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El uso del Burka en Cataluña, inicio del debate

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El Ayuntamiento de Lleida ha abierto el camino para defender los derechos de las mujeres que esconden su rostro bajo un burka. El alcalde, Àngel Ros, ha encargado un estudio a los servicios jurídicos para valorar si se puede prohibir, a golpe de ordenanza municipal, esta vestimenta en los espacios públicos y calles de la ciudad. Es la primera propuesta planteada por el equipo de gobierno de un consistorio catalán en la lucha por los derechos de esas mujeres víctimas de creencias y culturas extremas.

La diferencia entre las posturas de Hereu (alcalde de Barcelona ) y Ros radica en que, mientras el discurso del primero no pasa de anunciar la petición del informe, el segundo anuncia que si la respuesta de los expertos es positiva llevará el debate a la sala de plenos.  Josep Félix, alcalde de Tarragona, revela que en su Consistorio no tienen problemas con el burka y, por lo tanto, ni tan siquiera se han planteado la posibilidad de regular el tema vía ordenanza. Félix se confiesa más partidario de la pedagogía que de la norma. En otros consistorios con una alta tasa de inmigración, como es el caso de Vic, tampoco se han planteado este debate, aunque su alcalde, Josep Maria Vila, vería factible la vía de la ordenanza. Esta herramienta, ensayada ya para combatir la prostitución en la calle, los actos incívicos o el botellón es la única arma que tienen los ayuntamientos para fijar normas propias sin necesidad de una ley de ámbito estatal.

En el discurso de todos los alcaldes coincide la prudencia a la hora de abordar el asunto. El temor a las malas interpretaciones hace que todos recalquen su esfuerzo en políticas de integración. Cada ciudad es un mundo y, en el caso de Lleida, el paso dado por Àngel Ros hay que entenderlo, además de por la defensa de los derechos de la mujer, por la realidad vivida en sus calles. En esta ciudad sí son visibles mujeres con burka y niqab. Están en la zona de Cappont, junto a la avenida del Segre y en Prat de la Riba. Son puntos señalados por vecinos que dicen haberse sorprendido por la presencia de mujeres que transitan por los espacios públicos con el rostro escondido bajo velos integrales de negro.

Àngel Ros va incluso más lejos al anunciar, si la regulación no fuese posible vía ordenanza, quiere pedir a los parlamentos catalán y español una ley para prohibir el uso de esa prenda en las calles. Y recalca que en esta regulación lo de las sanciones sería mera anécdota, ya que lo que se busca es defender los derechos de esa mujer…. ahora, invisible.

EL DEBATE EN EUROPA

Francia – Una ley con fisuras
Nicolas Sarkozy ha jugado al todo o nada con la regulación del burka al aprobar una ley para todo el país contra el uso del velo integral en el espacio público. Francia va a seguir adelante con la propuesta a pesar del varapalo del Consejo de Estado, que acaba de dictar un dictamen –no vinculante– en el que se afirma que la prohibición carece de “un fundamento jurídico incontestable”. La medida puede ser rechazada, por lo tanto, por el Constitucional o el Tribunal Europeo.

Bélgica – Pioneros en la prohibición
Bélgica se convirtió, hace menos de un mes, en el primer país europeo en considerar ilegal el uso del burka en la vía pública. La votación parlamentaria estuvo rodeada de protestas de grupos de derechos humanos y líderes religiosos. Francia fue, después, el primer país en tomar nota de la iniciativa belga. La ley aprobada en este país podría tardar, sin embargo, tiempo en aplicarse ya que, al poco de ver la luz, cayó el Gobierno que la había promovido.

Holanda – Un intento fallido
Holanda fue el primer país de Europa en aprobar una propuesta, en el 2006, para prohibir el burka en espacios públicos. La instigadora fue Rita Verdonk, del partido conservador VVD. La medida, sin embargo, no prosperó por trabas jurídicas y en la actualidad ese país sólo prohíbe el burka en los colegios de enseñanza primaria, donde sí se permiten los velos, al contrario de lo que ocurre en otros países como Francia, según dicta una ley de aplicación para todo el país.

 Fuente; LA VANGUARDIA

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8 de Marzo, feliz día de la Mujer

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Muchas felicidades chicas....Houssem os saluda desde Fez !!!!

