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Kit de la virginidad artificial

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Recientemente se celebraba el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina, una práctica que traspasa las fronteras de la lógica. Son muchas las razones que intentan justificar lo injustificable, entre ellas la disminución del deseo sexual femenino y en consecuencia una virginidad que mantendrá intacto el honor de la familia. Y es ahí donde quiero centrar mi exposición: en la institucionalización de la virginidad de las mujeres, especialmente en las comunidades musulmanas. Es así que todavía en demasiados países del Mediterráneo la cuestión de la virginidad (femenina, evidentemente) mantiene una arraigada preocupación. Muestra de ello es el requisito de pruebas vejatorias que revelen, no solo al contrayente, sino también al conjunto de la sociedad, que la novia se mantuvo casta y pura” hasta el matrimonio.

Aún recuerdo el relato de una amiga tetuaní, quien contaba su dramática experiencia de juventud. A la mañana siguiente de la velada nupcial, su propia madre, sábana ensangrentada en mano, recorría las calles del pueblo alardeando orgullosa del “honor” de su hija. Pero, ¿es realmente el islam el responsable de estas prácticas? ¿o una vez más las tradiciones culturales patriarcales han tergiversado las fuentes para la liberación femenina que el islam propone?

Ningún erudito ni exegeta podrá afirmar que en el Corán se recoge como requisito imprescindible la demostración de la virginidad, ni tan siquiera la obligatoriedad de mantenerse en este estado. Es cierto que la ética islámica recomienda tanto a hombres como a mujeres abstenerse de relaciones antes del matrimonio, pero recomendar no es sinónimo de prohibir, y muchísimo menos de descompensar la balanza recayendo la absoluta responsabilidad sobre el género femenino. Aun así, una fractura está recorriendo las relaciones de género en las comunidades musulmanas, agrietando los fundamentos de una práctica venerada y casi idolatrada. Un secreto a voces se abre paso entre las nuevas generaciones irrumpiendo en las noches de bodas una virginidad artificial.

No son pocas las jóvenes que, en vísperas del enlace matrimonial, recurren a una pequeña operación que borre las evidencias de sus relaciones prematrimoniales y mantenga una apariencias deforme. Durante mis años de estancia en Marruecos, observaba con perplejidad el continuo ir y venir de mujeres jóvenes en la consulta ginecológica que tenía frente a mi casa, especialmente en verano. Tras su puertas, estas chicas se sometían a la reconstrucción de un himen profanado tiempo atrás.

Hoy en día, está tomando protagonismo un producto made in China más accesible y económico. Momentos antes de la relación sexual, la mujer se introduce una cápsula en la vagina. Durante la penetración, ésta desprenderá un líquido rojo emulando la sangre que hará creer al orgulloso marido que la entrepierna de su cónyuge se mantuvo intacta hasta su llegada.

Esta falsa virginidad cimienta las bases de una pareja creada desde el engaño, como resultado de una desigualdad ancestral en la sociedad patriarcal. Es la manifestación de una desigualdad sexual cuyos efectos son estrictamente contrarios a la esencia islámica.

Autor: M. Laure Rodríguez Quiroga – Fuente: Cambio 16

Sexo sin pecado en Bahréin, para cuándo Marrakech ?

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Darjadiya (la casa de Jadiya) tiene la apariencia de una tienda de moda, pero es también el primer sex shop de la historia del pequeño reino de Bahréin y está dirigido por una mujer. Enfundada en la abaya –una larga túnica negra– y el velo reglamentarios, Jadiya Ahmed se explica: «Esto no es un sex shop a la occidental, sino un lugar para ayudar a las parejas casadas, y solo a las parejas casadas, a acceder a la plenitud del sexo».

«¿Por qué los hombres o las mujeres casados van a buscar fuera?», se pregunta Jadiya. «Porque la rutina se instala en las parejas», se responde. «Es más una voluntad de dar un servicio a las parejas casadas, haciendo que su vida sexual sea más excitante, que el afán de ganancias lo que ha guiado mi elección», añade. 

Vibradores y lencería

Jadiya Ahmed lanzó en el 2007 un sitio en internet y la venta por correspondencia. Cuando «el negocio empezó a ir bien», abrió su local, único en Bahréin y probablemente en todos los países árabes conservadores del Golfo.

