moroco

Pequeño seismo en Telouet

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Una sacudida telúrica de 3,3 grados de magnitud sobre la escala de Richter fue registrada, el martes, en la provincia de Ouarzazate (sur), indicó el Instituto Nacional de Geofísica (ING) que depende del Centro Nacional para la Investigación Científica y Técnica (CNRST).

El epicentro de la sacudida, registrada a las 21H48, está situado en el Término Municiapl de Telouet, precisa un comunicado del Centro. 

Con Niqab no hay Ginecólogo

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La negativa a retirarse el niqab, la prenda que cubre toda la cabeza menos los ojos, para identificarse ha hecho que la tunecina residente en Vitoria Nadia Chahbi no pudiera acudir al ginecólogo. Dispuesta a denunciar al médico de familia que rehusó facilitarle un volante para el especialista si no se descubría, Chahbi presentó una denuncia, pero la jueza exigió que se descubriera al declarar. Como Chahbi se negó, la denuncia fue retirada y la mujer, embarazada, se quedó sin ginecólogo y sin juicio.

La historia comenzó el pasado 4 de junio cuando la joven de 25 años, y residente en Álava desde hace tres, acudió a un ambulatorio de la capital alavesa y pidió ser atendida por el jefe de la Unidad de Atención Primaria. Dada la aparente urgencia de la joven, se accedió a su petición.

Ella relató las circunstancias de su embarazo, considerado de alto riesgo, y solicitó al médico un informe y un volante para ser atendida en el servicio de ginecología. A partir de ahí, las versiones difieren. La de Nadia Chahbi es que el facultativo le exigió retirarse el velo para ver su cara y comprobar la identidad, a lo que ella se negó, mientras que fuentes del ambulatorio precisaron que el médico rechazó extender el informe porque la joven no está adscrita a ese centro.

Poco después, Nadia Chahbi regresó al centro acompañada de su marido quien, a gritos y visiblemente enfadado, exigió ver al médico, llegando a aporrear su puerta mientras atendía a otro paciente. El altercado acabó con la intervención policial y un largo atestado con tres denuncias: la de Nadia Chahbi contra el facultativo; la de este contra la pareja por amenazas, y la de la policía contra el matrimonio por insultar a los agentes.

Estos hechos motivaron un juicio de faltas que se vio el martes en un juzgado de Vitoria y en el que la denuncia de la mujer fue desestimada por su reiterada negativa a declarar sin niqab después de que la jueza se lo solicitara tres veces. La joven se negó por «motivos religiosos» y pidió declarar sin público y sin velo. La jueza se negó y pidió a la denunciante que abandonara la sala.

Abren TODOS los Aeropuertos de Marruecos

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Marruecos reabrió el tráfico aéreo la pasada medianoche en los once aeropuertos que habían suspendido temporalmente su servicio, como consecuencia de la nube volcánica. Esta misma noche, las autoridades habían prolongado hasta las siete de la mañana del miércoles (08.00) el cierre de los aeropuertos de Casablanca, Rabat, Tánger, Tetuán, Agadir, Guelmim, Esauira, Fez, Alhucemas, Nador y Tan Tan, algunos de los cuales llevaban cerrados desde ayer por la mañana. La Dirección General de la Aviación Civil marroquí había adoptado esa medida para garantizar «la máxima seguridad a los pasajeros», tras constatar que la ceniza procedente del volcán islandés en erupción Eyjafjalla había afectado por primera vez parte del espacio aéreo marroquí.

Marrakech busca la FORMULA1 ?

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Con ocasión de la segunda edición de la RACE MOROCCO ( del 30/04 al 2/05 ), pilotos y campeones internaciones se dan cita de nuevo para hacer vibrar la villa Ocre.

