Medina de Marrakech

La Medina es una gran puerta…

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Puertaskech

La medina de Marrakech se asemeja a una gran puerta. Una puerta tras la cual, se encuentra el TODO. La belleza, la magia, el hechizo, tal vez tú mismo. Una puerta en apariencia sencilla, de madera, monocromática o tal vez alegremente pintada pero en ningún caso te puedes imaginar lo que esconde detrás.

El embrujo de las puertas de Marrakech se debe a aquello que esconden tras de ellas, solo con ojos curiosos y mente abierta te atreves a alargar la mano para abrir una de ellas. Oda a los Riads.

Extracto de “LAS VOCES DE MARRAKECH” de Elías Canetti

“Para tener confianza en una ciudad extraña se necesita un espacio cerrado sobre el que ostentar un cierto derecho donde se pueda estar solo cuando el barullo de voces nuevas e incomprensibles aumente. Ese espacio ha de ser silencioso: nadie debe vernos cuando nos cobijamos en él, nadie cuando lo abandonamos. Lo más hermoso es escabullirse en un callejón sin salida, permanecer de pie frente a un portal del que se posee la llave en el bolsillo, y abrir sin que mortal alguno pueda oírlo.

Se accede al frescor de la casa y se cierra la puerta. Está oscuro y por un instante nada se ve. Se siente uno como los ciegos de las plazas y callejas que hemos abandonado. Pero pronto recuperamos la luz.”

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La Medina de Marrakech sin motos

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Gran iniciativa del Ayuntamiento de Marrakech. Desde hace escasamente dos meses iniciaron una campaña para erradicar el uso de las motos ( y las bicis ) por los zocos de la Medina, sobre todo en los más transitados por peatones. Barreras y señales cada 20 metros avisan a los usuarios de motos y bicicletas que está prohibido circular por las callejuelas.

Parecía un milagro que consiguiesen concienciar a los motoristas que evitasen pasar por el medio de las cantidades de turistas y autóctonos que caminan por las estrechas callejuelas de la Medina. Los motoristas se creían que eran los dueños absolutos de los zocos, y no solo iban a velocidades elevadas teniendo en cuenta en donde se encontraban sino que iban haciendo sonar el claxon a más de 50 metros de tu espalda haciéndote ver que te apartases que ellos llegaban, tal era su “prepotencia” en los zocos. Nadie dudaba de su supremacía enfrente de los peatones, aunque todo el mundo era consciente que el estrés que creaban y los múltiples golpes, rascadas y empujones recibidos debía finalizar. Al final, parece que se ha conseguido, que las motos ya no circulan por los derbs y que solo los peatones caminan por los zocos de la Medina.

¿Será verdad? Deseo que sea así para convertir la Medina de Marrakech en un lugar para caminar y para disfrutar sin estar pendientes de que te atropellen a cada paso.