«Nada en el islam prohíbe el goce sexual. Pregúnteselo a cualquier autoridad religiosa y verá cómo no le dice lo contrario», proclama para rechazar por adelantado toda objeción. Mientras habla, un hombre en la cincuentena se presenta, acompañado de un joven, para pedir una crema de masaje que le ayudaría, dice, a «mejorar sus prestaciones». El cliente explica que conoció la existencia de la tienda viendo a Jadiya en un programa de televisión. Ella le atiende sin prisas, y comparan largamente marcas y precios.

No hay ni látigos ni ropa interior de cuero, pero sí una colección soft de cremas de masaje, vibradores, lencería fina y lámparas rojas. Jadiya se aprovisiona esencialmente en el mercado estadounidense y parte de los artículos pueden hallarse con facilidad en las tiendas de moda del archipiélago bahreiní, como la ropa ligera y la decoración erótica.

Pero esta pionera confiesa que su negocio no es precisamente tranquilo. Explica que a veces debe afrontar la incomprensión de los aduaneros o el celo de los controladores de los servicios de comercio, que en ocasiones rechazan la mercancía o retrasan su entrega. Sin embargo, su tienda ha recibido todas las autorizaciones necesarias.

Mayoría de clientas

 Y como Darjadiya no cesa de atraer a los clientes, gracias sobre todo al éxito de su página web y de la reciente aparición televisiva de su propietaria, esta debe emplearse a fondo en ahuyentar a los curiosos y a los adolescentes, a los que se niega a atender. «Solo trato con adultos, que son personas responsables. Tengo clientes de los dos sexos, con una proporción un poco mayor de mujeres», explica. Cuando un grupo de jóvenes empieza a revolver las estanterías, Jadiya les pide amablemente pero con firmeza que se marchen.

«La respuesta de la clientela es buena», se felicita. Y añade: «Un cliente me confió que salvé su matrimonio cuando estaba a punto de divorciarse. Me hizo ilusión, porque me dije que quizá había ayudado a una pareja a seguir junta y a una familia a no romperse».

 «Una familia equilibrada es el objetivo de todos, y tengo el sentimiento de que ayudo a mi manera. En cuanto a las perversiones, no son asunto mío», concluye la dueña de Darjadiya.

 

Gigolós en Marruecos

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Es un fenómeno urbano que siempre va a más, la prostitución masculina se vive en las principales ciudades de Marruecos, sean turísticas o no. Casablanca, Marrakech, Tánger, Essaouira y Agadir, ninguna se salva.

Jóvenes, menos jóvenes, homosexuales convencidos o candidatos heterosexuales; se encuentran sobre la alfombra nocturna de las grandes arterias ciudadanas o en los lugares de mayor frecuencia turística. Es la lucha cotidiana de una parte de la juventud marroquí que, sin valores, asocia el “je m’en fout” absoluto a la triste certeza de no tener futuro. Para todos el común denominador es el dinero fácil,  para algunos un medio de tener suerte y tal vez a través de un buen encuentro, salir al extranjero. Muchos creen fervientemente que encontraran al turista simpático que sucumbirá a la charme de los hombres marroquíes y que decidirá llevárselo bajo sus alas, para ofrecerle el Paraíso con vistas a una calle de París, Madrid o Milán.

Pero a veces lo cotidiano no se conjuga con la suerte. Muchos jóvenes viven la noche en las calles esperando a los clientes por cualquier dírham. Cambian de calle para evitar a la policía, el frio, el hambre en el cuerpo o la soledad.  Porque el mundo de la prostitución masculina es un universo donde los fronteras están poco definidas. Se encuentra de todo; homosexuales, heterosexuales y desgraciadamente menores. Said tiene 19 años y sin rubor se considera una «puta»: “es mejor ser una puta que un hombre que si tuviera mucho dinero cambiaria de sexo, se convertiría en una mujer, pero sobre todo seria rico”. Y también: “No creeros que sean solo las personas modestas que vengan aquí para pagarse una “diversión” en la calle, detrás de una puerta o en cualquier rincón. Es verdad, hay gente que paga 20 Dh (menos de dos Euros) pero también hay muchos otros clientes que me pagan 200 Dh (20 Euros ). He estado con hombres que trabajan en grandes empresas, en bancos, hombres casados, turistas, ancianos y a veces mujeres que vienen a buscarme para acabar la noche dulcemente”. En cambio, Hassan ha conseguido su objetivo. Después de haber trabajado seis años en la calle, un día encontró un turista con el que pasó un fin de semana en Casablanca. El extranjero se enamoró locamente de él, y una vez hubo regresado a casa hizo todo lo posible para conseguirle un visado. Hoy, Hassan vive en Italia, tiene un bonito coche, dinero y nunca más será un gigoló.