Aviso urgente a todos los fans del Automóvil. Después de una primera edición exitosa, Marrakech se prepara para una nueva edición del Gran Premio RACE OF MOROCCO. Este año, el acontecimiento está marcado por la participación de estrellas del circuito, como Yvan Müller, Alessandro Zarnadi, Andy Priaulx y sobre todo, el gran campeón marroquí Mehdi Bennani. Un piloto que es una celebridad en el país, porque el pasado año ganó  en la categoría de independientes….en un país sin demasiada historia automovilística.

Este año el circuito conocerá algunas modificaciones, realizadas a fin de dar más espectacularidad a la prueba y sobre todo porque en Marrakech se espera que el éxito de este acontecimiento sea un verdadero trampolín para disponer de un premio de la Formula1….algún dia.

Al volante de estos coches de 48 caballos, muchos de estos futuros campeones (tal vez de la Formula1), descubrirán el nuevo trazado. Entre ellos, Julien Jousse que ya está anunciando un espectáculo grandioso a más de 300 Km/hora a los pies de las murallas de Marrakech.

Otra novedad, será la SEAT EUROCUP. Esta fórmula mono-tipo, muy conocida en Europa y compuesta por 33 coches, ofrece un entusiasta espectáculo.

Serán en total, más de 20 horas de carreras y pruebas, y un campeonato de coches de velocidad (WTCC) de la Federación Internacional de Automóviles (FIA). Pero no será todo, pues este año el público podrá acceder al circuito a partir de 20 Dh….un precio increíble !!!!!! Para disfrutar no solo de las carreras y del motor…sino también de conciertos de música gratuitos además de fiestas de todo tipo.  Marrakech, de nuevo en el punto de mira internacional !!!!! Esto es un no-parar……

Infos:

COMPRA DE TIQUETS: Boutique Oficial RACE OF MOROCCO. Abierto de lunes a domingo de 10 a 19 horas. 47, Avenue Mohammed V. Guéliz. Marrakech.

Venta online: www.marrakechgrandprix.com

Race Calendar 2010
16-18 Apr  Silverstone
30-02 May Marrakech
21-23 May Monza
18-20 Jun Zolder
02-04 Jul Algarve
16-18 Jul Brands Hatch
30-01 Aug Brno
03-05 Sep Oschersleben
17-19 Sep Valencia

Kenzo y Marruecos

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Me ha impresionado mucho la nueva campaña P/V 2010 del gran KENZO (diseñada del increíble italiano Marras). A veces delante de la belleza, uno se siente pequeño…y estas fotos son realmente impresionantes y hermosas. Solo con una breve mirada, he reconocido los colores de Marruecos. Los colores del zellijg más puros, que se admiran en los palacios históricos, en la Medersa en las casas comunes, de la gente humilde. Una humildad que a veces tiene un style-life, un estilo de vida, impresionante, y que forma uno de los más grandes decorados del mundo. Veo en estas imágenes todo el esplendor de Marruecos, la fascinación de ciertos ambientes, áridos y luminosos, a veces opulentos, incluso lujuriosos. La alegría de estas estampas me transportan a un mundo hecho de tradiciones, de cultura, de hospitalidad y de riqueza interior que en Marruecos son parte indiscutible de un art de vivre, imprescindible en el mismo valor  de la gente, del pueblo raso, que vive con muy poco pero da mucho.

WTCC Marrakech 2010

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Este año el Gran Prix Automovilístico de Marrakech se celebrará del 30 de Abril al 2 de Mayo. En un programa de 20 horas de competición y pruebas, un Campeonato del Mundo de coches de turismo ( WTCC ) de la Federación Internacional de Automóviles (FIA), la Fórmula 2 que es la verdadera antecámara de la F1, y además la SEAT Eurocup Formula monoplaza, que contará con 33 vehículos, y mucho más según la revista de prensa de la Organización.

