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Las mejores terrazas de Marrakech

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Íntimas o populares, chics o sencillas y austeras, míticas y históricas, divertidas o serias….terrazas de Marrakech, siempre frescas, siempre inolvidables…he hecho una selección MUY PERSONAL de las mejores terrazas de la ciudad. Cada una de ellas tiene su momento, un instante que las hace diferentes…hasta en esto Marrakech es única.

Para desayunar

Extrablatt. En el barrio residencial de Hivernage. Packs de desayuno muy apetecibles…enorme zumo de naranja, mermelada, pan con mantequilla, croissant, fruta…Una terraza amplia con mesas muy grandes. Servicio amable, packs a partir de 30 Dh.

16Cafè. En pleno verano solo la recomiendo en la hora del desayuno. Está ubicada a pleno sol y los parasoles no bastan para frenar el calor….en las mesas cercanas a la pared hay brumizadores…pero no bastan. De todas formas, la mejor pastelería de la ciudad merece una visita para un desayuno temprano. No perderse los milhojas de crema y el “eclair” de chocolate. Buen café.

Para tomar algo a cualquier hora

Le Lawrence Bar. Es el emblemático bar del Sofitel, elegante y cerca del hermoso jardín. Unos 240 Dh por una copa de champagne y 130 Dh por Wine Flight (un pequeño pasaporte degustación alrededor del vino).

 

 

 

Míticas

Cafè de France. Situado en la Place Djemaa el Fna, uno de los locales más míticos de la ciudad. Su terraza ha visto pasar la historia de Marrakech en los últimos 50 años, nada sofisticada y muy cosmopolita. Juan Goytisolo toma su te a la menta cada día a las cinco en ella.

 

Les Negociants. Situado en la esquina de la Mohamed V con….esta terraza está ubicada en la zona de más transito del Barrio de Gueliz. Todo el mundo que se mueve en el barrio pasa por delante de ella, si quieres que nadie te vea…no vengas aquí. Vendedores de relojes, de gafas, limpiadores de botas, de frutos secos…no hay paz en ella.

 

Para comer

Informales;

Cafè des Èpices. Con su decoración austera pero practica, sus mesas sencillas de madera, sus taburetes, su escalera imposible para patosos, su único baño para todos, su carta limitada y básica, pero a la vez completa….y sobre todo, al hecho que encontrar un local en la Medina donde comer un plato no demasiado caro y con cierto gusto europeo.

 

Chics:

Le Gran Cafè de la Poste. Terraza muy chic y cómoda en el Barrio de Guéliz en uno de los locales más elegantes de la ciudad. Si el calor no da tregua, encienden los brumizadores de agua en la terraza y convierten la comida en uno de los momentos más “frescos” del día. Lugar de encuentro de todos los europeos que viven en la ciudad roja. Buena selección de ensaladas, carnes, pescados y extensa carta de vinos.

Para merendar:

Le Menzeh, en  La Mamounia. Un lugar ciertamente confidencial en el parque del célebre palacio. Este pabellón dispone de un salón de té, que propone helados y pastelería excepcionales de su chef Richard Bourlon. Una ocasión única para saborear el esplendor de un jardín mítico mientras disfrutas de las creaciones dulces del chef. A partir de 80 Dh la pastelería.

 

Para cenar:

Kosybar. Terraza en la Place des Ferblantiers ( Medina ). Hermosa vista desde la zona sur de la Medina, cerca de los nidos de cigüeñas en las murallas de la ciudad. Menú de noche sobre los 370 Dh por persona. Tienen licencia alcohólica y una buena selección de cervezas y cocktails.

 

 

 

El mejor atardecer de la ciudad

La Terrasse des Épices. Está decorada sencillamente pero efectiva, quiere representar un espacio Chill Out….está ubicada en un segundo piso alrededor de unas antiguas galerías. En la zona central un patio que consiguen esconder con cañas y alrededor de él, todo el local. En una zona, 4 pequeños reservados para una cena íntima. Al fondo, la barra del bar y a nuestra izquierda, los salones abiertos.  Todo, con sofás sencillos y muchos cojines.  Aquí todo es rústico, nada de grandes sofisticaciones. Sofás de cemento colorado ( color rouge Marrakech ) y encima, cojines para poder estirarte o sentarte. Cuando la luz de sol deja de iluminar, te acercan los farolillos a la mesa para iluminar la carta (usan una pizarra tamaño XL que te traen hasta la mesa). De día, sombreros repartidos por las mesas, ayudan a los clientes a soportar el calor.

