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Los 5 Pilares del Islam

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Para acercarse a los cinco pilares del Islam existen las siguientes categorías de “acción responsable”. Acción responsable significa que cuando una persona alcanza la madurez debe llevar a cabo diversas acciones que son obligatorias, necesarias, acostumbradas, recomendadas, y neutrales; asimismo debe abandonar las que son ilícitas, reprensibles, y corruptoras.

(Estas categorías representan una progresión de un modo básico a uno más refinado modo de adoración. Por ejemplo, lo acostumbrado incluye lo obligatorio y lo necesario.)

El Primer Pilar: La Oración Ritual

Lo obligatorio: fard

Hay siete elementos preparatorios para la oración, y cinco relacionados con su realización efectiva, los cuales hacen un total de doce.

Los siete elementos preparatorios son:

·Pureza de hadath; es una condición de pureza ritual que no requiere de la ablución ni mayor ni menor.

·Pureza de najasa; esto significa que toda cosa impura debe quitarse tanto de la persona como de la ropa y el lugar donde se hace la oración.

·Cubrir el cuerpo; los hombres deben cubrirse desde la cintura hasta las rodillas, y las mujeres todo el cuerpo y la cabeza.

·Mirar hacia la qibla; uno debe dar la cara hacia la dirección de la kaaba en La Meca al realizar la oración.

·Intención. Esto significa formular la acción que se va a realizar. Por ejemplo, si la intención es hacer solamente la oración obligatoria de la mañana, se dice: “Tengo la intención de hacer la oración obligatoria de la mañana, por Al-láh.” Si la oración se va a realizar en comunidad, se dice: “Por Al-láh, haré la oración obligatoria de la mañana siguiendo el imam.” La formulación varía según la oración sea obligatoria, necesaria o acostumbrada.

·La afirmación inicial de la grandeza suprema de Al-láh, “Alájhu Ákbar” (Al-láh es el más Grande) al comenzar la oración.

·Observar la hora correcta para orar se refiere a las cinco veces en que la oración ritual es obligatoria.”

Oración del amanecer

Debe realizarse no antes de veinte minutos después del alba y antes de que salga el sol. En la práctica, se debe comenzar por lo menos diez minutos antes de la salida del sol, ya que se invalida si el sol sale antes de que se termine.

Oración del mediodía

Debe hacerse dentro de un periodo que comienza poco después de que el sol ha pasado el meridiano y termina a la hora de la oración de la tarde.

Oración de la tarde

Debe hacerse después del fin del periodo para la oración del mediodía, y antes de la puesta del sol. Aunque es ilícito iniciar la oración en el momento en que se pone el sol, es permisible terminarla mientras el sol se está ocultando.

Oración del anochecer

Se hace después del crepúsculo y antes de la hora prescrita para la oración de la noche.

Oración de la noche

Se puede hacer hasta antes del falso amanecer, esto es lo más tarde.

Los cinco elementos fundamentales

Pararse erguido para la oración; Recitar parte del Corán; Hacer la reverencia hacia adelante colocando las manos sobre las rodillas; Postrarse, moverse de la postura arrodillada colocando las manos planas sobre el piso, mientras la frente y la nariz descansan en el espacio entre ellas; La postura final, ésta es la segunda acción de sentarse en la oración de tres o cuatro ciclos, mientras se recita la profesión de fe. En una oración de dos rakats, tal como la oración de la mañana, esto se hace una sola vez, y ésta es la postura obligatoria para concluir la oración.

El Segundo Pilar: El Ayuno

Obligatorio: fard

·Formular la intención, “Me propongo guardar el ayuno por la gloria de Al-láh”.

·Saber el lapso de tiempo en el que se puede hacer la intención.

·Observar el ayuno desde el momento prescrito antes del alba, hasta la puesta del sol, sin romperlo en forma alguna.

·En el noble mes de Ramadán, es permisible hacer la intención del ayuno en cualquier momento desde el anochecer hasta el mediodía.