Se ha previsto un gran espacio para esta edición 2010 con fiesta popular, entradas a partir de 20 Dh !! (dos euros aprox.). En el apetitoso menú están previstos conciertos de música rock, fiestas y ferias. Uno de los aspectos más destacados, es  que por primera vez en la historia, el piloto marroquí Medhi Bennani ( muy popular aquí ) tomará parte en el Campeonato Mundial. Sus prestaciones en el 2009, en la categoría independiente, han sido óptimas y ha fregado el primer puesto. Este año no saldrá en el Seat León pero si sobre un BMW32OS. La escudería alemana Wiechers-Sport cree firmemente en este joven piloto, que vive todavía bajo el efecto de su premio en el Trofeo Yokohama Independiente 2009. Junto a Bennani, las estrellas del circuito WTCC serán; Yvan Muller, Alessandro Zarnardi y Andy Prialux. Cuando tenga otras news interesantes, os mantendré informados. Este año una gran kermesse internacional y de prestigio está aterrizando en Marrakech….Marrakech en el mapa Internacional !!!!!!

El slogan de la prueba….el Marruecos que ruge !!!!!!!

La Plaza Djemaa el Fnaa

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Esto no es Uganda. Aquí no hay niebla espesa rodeando las montañas de la Luna. Tampoco hay aguas mansas como las del Lago Victoria. Ni animales salvajes abrevando en una poza cercana al Okavango. Aquí no tienen un gran río que transmite mensajes dejados por antiguas civilizaciones. Ni mares misteriosos cuyas olas susurran historias de náufragos y piratas. Ni nieves perpetúas como las del Kilimanjaro. Ni bancos de arena como los de la costa del occidente de África. Ni dunas de forma caprichosas como las del desierto del Sáhara.

Esta de aquí es un África distinta, sencilla, cercana, amiga, pero llena de encanto. Al final, el sur del Sur estaba más cerca de lo que muchos pensaban. Tan sólo había que dejarse morir por los caminos polvorientos de mi África desangrada, sin rumbo ni destino, moviéndose como una peonza que da vueltas sobre sí misma, hasta caer en esta plaza de sueños, y aquí, finalmente saber encontrar las respuestas a esas preguntas jamás formuladas.

Y luego tal vez, porque no sé hacer otra cosa en la vida, escribiría la historia.

Una vuelta, y otra vuelta… otra vuelta más y regreso al principio. Esta plaza es como un laberinto del que no hay fuga posible. Siempre regresas a ella.

Regresé un día por sorpresa a Marrakech, sin proponérmelo. Tras años de ausencias recuperaba los olores de mi infancia, las estrecheces y oscuridades de esa medina siempre hechizante. El encanto no había muerto tras décadas de silencios mutuos, pero se había peligrosamente transformado.

Marrakech no era la misma. Marruecos era tal vez distinto. Pero la plaza de Jeemaa El Fna seguía allí, impertérrita, simplemente permaneciendo, siempre fiel a sus orígenes.

Me disfracé de extranjero, intenté olvidar lo aprendido, renegar de un pasado común con la ciudad y la plaza… y lanzarme después a descubrir las entrañas del ombligo del mundo.

Corros que se forman al azar siguiendo la voz del charlatán de turno, al calor del último sol de la tarde. Esa es la imagen que guardo siempre de Jeemaa El Fna. En Marrakech los crepúsculos aparecen y desaparecen tamizados por los humos de tantos puestos de comida improvisados en la plaza.

De entre una nube de cabezas sobresale la silueta recortada en la noche de un saltimbanqui loco que encaramado en un carrito relata viejas historias mientras juega a ser fakir. Su turbante naranja destaca entre las chilabas que cierran el perímetro de la circunferencia. En medio del tumulto, un farol de gas o petróleo ilumina la escena y su luz descubre los rasgos africanos y los pómulos marcados del falso fakir. En el fondo no es más que un cuentista con hambre. Pero sus historias viejas atrapan a los marrakchís: es la Plaza.

Asegura mi amigo Bachir que la Plaza es una sombra de lo que fue hace 20 ó 30 años. Esta vez no quiero tampoco creer en sus palabras. Me resisto a creer que perdí un tiempo precioso, un tiempo que no volverá. Y aunque Bachir estuviese en lo cierto, la Plaza se resiste a desaparecer y guarda todavía un frasquito de la esencia antigua y verdadera: la mezcla de la que se nutre Marrakech.

