hermosa, con luz tenue y nos ofrecen un delicioso vaso de té…mientras lo degustamos, nos masajean los pies y contemporáneamente con un roll-on frio nos refrescan la cara, comenzando con la frente y acabando en el mentón. Una toalla con eucaliptus nos relaja el rostro mientras finaliza el masaje de los pies. A partir de aquí, vamos a una cabina a disfrutar de un masaje de 1 hora…un masaje relajante que consigue que te olvides del mundo. Cada vez que voy, siento que el masaje es el mejor que he recibido nunca…y creo que así es. Cuando finaliza el masaje, ya sientes que los pies no tocan al suelo, casi podrías decir que levitas. Piensas que ya se ha acabado todo, pero no…aún disfrutas de un baño con miles de pétalos de rosas en unas bañeras de tadelak. Puedes disfrutar en pareja de las bañeras, sumergido en ellas piensas que nada malo puede pasarte. Que la felicidad existe en un rincón de Marrakech

 

Les Bains de la Alhambra

Kasbah, Derb Rahala 9.

40.000 Marrakech-Medina

Telf: +212 (0) 524 3863 46

Hammam, el placer de los sentidos

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En plena Edad Media , cuando la España cristiana atravesaba un periodo de oscurantismo en el que ni siquiera se planteaba ningún tipo de higiene y mucho menos la personal, la Córdoba musulmana contaba con más de seiscientos baños árabes públicos.

Herederos de las termas romanas, algunos eran muy humildes y económicos; otros, todo un lujo para sibaritas. Sus muros estaban alicatados y sus estancias separadas por arcos y columnas; los techos, abovedados y con claraboyas. No solo servían como lugar de descanso, sino también de reunión social y política.

Algunos tratados de la época muestran el refinamiento de nuestros antepasados andalusíes, describiendo con todo tipo y detalles sus costumbres higiénicas y la moda de sus gustos personales, como eran el uso de pasta dentífrica, cremas depilatorias, aceites y espumas aromáticas con esencia de almizcle, jazmín o violeta.

Quizá sin tanta sofisticación, e independientemente de que las viviendas dispongan o no de confortables bañeras, los marroquíes acuden todavía con gusto y de manera periódica al hammam. El origen de esta antigua costumbre popular seguramente proviene de las recomendaciones que en cuanto a la higiene y a las preceptivas abluciones, el Islam supo siempre inculcar, ya que, según reza un hadith del Profeta: “la higiene es una manifestación de la fe”.

Así, limpiar y cuidar el cuerpo, además de ser una practica placentera, también es un acto de fe, en el que el agua se convierte en la manifestación generosa de lo creado y elemento purificador del cuerpo y del alma.

Para el mundo islámico el agua es un don divino, pero también significa la sabiduría profunda y la pureza, la bebida por excelencia que apaga la sed del alma.

Por todo ello el hammam se convierte en pasaje obligatorio para los grandes eventos de la vida: el nacimiento, la circuncisión y el matrimonio.

Los marroquíes están convencidos de que a los genios (yenun) les gusta habitar donde hay abundante agua, y por tanto, que en los hammam hay genios que se apoderan de quienes vienen a molestarles de modo insolente. Por ello, cuando una recién casada, una parturienta o un recién nacido acuden a estos baños públicos para cumplir con el ritual, se encienden velas y se gritan “yu-yus”, invocando el beneplácito de los yen.

En Marruecos cada barrio tiene su hammam, que generalmente comparte fuego y caldera con un horno anexo de pan. Hay días y horas reservados de manera alterna solo para mujeres, o solo para hombres. Actualmente existen también Hammams “turísticos” especialmente indicados para experiencias a la europea.

En algunas regiones o entre las familias mas tradicionales, el hammam, es especialmente para las mujeres, una de sus distracciones favoritas y todo un ritual generador de belleza y sensualidad, que tiene sus propias normas.

Generalmente acuden en grupo, cargadas hasta los topes de utensilios personales, con sus hijos pequeños y acompañadas de alguna pariente o amiga. También los hombres se hacen acompañar, aunque, sin duda, más ligeros de equipaje.
En este sentido, el hammam resulta el espacio adecuado para introducir a los niños en la educación sexual, familiarizándose desde muy pequeños con el cuerpo humano, sin los tabúes que en general se observan en otras religiones.

Al tiempo, es el lugar donde mejor se desvanece cualquier desigualdad de índole social.
El hammam es un lugar en el que los hombres, reunidos, se parecen todos, ya sean criados, ya sean señores. El hombre se codea con gentes que no son sus amigos, y su enemigo puede ser su compañero.

En las viejas medinas todavía se mantiene en funcionamiento alguno de estos baños de arquitectura tradicional, revestido por completo del zellig (azulejos), con una fuente central de la que mana agua.

Están formados por tres salas correlativas, que van sumergiendo al bañista de manera paulatina en diferentes temperaturas ambientales, cada vez más elevadas. En la última de las estancias, una pequeña alberca recibe un chorro de agua en ebullición junto a otro de agua fría, que hacen rebosar el nivel de las misma.