Corruptor: mufsid

Comer, beber, fumar, vomitar, tener relaciones sexuales.

El Tercer Pilar: La Caridad

Todo creyente de suficientes recursos debe dar anualmente una cuadragésima parte de su riqueza a una o más personas pobres, después de haber atendido a sus necesidades y las de los suyos. Debe formular esta intención: “Me propongo dar la parte prescrita de mi riqueza por la gloria de Al-láh”.

El Cuarto Pilar: La Peregrinación

Obligatorio: fard

·Hacer actos de consagración, simbolizado por el atuendo (ijhram) que se da a los peregrinos con la intención, “Me propongo entrar en el estado de consagración por la gloria de Al-láh. ¡Oh Señor, haz que este acto de adoración me sea fácil”.

·Pararse en el Monte Arafat.

·Hacer la circunvalación de la kaaba en el primero, el segundo o el tercer día de la Fiesta del Sacrificio (Id al-Adha).

El Quinto Pilar: La Shahada

La Afirmación del Testimonio (shajada): “Doy testimonio de que no hay nadie digno de adoración más que Al-láh, y doy testimonio de que Mujamed es Su Siervo y Su Mensajero”.

Just a photo !!!

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Anochece  en  la  PLACE  DJEMAA  EL  FNA…

El tiempo del Caftán

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El caftán es la prenda más conocida de la indumentaria tradicional en Marruecos. Este traje urbano se realiza con telas escogidas por la calidad y la nobleza de su tejido, como tafetán, sedas naturales, cachemir, terciopelo y brocados hechos a mano. Las telas después encomendadas a bordadoras que utilizan hilos de oro, de plata, de seda para estampar sobre el tejido motivos vegetales y arabescos. Los maestros pasamaneros asegurarán el acabado del caftán adornándolo con trenzas, galones, botones y presillas, antes de montar el forro de seda o de algodón. Éste último se escoge en un tono complementario al de la tela, o retoma uno de los colores del bordado o de la pasamanería. El forro de un caftán permite a la vez disimular el reverso de los bordados y de las pasamanerías, y darle cuerpo.

Desde su introducción en Marruecos en el siglo XVI, el caftán no ha dejado de enriquecerse con las influencias orientales, turcas y andalusíes. El caftán es una prenda que no se ha detenido en el tiempo, al contrario, es el reflejo de su época y evoluciona según la moda. En Marruecos, jóvenes diseñadores, hombres y mujeres, siguen creando caftanes con líneas modernas y elegantes, introduciendo nuevas materias.

Testigo del refinamiento de las culturas que lo vieron nacer, particularmente bajo el cielo de Bagdad, Damasco, Córdoba Granada, Fez y Tetuán, este arte del vestir reúne en su elaboración a varios artistas y varios gremios. Los tejedores que crean en sus talleres las telas y brocados, los sastres que realizan el corte y tallan caftanes cuyas formas y estilos varían de una región a otra, también según las épocas. Después del trabajo de las bordadoras, los maestros “ensambladores”, con la ayuda de sus aprendices, unen las diferentes partes del caftán de forma manual, utilizando diferentes pasamanerías. En cada etapa, pequeñas manos rivalizan con habilidad para insuflar, a unas simples telas, una historia y un alma. Cada caftán lleva después en sí esta historia en la que cada artesano transmite al vestido su grandeza. De ese modo, el caftán lleva en sí todo UN ARTE DE VIVIR.

 En el pequeño y delicioso Musée de l’Art de Vivre  de Marrakech se quiere rendir un homenaje a las mujeres y los hombres, que desde hace siglos, transmiten el oficio del arte de vestir.  Una exposición muy interesante y para no perderse.

 

 

 

 

 

EXPOSICIÓN: El Tiempo del Caftán

Del 26 de Marzo al 30 de Septiembre

Musée de l’Art de Vivre

2, Derb Chérif, Diour Sabouane

Marrakech-Médina

Al Kawtar-solidaridad femenina

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Creada en el 2006 por dos mujeres Patricia y Zahra.  AL KAWTAR ayuda a las mujeres minusválidas en el aprendizaje de la costura y los bordados tradicionales. La Asociación se traslada a un Riad espacioso de la Medina y aprovechando este hecho os hablo de ellas….