A la Plaza hay que desearla desnuda y vestida. Sucede como con los grandes amores. Nunca perduran, aunque tampoco se olvidan. Sonidos, razas, aromas, sensaciones. Mezcla. Cálida, acogedora, irreal, mágica. Plaza.

La Plaza. Mi Plaza. La gran Plaza de Marruecos. La Plaza de todos. La Plaza de los turistas. La Plaza de otros. La Plaza de Marrakech. La Plaza de África. La Plaza de Goytisolo. La Plaza del mundo.

Asociación de difuntos, asamblea de muertos, reunión de cadáveres, mezquita nada… De todas estas formas han traducido el nombre de la Plaza quienes ignoran todavía que Jeemaa El Fna no se traduce, tampoco se transcribe correctamente: Djemaá el Fná, Jaamá El Fná, Xemaá el Fná, Xamaa el Fnaa, Djeema El Fna, Djamaà-el-Fnaà, Jamaa El Fna, Jhemaà el Fnaà, Yamaa El Fna, Djemaâ El Fnâ, Chema el Fna, Yemaá El Fná, Jeema El Fna, y así hasta el infinito. La plaza es la Plaza, y su nombre se escribe de mil maneras, al igual que su espacio tiene mil lecturas distintas, y al final, como dice Goytisolo, no sabes por dónde cogerla. La plaza es la Plaza, la Plaza es todos los nombres en uno, la Plaza se escribe tal como suena y a veces suena tal y como se escribe, y otras no suena, solamente se percibe.

La Plaza es un sueño plural, a veces es varios sueños confundidos. Porque la Plaza sobre todo confunde, aunque también embriaga, y a veces extasía, incluso emborracha, a algunos los empobrece, o los disloca, hay a quienes pervierte, y a los osados envicia, a los tontos adormece, a los avaros despierta, al soñador lo mancilla, al enfermo de amores lo sana, y al cobarde de origen lo daña, al misógino lo transforma, al pretencioso lo enloquece, y así hasta el infinito, en todas partes y en todas las lenguas del mundo. La Plaza no puede entenderse ni siquiera en árabe. La Plaza no tiene idioma y los tiene todos, la Plaza es sonora y es muda, es limpia y es sucia, es cálida y es gélida, es valiente y temerosa, y así hasta el infinito. La Plaza es ambigua, incluso tal vez dicótoma. La Plaza no entiende naciones ni ellas entienden la Plaza, la Plaza es de todos los que la sienten. Es la plaza del mundo.

La plaza de Jeemaa El Fna crea lealtades inquebrantables. Los que la sufrimos somos algo así como un pequeño y selecto club abierto a todo el mundo. Sólo es necesario gustar de su compañía y aceptarla tal cómo es; de todas formas, “no hay por dónde cogerla”.

Cuentan que en cierta ocasión el escritor mexicano Carlos Fuentes visitó a su amigo Juan Goytisolo en Marrakech. Como buen anfitrión, Don Juan llevó a su colega a ver la Plaza y aseguran los que lo presenciaron que el mexicano quedó embobado ante el espectáculo multicultural y exclamó: “Es como si hubiésemos retrocedido quinientos años en el tiempo”. Y Goytisolo, mirando la Plaza repuso muy serio: “No, hemos avanzado quinientos años”.