El atardecer, cuando se pone el sol…un momento mágico en esta terraza.

Gigolós en Marruecos

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Es un fenómeno urbano que siempre va a más, la prostitución masculina se vive en las principales ciudades de Marruecos, sean turísticas o no. Casablanca, Marrakech, Tánger, Essaouira y Agadir, ninguna se salva.

Jóvenes, menos jóvenes, homosexuales convencidos o candidatos heterosexuales; se encuentran sobre la alfombra nocturna de las grandes arterias ciudadanas o en los lugares de mayor frecuencia turística. Es la lucha cotidiana de una parte de la juventud marroquí que, sin valores, asocia el “je m’en fout” absoluto a la triste certeza de no tener futuro. Para todos el común denominador es el dinero fácil,  para algunos un medio de tener suerte y tal vez a través de un buen encuentro, salir al extranjero. Muchos creen fervientemente que encontraran al turista simpático que sucumbirá a la charme de los hombres marroquíes y que decidirá llevárselo bajo sus alas, para ofrecerle el Paraíso con vistas a una calle de París, Madrid o Milán.

Pero a veces lo cotidiano no se conjuga con la suerte. Muchos jóvenes viven la noche en las calles esperando a los clientes por cualquier dírham. Cambian de calle para evitar a la policía, el frio, el hambre en el cuerpo o la soledad.  Porque el mundo de la prostitución masculina es un universo donde los fronteras están poco definidas. Se encuentra de todo; homosexuales, heterosexuales y desgraciadamente menores. Said tiene 19 años y sin rubor se considera una “puta”: “es mejor ser una puta que un hombre que si tuviera mucho dinero cambiaria de sexo, se convertiría en una mujer, pero sobre todo seria rico”. Y también: “No creeros que sean solo las personas modestas que vengan aquí para pagarse una “diversión” en la calle, detrás de una puerta o en cualquier rincón. Es verdad, hay gente que paga 20 Dh (menos de dos Euros) pero también hay muchos otros clientes que me pagan 200 Dh (20 Euros ). He estado con hombres que trabajan en grandes empresas, en bancos, hombres casados, turistas, ancianos y a veces mujeres que vienen a buscarme para acabar la noche dulcemente”. En cambio, Hassan ha conseguido su objetivo. Después de haber trabajado seis años en la calle, un día encontró un turista con el que pasó un fin de semana en Casablanca. El extranjero se enamoró locamente de él, y una vez hubo regresado a casa hizo todo lo posible para conseguirle un visado. Hoy, Hassan vive en Italia, tiene un bonito coche, dinero y nunca más será un gigoló.

Sin familia

La mayor parte de estos chicos ya no vive con la familia y han cortado los lazos con sus padres. La edad media está en torno a los 18/25 años y viven con algún amigo, alquilando una habitación en una terraza o a veces viven en las calles. ”Hace ya casi tres años que no veo a mis padres ni a mis hermanos. Ellos saben a qué me dedico y no quieren verme”. El rechazo familiar es la primera consecuencia a tener en cuenta. De la noche a la mañana estos chicos se encuentras solos, sin ayuda, sin poder contar con nadie ni nadie a quien confiar. “Mi padre ha prometido que si vuelvo a presentarme en casa, llamará a la policía. Puede hacerlo, se avergüenza de mi “ explica Zaccaria, que tiene 22 años y ojos negros y tristes.

Otros admiten que han sido pegados, insultados por parte de sus hermanos, y amenazados de muerte. No hay vuelta atrás, la familia ya no existe. Permanecen en el mundo de la calle, con falsos amigos, mcuhos golpes bajos y en espera continua de la realidad que antes o después llegará…la muerte o la cárcel. O tal vez, algunos pocos tendrán un golpe de suerte y cumpliran su sueño de un visado para Europa.

Un experto responde.