El Burka, hagamos una pequeña reflexión …

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El burka (o niqab , es decir, el hecho de ocultar por completo dentro de un auténtico vestido-reja al ser de la mujer, guiado por dos agujeros a la altura de los ojos para poder caminar) está de actualidad en Europa no sólo porque, ya sea por voluntad propia o por obligación, lo lleven algunas mujeres, sino también y sobre todo porque muestra los profundos vínculos entre la norma jurídica, las tradiciones y las culturas. De este modo, se encuentra en el centro de la problemática multicultural. Desplaza las relaciones entre el espacio privado y el espacio público, porque quiere fundamentalmente redefinir las fronteras entre ambos.

Producto de su propia historia, cada sociedad dispone evidentemente de un cuerpo de doctrinas que rige esas fronteras. Existen, sin embargo, lo que podríamos llamar comunidades de pertenencia que trascienden las diferencias culturales y fundan el arraigo a una compartida condición universal. Agredir al otro, exhibir el sexo en público o profanar a los muertos, está proscrito en casi todas las culturas contemporáneas.

El caso del burka es interesante porque atañe a una interpretación esencialmente asiática del islam, que tiende en nuestros días a propagarse por los países arabo-musulmanes y por Europa (de momento, un centenar de casos). Refleja una práctica de la religión de la que no hallamos fundamentos doctrinales coherentes dentro de las distintas interpretaciones del islam.

En realidad, la velación generalizada de la mujer se convirtió en un problema político internacional a raíz de la victoria en los años ochenta de la revolución religiosa iraní, acontecimiento central que transformó el islam mundial. Por otra parte, el burka pertenece sobre todo a la tradición afgana.

Preocupadas de fundamentar en derecho la prohibición o la aceptación de ese hábito de vestimenta ligado a la práctica radical de la religión, las sociedades occidentales vacilan entre la repulsa cultural y el respeto por la libertad individual. En Francia, el asunto está ahora en manos del Consejo de Estado, ya que el poder legislativo ha sido incapaz de pronunciarse. La prohibición general de llevar el burka puede fundamentarse en derecho a partir del principio de defensa del orden público. Como no se puede discriminar entre una mujer que pretende sustraerse por convicciones religiosas a la mirada de otra persona y otra (o un hombre) que lleva explosivos ocultos bajo un burka, podemos alegar legítimamente que existe, en efecto, un riesgo potencial para el orden público. El Estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos. Existen, por supuesto, vías de impugnación, particularmente en el derecho internacional, y el asunto puede llegar lejos.

Pero la situación es insólita sobre todo desde el punto de vista filosófico: el hecho de vestir el burka entra en conflicto flagrante con el principio de convivencia, según el cual, en la interacción social, yo necesito saber quién eres tú porque tú necesitas saber quién soy yo, pues nuestro contrato colectivo se basa en el principio del reconocimiento mutuo. Doy a conocer mi identidad porque la sociedad es un encuentro de identidades. De este modo, mostrar el rostro expresa el fundamento esencial del vínculo social, algo que afecta por igual a hombres y mujeres.

El conflicto se produce en este caso porque la tradición integrista oscurantista rechaza esa igualdad en el cuerpo social. Las mujeres son las que, en el islam radical, sufren la peor parte de esta exclusión. No hay diferencias de fondo entre llevar el burka por consentimiento religioso y llevarlo por imposición patriarcal, ya que, una vez se convierte en mayoritario, el consentimiento de unas sirve con frecuencia para justificar la sumisión y la servidumbre de otras.

Ahora bien, si consideramos que se producen logros de la civilización en términos de igualdad y de libertad de la persona, está claro que no podemos poner al mismo nivel a una cultura que afirma ese principio y a otra que lo rechaza. La mayor paradoja está en que cuando la mujer se oculta bajo el burka, se cubre con el velo, en realidad se descubre del todo como objeto (un objeto del hombre). Difícilmente convertida en las sociedades occidentales en sujeto de derecho, resulta que ahora queremos rebajarla a la categoría de cosa anónima animada. Apelando al relativismo cultural, algunos intentan en nuestros días hacer aceptar, con una estrategia cínica, esa aberrante idea de que, por respeto a sus creencias, hay que acostumbrarse a ver a seres humanos deambulando bajo ese atuendo tenebroso.

Traducción de M. Sampons de un texto de Sami Naïr (Tlemcen, Argelia, 23 de agosto de 1946) politólogo, filósofo, sociólogo y catedrático argelino nacionalizado francés, especialista en movimientos migratorios y creador del concepto de codesarrollo.