Imágenes de la Plaza: espacio abierto. Canto religioso que se eleva hacia la esperanza. Viento del Atlas que levanta el polvo acumulado durante horas de canícula estival. El asfalto muchas veces arde. Se escuchan cascos de caballos repicando contra el suelo requemado. El humo de un cigarrillo desafía al viento. Bocinas, timbres, campanas de aguadores y esa flauta histérica que me persigue a todas horas. Los pies arrastrados de un mendigo. Miradas ausentes. La otra cara del drama. Perfil de minaretes recortados en lontananza. Nubes algodonosas que sostienen la silueta de la vieja Kutubiya. En el espacio amplio no hay nada, y a la vez está todo. Y uno está con todo el mundo, y al mismo tiempo está solo. La grandeza de la Plaza reside en que transforma a las personas. Nos hace esclavos del sueño. Y olvidamos. Somos parte de la magia. Nos convertimos por unos instantes en meros actores, simples marionetas de este teatro viviente, personajes en fin, que existen porque algún dios improbable se divierte allá en los cielos. A fin de cuentas, la ciudad y la Plaza fueron creadas porque a ese Dios viejo y sabio del que hablan a menudo los marrakchís, le gustan también las historias.

Cada día que pasa encuentro más tarados que vagabundean por esta plaza. Les han contado que éste es el lugar más mágico del mundo y vienen a beberse su magia. Pero todavía no saben que es imposible. La magia se lleva dentro, como la plaza, como la ciudad; uno lo descubre al momento, si no hay flechazo ya no hay esperanza. Es un amor a primera vista. No nacen amores verdaderos con la costumbre.

Delante de mí cruza un canadiense con melenas y barbas largas montando un inoportuno monopatín. Algunos extranjeros de aspecto hippioso intentan improvisar sus descoloridos espectáculos callejeros en el espacio natural de los vendedores de sueños marrakchís. Pero fracasan.

Cine mudo. Cine cómico de Chaplin: tres turistas mayores, ridículas, medio desnudas, pintarrajeadas persiguen sin éxito una calesa por media plaza. Tienen prisa por perder de vista el sueño y regresar al hotel. Algunos no llevan fantasía en la masa de la sangre, y al final no entienden nada.

Escucho las campanas de los aguadores martilleándome en el interior del cerebro. Las flautas histéricas de los encantadores de serpientes, el laúd, los tambores, los platillos de hojalata que repican entre sí… Lo escucho, lo siento, lo observo, lo huelo… Lo atisbo todo detrás de unas gafas oscuras, protegido de mis propios ojos. Las pupilas débiles juegan a veces malas pasadas. Ha caído la noche.

La Plaza: acróbatas, danzarines, encantadores de serpientes, fakires, narradores de cuentos, magos, adivinos, tatuadoras… espectáculos de todo tipo y por todas partes. Vendedores de sueños.