Othmane Mellouk es el Presidente de la ALCS, la Asociación contra el SIDA en Marruecos, tiene las ideas claras y conoce perfectamente  que el fenómeno no es nuevo, ha existido siempre, pero la novedad es que ahora es visible, cuando hasta hace algunos años era un hecho escondido, privado, debido a una serie de razones sociales, de moral. Los tiempos, según Mellouk han cambiado, así como la mentalidad, y los hombres no tienen tantos reparos en mostrarse. En este sentido el Presidente habla de visibilidad y explica que “el fenómeno se ha extendido en las grandes ciudades y para la Asociación es fundamental el trabajo que se está desarrollando conjuntamente con el Ministerio de Sanidad y con el Fondo Mundial de la lucha contra el SIDA para la prevención en ciudades como Casablanca, Marrakech, Tánger, Agadir, Essaouira, El Jadida y otras”. Precisa que el ALCS tiene conciencia de la importancia del fenómeno y de los riesgos que están asociados. Precisa que NO  se habla de “prostitución masculina”, si no de “laboratorio del sexo” para evitar todas las connotaciones negativas. El fenómeno es distinto respecto a la prostitución femenina. Para los hombres no hay intermediarios, por tanto el beneficio es siempre más consistente. Para las mujeres, en las zonas rurales, las tarifas sobre el terreno pueden descender hasta 15 Dh (un euro), en la zona del Atlas, pero para los hombres el mínimo es generalmente 50 Dh ( 5 Euros ) que puede llegar también hasta 200/300 Dh ( 20/30 Euros ). En el caso de los hombres existen dos tipos de razonamiento, el primero… chicos homosexuales que para justificar sus actos declaran que “no soy gay, es solos una cuestión de dinero” y los que en cambio, no tienen rubor en declarar que “para ellos es simplemente un trabajo con el que ganar dinero”. Para la primera tipología seguramente es más fácil  salir de este tema y esto suele suceder cuando encuentran una persona que puede ayudarles. Los jóvenes de la segunda tipología alquilan apartamentos, como en el caso de Marrakech donde el fenómeno es más importante, abandonando a sus familias y trabajan cotidianamente y de forma regular, programándose un futuro cercano, pensando en el matrimonio y en la familia, con una bonita casa, un coche y seguridad….esa es la finalidad de este trabajo.

Fuente: La Gazette du Maroc/ Telquel

El tiempo del Caftán

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El caftán es la prenda más conocida de la indumentaria tradicional en Marruecos. Este traje urbano se realiza con telas escogidas por la calidad y la nobleza de su tejido, como tafetán, sedas naturales, cachemir, terciopelo y brocados hechos a mano. Las telas después encomendadas a bordadoras que utilizan hilos de oro, de plata, de seda para estampar sobre el tejido motivos vegetales y arabescos. Los maestros pasamaneros asegurarán el acabado del caftán adornándolo con trenzas, galones, botones y presillas, antes de montar el forro de seda o de algodón. Éste último se escoge en un tono complementario al de la tela, o retoma uno de los colores del bordado o de la pasamanería. El forro de un caftán permite a la vez disimular el reverso de los bordados y de las pasamanerías, y darle cuerpo.

Desde su introducción en Marruecos en el siglo XVI, el caftán no ha dejado de enriquecerse con las influencias orientales, turcas y andalusíes. El caftán es una prenda que no se ha detenido en el tiempo, al contrario, es el reflejo de su época y evoluciona según la moda. En Marruecos, jóvenes diseñadores, hombres y mujeres, siguen creando caftanes con líneas modernas y elegantes, introduciendo nuevas materias.

Testigo del refinamiento de las culturas que lo vieron nacer, particularmente bajo el cielo de Bagdad, Damasco, Córdoba Granada, Fez y Tetuán, este arte del vestir reúne en su elaboración a varios artistas y varios gremios. Los tejedores que crean en sus talleres las telas y brocados, los sastres que realizan el corte y tallan caftanes cuyas formas y estilos varían de una región a otra, también según las épocas. Después del trabajo de las bordadoras, los maestros “ensambladores”, con la ayuda de sus aprendices, unen las diferentes partes del caftán de forma manual, utilizando diferentes pasamanerías. En cada etapa, pequeñas manos rivalizan con habilidad para insuflar, a unas simples telas, una historia y un alma. Cada caftán lleva después en sí esta historia en la que cada artesano transmite al vestido su grandeza. De ese modo, el caftán lleva en sí todo UN ARTE DE VIVIR.

 En el pequeño y delicioso Musée de l’Art de Vivre  de Marrakech se quiere rendir un homenaje a las mujeres y los hombres, que desde hace siglos, transmiten el oficio del arte de vestir.  Una exposición muy interesante y para no perderse.

 

 

 

 

 

EXPOSICIÓN: El Tiempo del Caftán

Del 26 de Marzo al 30 de Septiembre

Musée de l’Art de Vivre

2, Derb Chérif, Diour Sabouane

Marrakech-Médina