Hace 4 años que esta Asociación se esfuerza en dar a las mujeres minusválidas un futuro, un trabajo, una independencia económica.  Un objetivo increíble hasta hace poco tiempo para estas mujeres que reúnen dos grandes hándicaps: problemas de movilidad físicos y analfabetismo. Hoy, y gracias a la enseñanza de la costura, y concretamente la de los bordados tradicionales, la Asociación ha conseguido dos objetivos a la vez: está permitiendo la emancipación de estas mujeres y a la vez, mantiene el futuro de este artesanado tradicional. El Fassi, el rbati, punto de cruz…En el atelier, una treintena de mujeres aprenden las bases de la costura tradicional. Las técnicas tradicionales son revisadas y añaden su toque personal, sobre todas en las prendas de la casa (toallas, sábanas, manteles...), y siempre sobre materiales nobles como la lana, el algodón…La asociación está abierta a los visitantes, propone creaciones a medida de alta calidad, personalizados con los bordados cosidos a mano, destinados a los mercados Internacionales y al Nacional.

El secreto de este éxito ? Una total transparencia. Este organismo ha sido reconocido de utilidad pública.

Mucha suerte y felicidades a todas….

Más info www.alkawtar.org

 

Mezquitas españolas dedican hoy su sermón, al uso del velo

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Centenares de mezquitas españolas dedicarán el sermón de hoy al uso del velo. Es su respuesta al caso de Najwa Malha, la joven de 16 años que tuvo que cambiar de centro porque su instituto no le permitía ir a clase con hiyab (velo islámico). Los imanes aludirán al hiyab como precepto religioso, como obligación de las mujeres musulmanas. “El velo no es sólo una apariencia, es una muestra de la dignidad y de la personalidad de la mujer “, según Mohamed den Abdelrahim, imán en la mezquita Salam de Murcia. Les preocupa que el hiyab se considere un símbolo “machista“. “El velo no tiene nada que ver con la sumisión como oigo estos días por todas partes”, asegura Yusuf Hernández, de la Federacion Musulmana de España. “Estamos contactando con líderes políticos españoles para pedirles que eviten asociar velo y sumisión”, añade.

Fuente: El Pais

La Galeria Matisse expone obras de Jean-Pierre Favre

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Sobre los muros de la Galeria Matisse que el pintor Jean-Pierre Favre expone sus obras hasta el 9 de Abril, instalado en Fez desde hace 20 años, este incondicional de Marruecos obtiene su inspiración de su tierra de adopción.

Sus telas, coloreadas con las diferentes tonalidades del rojo, recrean principalmente escenas de la vida cotidiana fassie.

 

 

 

Galerie Matisse

61, rue de la Yougoslavie, passage Ghandouri, Guéliz.

Tél. 05 24 44 83 26

Riad Art Expo 2010, novedades ?

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Decidí dar una vuelta por la exposición RIAD ART EXPO ( en su 6ª Edición ), la verdad es que el año pasado no acabó de convencerme, pero pensé que ya que se hacía en la ciudad, merecía la pena ir a verla.

La Feria se celebra en el curioso Palacio de Congresos, un lugar enorme y vacio a la vez. Nada más entrar, los Stands se distribuyen a derecha e izquierda por los dos pasillos centrales. En la parte izquierda, finaliza en una gran sala con los Stands de mobiliario y artesanía y en la parte izquierda solo se distribuyen por el pasillo. ( la entrada sin invitación costaba 50 Dh !!! )

Este año la Feria ha ocupado 3.000 m2 y 88 Stands. Profesionales de la decoración de interiores  y de diseño, artesanos, trabajo del cuero, perfumes, esencias, velas, ceramistas, pintores, etc…todos ellos con Stands sencillos y nada imaginativos. No es una Feria espectacular, me atrevería a decir que se trata de una Feria “discreta”, en donde los Stands son casi todos modulares y dejan poco espacio a la imaginación. Incluso podría ser un poco paradoxal, ya que se trata de expertos diseñadores de interiores, pero parecen más dispuestos a enseñar su “producto” desde el minimalismo y austeridad.