Corros de gente ensimismada en Jeemaa El Fna: me adentro en sus entrañas. Me detengo en cada atracción, como si fuese un simple turista, o un marrakchí, qué más da. Aquí hay espacio de sobra y para todos. Igual le presto atención a unos monos que a un curandero, a las serpientes o al viejo mellado que relata historias antiguas en un árabe cerrado que apenas comprendo. Músicos de la etnia gnaua agitando al viento sus borlas; un charlatán que vende milagrosas cabezas de ajo trinchadas para combatir el dolor de muelas; otro coetáneo de Matusalem que cuenta cuentos de sus tiempos olvidados; la mujer de espalda curva recita de memoria el Corán y asegura que sus plegarias sanan a los enfermos; el médico autodidacta se empeña en poseer la receta de un agua sucia y mágica; otro curandero más que vende pócimas y ungüentos; el otro de más allá relata sucesos horribles; hay acróbatas mágicos y magos que realizan acrobacias, bailarines a cielo abierto, astrólogos que buscan estrellas en un cielo empañado de humo; hay también un hechicero que juega con piedras sagradas ante un teléfono móvil de última generación; el dentista callejero perdió un día muy lejano todos sus dientes y ahora se encarga de arrancar los ajenos; un pesador de personas y su báscula infalible; el tratante de dentaduras postizas mil veces utilizadas, aquí todo se recicla hasta el infinito; otro falso tuareg que pervierte mis ojos hipnotizándome con un imposible mercurio líquido; un anciano erudito al que la gente pregunta cosas y siempre responde, aunque creo que casi siempre inventa las respuestas; tres calígrafos de pulso tembloroso, dos cartógrafos hacedores de mapas antiguos que marcan la existencia de improbables tesoros perdidos, cuatro escribientes y todo tipo de oficios del pasado; sobresale entre ellos un hombre muy flaco que lee el periódico a los iletrados, y sobreactúa para ellos; velada está siempre la vendedora de cestos de mimbre; otra mujer también velada que lleva en sus manos bonetes de fieltro blancos; un caradura simula llamar por teléfono a las antípodas de Australia o a los Estados Unidos; han improvisado un mini-golf que hace furor entre algunos niños “privilegiados”; otros con menos suerte disfrutan boxeando ante un corro de curiosos sedientos de golpes; un hombre reposa inmutable con los pies desnudos dentro de una jofaina de agua; otro no menos imperturbable degustando un supuesto té milagroso; hay un grupo distraído que toca flautas y tambores con el convencimiento de que nadie en la plaza les escucha; un hombre extremadamente grueso mide la fuerza de otros; grupúsculos de teatro callejero; cómicos improvisando ajadas representaciones del pasado, la simplicidad de la comedia griega de nuevo en escena, también la tragedia; esforzados contorsionistas; un viejo tocado con un elegante turbante verde juega con blancas palomas; herbolarios venidos de los contrafuertes del Atlas; sanadores varios llegados de las gargantas del Todra; oscuros maestros de la hipnosis y la quiromancia arrancados por la fuerza del vil metal de los poblados saharianos junto a las fronteras argelinas; barbudos danzantes travestidos como si fueran mujeres; hay un niño pálido que asegura poseer una alfombra voladora; otro niño más que amaestra a un mono sabio; hombres y mujeres pescando botellas de litro y medio de refrescos inclasificables. Entender las diversiones de los marrakchís no está al alcance de todos. Vienen a la Plaza con curiosidad e ignorancia, o tan sólo con ganas de divertirse, hay algo mágico que les empuja a congregarse alrededor del primer chiflado que improvise cualquier monería. Unos bajan a la Plaza a ver la vida, otros la sufren y vienen a buscársela. Unos no esperan nada de ella, los otros creen tenerlo todo. Y entonces incluso se derrumban los mitos. Ambos están equivocados: la Plaza es un reflejo del mundo, un resumen de la vida misma.

A esta hora de la noche la Kutubiya está completamente iluminada. Media luna fosforescente se le ha puesto encima. Los puestos de comida rellenan el vacío y embrutecen la atmósfera de humo y olores a refrito. Luces naranjas, faroles de gas, bullicio incansable. Coches, motos, bicicletas, calesas, carros tirados por mulas y asnos, gente con los ojos encendidos que van y vienen, puede verse todavía la ilusión en sus miradas que se cruzan sin conocerse; tubos de escape que agonizan, a muchos se les superponen voces erráticas, cuerpos sudorosos que siempre se esquivan… Sueños. Hay otros mundos pero están en este Marruecos nuestro. Aquí, en la plaza de las mil y una ilusiones es improbable que alguien no encuentre su espacio. Aquí, pese a las estrecheces y los empujones, hay sitio para todos, no en vano, es el lugar más grande del mundo.

Sin duda, si tuviese el poder o supiese el secreto o adquiriese la habilidad de partirme en dos, una de mis mitades siempre estaría sentada en la terraza de un Café, en la plaza Jeemaa El Fna. Y allí aguardaría de nuevo la noche, hasta que desde lo alto de un minarete parte una voz devota que llama a la oración y nos recuerda que no hay más dios que Allah y que Mohamed es su profeta, y que todos los mortales deben temerle a la muerte, pues sólo ella podrá alejarnos para siempre de la Plaza. Y quizás ni ella será capaz de apartarnos del sueño interminable de Jeemaa El Fna: aunque me pierda mil veces y en otros mundos, sabré encontrar el camino; el humo de esta plaza, de nuevo podrá guiarme.