Sin familia

La mayor parte de estos chicos ya no vive con la familia y han cortado los lazos con sus padres. La edad media está en torno a los 18/25 años y viven con algún amigo, alquilando una habitación en una terraza o a veces viven en las calles. ”Hace ya casi tres años que no veo a mis padres ni a mis hermanos. Ellos saben a qué me dedico y no quieren verme”. El rechazo familiar es la primera consecuencia a tener en cuenta. De la noche a la mañana estos chicos se encuentras solos, sin ayuda, sin poder contar con nadie ni nadie a quien confiar. “Mi padre ha prometido que si vuelvo a presentarme en casa, llamará a la policía. Puede hacerlo, se avergüenza de mi “ explica Zaccaria, que tiene 22 años y ojos negros y tristes.

Otros admiten que han sido pegados, insultados por parte de sus hermanos, y amenazados de muerte. No hay vuelta atrás, la familia ya no existe. Permanecen en el mundo de la calle, con falsos amigos, mcuhos golpes bajos y en espera continua de la realidad que antes o después llegará…la muerte o la cárcel. O tal vez, algunos pocos tendrán un golpe de suerte y cumpliran su sueño de un visado para Europa.

Un experto responde.

Othmane Mellouk es el Presidente de la ALCS, la Asociación contra el SIDA en Marruecos, tiene las ideas claras y conoce perfectamente  que el fenómeno no es nuevo, ha existido siempre, pero la novedad es que ahora es visible, cuando hasta hace algunos años era un hecho escondido, privado, debido a una serie de razones sociales, de moral. Los tiempos, según Mellouk han cambiado, así como la mentalidad, y los hombres no tienen tantos reparos en mostrarse. En este sentido el Presidente habla de visibilidad y explica que “el fenómeno se ha extendido en las grandes ciudades y para la Asociación es fundamental el trabajo que se está desarrollando conjuntamente con el Ministerio de Sanidad y con el Fondo Mundial de la lucha contra el SIDA para la prevención en ciudades como Casablanca, Marrakech, Tánger, Agadir, Essaouira, El Jadida y otras”. Precisa que el ALCS tiene conciencia de la importancia del fenómeno y de los riesgos que están asociados. Precisa que NO  se habla de “prostitución masculina”, si no de “laboratorio del sexo” para evitar todas las connotaciones negativas. El fenómeno es distinto respecto a la prostitución femenina. Para los hombres no hay intermediarios, por tanto el beneficio es siempre más consistente. Para las mujeres, en las zonas rurales, las tarifas sobre el terreno pueden descender hasta 15 Dh (un euro), en la zona del Atlas, pero para los hombres el mínimo es generalmente 50 Dh ( 5 Euros ) que puede llegar también hasta 200/300 Dh ( 20/30 Euros ). En el caso de los hombres existen dos tipos de razonamiento, el primero… chicos homosexuales que para justificar sus actos declaran que “no soy gay, es solos una cuestión de dinero” y los que en cambio, no tienen rubor en declarar que “para ellos es simplemente un trabajo con el que ganar dinero”. Para la primera tipología seguramente es más fácil  salir de este tema y esto suele suceder cuando encuentran una persona que puede ayudarles. Los jóvenes de la segunda tipología alquilan apartamentos, como en el caso de Marrakech donde el fenómeno es más importante, abandonando a sus familias y trabajan cotidianamente y de forma regular, programándose un futuro cercano, pensando en el matrimonio y en la familia, con una bonita casa, un coche y seguridad….esa es la finalidad de este trabajo.

Fuente: La Gazette du Maroc/ Telquel