Que me sorpendió ? Por encima de todos, la marca YAHYA, no solo su Stand….sencillamente maravilloso…..sobre todo su producto….la base son sus lámparas trabajadas en hierro, pero unas lámparas que son obras de arte en estado puro. El Stand comprendía 3 salas, la primera era completamente oscura, cerrada con cortinas, en donde destacaba solo la iluminación de las velas en  las lámparas…un derroche de luz iluminaba todos los espacios del cuadrado que formaba el espacio. La iluminación eran “miles” de puntos de luz que proyectaban las no más de 25 lámparas que cohabitaban en el espacio. Estas lámparas están trabajadas A MANO cada una de ellas, sobre el hierro.  Su sistema especial de recorte del material, hace que la luz interior ( ya sea de vela o de bombilla ) emita unos haces de luz hermosos. Solo con una lámpara YAHYA, creas una atmosfera especial en una sala, patio, habitación, local…por si misma, yo creo que es capaz de dotar de  personalidad a cualquier espacio. Los precios están a la altura de su belleza, pero es que hablamos de trabajos manuales, de auténticos artesanos.  Seguramente por eso, han sido escogidos para suministrar al famoso hotel LA MAMOUNIA de toda su iluminación interior además de otros encargos a nivel Internacional. Las otras dos salas eran tambien hermosas, pero más standard. Con luz natural una, donde destacaban los espejos y otros elementos decorativos y una última sala donde volvias a ver las lámparas con luz eléctrica….igual de espectaculares.

Yahya, el creador y alma de la empresa, nace en Londres de origen judío regresa a Marruecos (la tierra de sus padre ) y se enamora de ella.  Así decide quedarse, se convierte al Islam y comienza a trabajar en sus diseños (con la base des sus estudios de arquitectura). Muchas suerte Yahya…..

Yahya Création 61, rue de Yougoslavie, Magazin 49-50 Passage Ghandouri, Guéliz –
Marrakech – Maroc Tél : +212 (0) 24 42 27 76

En este video, podreis apreciar un poco las piezas…..

http://www.youtube.com/watch?v=PhsZkUecQrM

Una nueva vida para la Medersa BEN SALEH

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Rémy Mohamed Labyed nace en Marrakech en el barrio de la Medersa Ben Saleh, una antigua escuela en ruinas. Muy joven, se traslada a vivir a Francia y vuelve algunos años después con su mujer, al barrio de su infancia y juntos descubren la escuela que les roba el corazón.

Juntos, deciden devolver a la vida  este lugar histórico, abandonado desde hace años, y que corre el riesgo de desaparecer en el mismo momento que declaran a la Medina de Marrakech, Patrimonio Mundial por la Unesco. Que gran paradoja !!!! Este proyecto lo están desarrollando desde hace seis años y consiste en crear un espacio de intercambio cultural para responder a las necesidades y la curiosidad de los turistas y habitantes de la ciudad roja. El proyecto no se limita solo a la arquitectura de la Medersa, el objetivo es también…dotarla de vida.

La Medersa Ben Saleh fue un lugar de aprendizaje y cultura…Gracias a este proyecto, la Medersa se convertirá en un lugar de historia, de exposiciones, de reencuentros, de creación y de vida !!!!!