Marrakech; La ciudad de las mil y una seducciones. Asumirla de golpe no es fácil. Son demasiadas imágenes, olores, sonidos, colores… Es imposible en un sólo día, en un sólo viaje, en una sola vida. Por eso muchos regresan. Algunos para siempre.

Terminado aquel viaje me daba cuenta que había derribado viejos tópicos. Marruecos y Marrakech no eran ya cómo los recordaba. El país estaba cambiando a marchas forzadas y a poco que uno se descuidase, la próxima vez ya no sería capaz de reconocer el escenario de los sueños infantiles.

Mi viaje al sur del Sur iba a ser finalmente un viaje al corazón de las tinieblas, al fondo de las realidades humanas: las miserias de un mundo injusto y desigual. Si Joseph Conrad levantara la cabeza, supongo que en lugar de remontar el río Congo para deslizarse por las sombras en ese viaje imposible al corazón de las tinieblas, hubiese vagabundeado el Marruecos de principios del siglo XXI, y allí, una vez superado el horror, estarían sin duda ante él, todas las luces del mundo.

Y fue entonces, cuando entre todas las miradas de la Plaza creí ver una que conocía de otro tiempo, de una tarde de mi adolescencia. Habían pasado los años y él, si era él, también había envejecido, aunque seguía llevando la misma túnica blanca y tenía aún el pelo ensortijado, ahora algo canoso y no llevaba babuchas, como entonces, en aquel atardecer de nuestras adolescencias mezcladas, cuando buscando con los ojos la línea del horizonte oscuro, descubrimos sin saberlo, todas las luces del mundo. Nos miramos ahora pero no nos vimos, o tal vez no quisimos vernos. Lo más probable es que él no fuese él y que yo tampoco fuese ya el mismo. “Al-Magrib al-Aqsa ”, murmuré para mis adentros mientras todavía nos aguantábamos la mirada entre el gentío. Y allí estaban otra vez, ante mí, todas las luces del mundo.

Había tardado demasiado en marcharme de una ciudad fundada por nómadas y cuyo nombre Marrakech, significa “vete deprisa”, y ahora tal vez, transcurrido el tiempo de un viaje y de una vida, no encontraba el momento apropiado para irme. Aunque hubiese llegado ya el instante de finalizar mi historia en el sur del Sur, aunque fuese aquel el momento propicio para marcharme, intuía que en Marrakech, en el fondo, aunque uno se vaya deprisa, jamás termina de marcharse del todo.

Finalmente, aquella mi última tarde en la plaza de Jeemaa El Fna me convertí sin saberlo en un taumaturgo anónimo que no controla siquiera su propio destino, y me di cuenta incluso de dónde estaba. Sobredosis de realidad. Aquel había sido también un viaje introspectivo, una expedición al corazón de las tinieblas. Vencido el horror llegaba el momento de enfrentarme a la verdad: había disfrazado de nuevo la vida. Mi lugar no estaba allí, ni tampoco en otros rincones de África, mucho menos en Europa; mi lugar supongo era el viaje. Allí habría espacio de sobras para todos. El mundo no era entonces todavía de los justos ni de los pecadores; y todos teníamos derecho a la Plaza. Porque allí, ni los dioses tendrían capacidad para juzgar a nadie. En parte porque aquella plaza era ya entonces un lugar irrepetible, corazón de Marrakech, alma resumida de Marruecos, y tal vez, sólo tal vez, el ombligo del mundo.

Aquella última tarde de mi vida marrakchí, mientras anochecía por detrás de la mezquita de la Kutubiya y las voces de Marrakech se apoderaban lentamente de la ciudad, comprendí que mi tiempo, como el de aquel Marruecos que solamente recordaba, había pasado ya, y a partir de ahora, viniese lo que viniese, Marrakech ya no sería la misma, y en al-Magrib al-Aqsa tan sólo nos sobrevivirían las nostalgias de adolescencias mezcladas.