El truco, si es que lo hay, consiste en verter un cubo de agua caliente sobre las diferentes partes del cuerpo hasta que se dilatan los porros de la piel y, antes de aplicar cualquier tipo de gel o jabón, restregarse bien con una esponja rasposa o una piedra pómez para eliminar las toxinas muertas. Los goterones de sudor resbalaban abundantes y a veces se hace necesario un poco de agua fría.

Unos a otros , los usuarios del hammam se masajean y frotan la espalada hasta casi irritar la epidermis, compitiendo en brío. Y es que a los marroquíes les va la honra en ello. Todo siempre en un ambiente de recatado pudor, que en principio no permite exhibirse más allá de la discreción.

Existe además un personal que asiste a los bañistas, si estos lo desean, frotándoles o masajeándoles. Las tayabastes a las mujeres; los kiyassas a los hombres.

Tanjia Marrakchí, una receta masculina

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La Tanjia es el plato emblemático de Marrakech. Seria a Marrakech, lo que la bullabesa es para Marsella,  el fricandó para Barcelona o el cocido madrileño para Madrid. La receta es muy simple, pero os debo decir, que es un plato cocinado exclusivamente por los hombres. La cocción es todo un poema. Es necesario llevar la jarra de terracota al “farnatchi”, el horno de leña que calienta los Hammams tradicionales, que se encuentran en cada barrio de la Medina. Debe cocer durante horas y horas debajo de las cenizas calientes y nunca en contacto directo con el fuego…es verdad que puede usarse, perdiendo la parte poética (y también un poco de sabor), la olla a presión o el horno eléctrico, ahorrando tiempo de cocción.

Erase una vez en Marrakech, hace mucho tiempo, un hombre y una mujer que pasaban el tiempo gritándose e insultándose. Un día, en el curso de una discusión, la mujer le gritó a su marido: “tu gritas, gritas, pero nunca podrías estar sin mí. Si yo no estuviese siempre aquí, no serias capaz ni de prepararte un plato de comida”. El marido afectado con este ataque insidioso, se prometió a si mismo encontrar una solución. El verdadero problema era que realmente de cocina no sabía nada, pero no se dejó desanimar (el honor de todos los hombres del Reino estaba en juego ). En ese momento,  cogió todos los ingredientes que encontró en la cocina, los mezcló todos en una jarra y se dirigió al horno del Hammam ( porque obviamente no se veía capaz de usar el horno tradicional – el canoun). Así nació la Tanjia y desde ese día, solo los hombres de Marrakech preparan este plato extraordinario, para demostrar a sus mujeres que pueden estar sin ellas ( una leyenda que aquí se explica continuamente ).

Muchos Marrakchís añaden nuez moscada a los ingredientes tradicionales. La nuez moscada tiene un efecto alucinógeno si se usa en fuertes dosis, así que no os explico lo que sucede después de las comidas ! una especie de “space Tanjia” por llamarle de una forma fashion. Es verdad que los Marrakchís se sienten muy ligados a la Tanjia, aunque no sea un plato de fiesta, si no más bien es un plato de amistad. Los artesanos, los compañeros del despacho o los estudiantes, la preparan habitualmente cuando comen juntos…preferentemente para comer al aire libre, a la sombra de un naranjo o en cualquier jardín de la ciudad. Es un momento de amistad íntima, de confidencias, seguramente “machistas”, que podríamos comparar a nuestro aperitivo después del trabajo o a la cena íntima cuando se está en plan confesiones.

Si…exacto, es un plato que se parecería a la ciudad y a sus habitantes: elaborada y ligera, especiada y dulce, rústica y refinada. Como Marrakech…. es un plato que necesita su tiempo y nada recomendada para personas con prisas.

Ingredientes: Carne de cabrito o cordero , 4 dientes de ajo, 1 cucharada de comino, 5 pistilos de Azafrán, 1 limón confitado, Ras-el Hanout ( un mix de 20 especies que encontrareis en cualquier negocio de alimentación étnico-1 cucharada sopera colmada), aceite de oliva ( 1 taza de café ), 100 gramos de manteca ( si es posible, rancia ), y agua ( 2 vasos ).

Preparación: lo primero será ( preferiblemente la noche anterior ), poner a marinar la carne ( algunas horas) con la sal, el comino, el azafrán y el Ras el-hanout y un poco de agua. Se añaden los 4 dientes de ajo, un vaso de aceite de oliva, el limón confitado a trocitos y un poco de manteca rancia ( aunque también sirve la mantequilla normal ). Introducir los ingredientes en la jarra, cubrir con agua y cerrar con papel especial. Agujerear el papel con la punta de un cuchillo y fijarla con alambre. Cocer, preferiblemente debajo de las cenizas durante 4/6 horas ( dependiendo de la cantidad de carne ). Si queréis prepárala al horno, introducir la jarra en el horno ya pre-calentado a 220º durante 3 horas. La preparación es fácil, como podéis constatar.

Nada que un hombre no sea capaz de preparar !!!!! Buen apetito !!!!