El Ministerio de Habous ha comenzado las obras de renovación, una excelente noticia para la Asociación Internacional para la protección de la Medersa Ben Saleh, que gana su primera batalla. “Mientras la restauración de la Medersa Ben Saleh está en marcha ( nuestro primer objetivo ), nosotros hemos de procurar que nuestro proyecto para mantener vivo este lugar mágico esté más de actualidad que nunca…su integración dentro de un entorno tan popular del barrio de Ben Saleh, ofrece perspectivas reales de desarrollo económico, artístico,, social, educativo y cultural.” Comenta el muy implicado presidente de la Asociación, que ha decidido recientemente escribir un libro sobre la Medersa, con el fin de hacer conocer este lugar mágico al gran público.

News: se organiza un concurso internacional para escoger el logo de la Asociación, que todavía espera la validación del Ministerio de Habous.

 

Para saber más: http://www.medersa-bensaleh.org

La Mano de Fátima

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La mano de Fátima o Khamsa ( la cifra 5, Khamsa en árabe ) es una especie de muro invisible que observa y que es observado. Es el símbolo de la Providencia para los musulmanes y está en línea con la Ley del Profeta Mahoma (5 son los pilares del Islam). En efecto contiene los 5 dogmas que corresponden a los 5 dedos. A su vez los 5 dedos forman 14 falanges, 28 para las dos manos, sobre las cuales se reparten las 28 letras del alfabeto. El lugar 14 de la mano derecha es la llamada “luminosa” y indica el Sur, y la 14oscura” de la mano izquierda indica el Norte. En el mismo sentido en el que los dedos están sometidos a la unidad de la mano que le sirve de base, los cinco preceptos fundamentales, están ligados a la Khamsa cogiendo su fuerza de la unidad de Dios. Poseedora del poder, la mano de Fátima es para los musulmanes una protección contra el mal de ojo. Según la idea que existe una oscura ley de la naturaleza, en ese orden de las cosas, y para reequilibrar ciertos fenómenos positivos de la misma naturaleza ( como la belleza, salud, fortuna, etc….), se permite ,como un genero de corrección de lo negativo y se concreta con la intervención de una persona malvada que con un simple gesto, una palabra o más concretamente con una mirada celosa puede generar una acción negativa sobre nuestro estado de bienestar psico-físico. En este punto, interviene la mano de Fátima que, según las creencias populares, frena literalmente las influencias negativas.

Es la simbología de la mano derecha levantada, de cara, que transmite la potencia, la protección, la bendición. Símbolo antiguo es una de las representaciones mitológicas más conocidas del mundo árabe que juega todavía hoy un papel de protección contra la mala suerte. Los asirios la asimilan a los 5 personajes sagrados del Libro: Mohamed, Alí, Fátima, Hassen y Hussein. Existía, en la antigua Babilonia, una torre soportada de una mano derecha consagrada a Anú, la torre Zida, que simbolizaba el “giro de la mano derecha”. En Marruecos todos creen y por eso llevan la mano de Fátima encima, una creencia popular muy interiorizada y llena de simbolismo precioso que casi raya lo profano, trascendiendo el lado puramente religioso de la imagen.

En las puertas de las casas, tatuada con Henna en las manos, colgada como collar en el cuello, pintada en las paredes, es un símbolo que acompaña cotidianamente a las personas que confían en su protección sincera y leal de la Hija del Profeta Mahoma, Fátima.

La Plaza Djemaa el Fnaa

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Esto no es Uganda. Aquí no hay niebla espesa rodeando las montañas de la Luna. Tampoco hay aguas mansas como las del Lago Victoria. Ni animales salvajes abrevando en una poza cercana al Okavango. Aquí no tienen un gran río que transmite mensajes dejados por antiguas civilizaciones. Ni mares misteriosos cuyas olas susurran historias de náufragos y piratas. Ni nieves perpetúas como las del Kilimanjaro. Ni bancos de arena como los de la costa del occidente de África. Ni dunas de forma caprichosas como las del desierto del Sáhara.

Esta de aquí es un África distinta, sencilla, cercana, amiga, pero llena de encanto. Al final, el sur del Sur estaba más cerca de lo que muchos pensaban. Tan sólo había que dejarse morir por los caminos polvorientos de mi África desangrada, sin rumbo ni destino, moviéndose como una peonza que da vueltas sobre sí misma, hasta caer en esta plaza de sueños, y aquí, finalmente saber encontrar las respuestas a esas preguntas jamás formuladas.