Después de todo, me había dado cuenta a tiempo de que estaba cansado y tenía aún muchos viajes por delante. Permanecer allí no hubiese sido justo, ni lógico, para nadie. Aquella tarde realicé por fin un ejercicio de cordura y vi la plaza tal y como era en realidad. Quise entonces regalarme una despedida digna del lugar, e incluso llegué a creer que era capaz de detener el tiempo y aguantar en mi memoria la imagen que se escapaba con la llegada de los nuevos tiempos. Fue doloroso, como cuando te metes en la cama y descubres que la mujer que amas ha envejecido y con los años perdió su belleza y en nada se asemeja a la imagen que recordabas de ella, pero aun y los cambios, la quieres todavía con más fuerza.

Aquella tarde, en Jeemaa El Fna, ahora lo sé, estuve a un paso de encontrar y perder el paraíso, y separarme para siempre de mi sombra y arrancarme a mí mismo el corazón, y terminar de morir del todo.

( Nota: cuando empecé a escribir un post sobre la plaza, encontré este escrito y supe que nunca hubiese transmitido mejor la esencia de la Plaza,así que he copiado este maravilloso escrito para que disfruteis con él. )

http://www.fronterasdepapel.com/abril2009/Marruecos_Marrakech_Plaza_Jeemaa_El_Fna.htm

Meteo Marrakech-7 de Marzo 2010

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Nubes y claros….la tónica habitual de las últimas semanas.

Máxima 20º   Mínima 8º

Le Bahja

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Este restaurante es una buena dirección para comer cerca de la Place Djema El Fnaa.

Si no os interesa cenar en uno de los Restaurantes Turísticos de la Place Djema El Fnaa, de esos que tienen vistas sobre la Place, de esos que subes y subes escaleras y que al final, eres uno más entre mil turistas de todo el mundo, si no quieres comer comida hecha a toda velocidad y en un entorno no demasiado amable. Si buscas alguna cosa más “especial”, más “auténtica”… puedes ir al Restaurante EL BAHJA. Este es un lugar peculiar, un espacio de dos plantas. Yo prefiero la de arriba, porque la de abajo queda muy oscura y un poco claustrofóbica. Este lugar SIN PRETENSIONES, ocupado mayoritariamente por marroquíes (los turistas aún no lo conocen masivamente), ofrece una cocina típica marroquí. Aquí podéis degustar sobre una mesa, humildemente cubierta por un hule no demasiado pulido, cous-cous, tajines de todo tipo, riquísimas brochetas, kefta y otras variedades marroquíes. Excelentes olivas y ensaladas de tomate. Sin licencia de alcohol, solo venden agua y refrescos. Pide si tienen, TANJIA ( el plato marrakchí por excelencia ), si tienes suerte, tal vez…solo tal vez,  puedas degustarla. A veces es necesario reservarla, otras la tienen en carta.

Esta dirección, no es útil para personas con demasiadas exigencias culinarias ni de higiene. Las servilletas, son simplemente pedazos de papel no demasiado suave. El servicio es rápido y eficaz.

El precio medio, es de menos de 50 Dh por persona. Para mí, uno de los locales marroquíes del centro más recomendables. Estando en la plaza, con la espalda al Café Argan..os encontrareis delante vuestro dos calles perpendiculares a la plaza. La de la izquierda és la Rue du Princes (peatonal y muy transitada)… la de la derecha, que pasa debajo de un arco…es la calle del Restaurante. Una vez pasado un parking de motos y bicis, andar aún unos metros y a vuestra izquierda os lo encontrareis. Subes tres peldaños y entras directamente. En la misma calle, puedes ver un arcón refrigerado que muestra la carne que cocinan a la brasa directamente en el horno que hay detrás de  la barra.

Rue Bani Marine (entre el Bank al Maghrib y la oficina de Correos ). Al lado del Hotel La Gazelle.