Y luego tal vez, porque no sé hacer otra cosa en la vida, escribiría la historia.

Una vuelta, y otra vuelta… otra vuelta más y regreso al principio. Esta plaza es como un laberinto del que no hay fuga posible. Siempre regresas a ella.

Regresé un día por sorpresa a Marrakech, sin proponérmelo. Tras años de ausencias recuperaba los olores de mi infancia, las estrecheces y oscuridades de esa medina siempre hechizante. El encanto no había muerto tras décadas de silencios mutuos, pero se había peligrosamente transformado.

Marrakech no era la misma. Marruecos era tal vez distinto. Pero la plaza de Jeemaa El Fna seguía allí, impertérrita, simplemente permaneciendo, siempre fiel a sus orígenes.

Me disfracé de extranjero, intenté olvidar lo aprendido, renegar de un pasado común con la ciudad y la plaza… y lanzarme después a descubrir las entrañas del ombligo del mundo.

Corros que se forman al azar siguiendo la voz del charlatán de turno, al calor del último sol de la tarde. Esa es la imagen que guardo siempre de Jeemaa El Fna. En Marrakech los crepúsculos aparecen y desaparecen tamizados por los humos de tantos puestos de comida improvisados en la plaza.

De entre una nube de cabezas sobresale la silueta recortada en la noche de un saltimbanqui loco que encaramado en un carrito relata viejas historias mientras juega a ser fakir. Su turbante naranja destaca entre las chilabas que cierran el perímetro de la circunferencia. En medio del tumulto, un farol de gas o petróleo ilumina la escena y su luz descubre los rasgos africanos y los pómulos marcados del falso fakir. En el fondo no es más que un cuentista con hambre. Pero sus historias viejas atrapan a los marrakchís: es la Plaza.

Asegura mi amigo Bachir que la Plaza es una sombra de lo que fue hace 20 ó 30 años. Esta vez no quiero tampoco creer en sus palabras. Me resisto a creer que perdí un tiempo precioso, un tiempo que no volverá. Y aunque Bachir estuviese en lo cierto, la Plaza se resiste a desaparecer y guarda todavía un frasquito de la esencia antigua y verdadera: la mezcla de la que se nutre Marrakech.

A la Plaza hay que desearla desnuda y vestida. Sucede como con los grandes amores. Nunca perduran, aunque tampoco se olvidan. Sonidos, razas, aromas, sensaciones. Mezcla. Cálida, acogedora, irreal, mágica. Plaza.

La Plaza. Mi Plaza. La gran Plaza de Marruecos. La Plaza de todos. La Plaza de los turistas. La Plaza de otros. La Plaza de Marrakech. La Plaza de África. La Plaza de Goytisolo. La Plaza del mundo.

Asociación de difuntos, asamblea de muertos, reunión de cadáveres, mezquita nada… De todas estas formas han traducido el nombre de la Plaza quienes ignoran todavía que Jeemaa El Fna no se traduce, tampoco se transcribe correctamente: Djemaá el Fná, Jaamá El Fná, Xemaá el Fná, Xamaa el Fnaa, Djeema El Fna, Djamaà-el-Fnaà, Jamaa El Fna, Jhemaà el Fnaà, Yamaa El Fna, Djemaâ El Fnâ, Chema el Fna, Yemaá El Fná, Jeema El Fna, y así hasta el infinito. La plaza es la Plaza, y su nombre se escribe de mil maneras, al igual que su espacio tiene mil lecturas distintas, y al final, como dice Goytisolo, no sabes por dónde cogerla. La plaza es la Plaza, la Plaza es todos los nombres en uno, la Plaza se escribe tal como suena y a veces suena tal y como se escribe, y otras no suena, solamente se percibe.

La Plaza es un sueño plural, a veces es varios sueños confundidos. Porque la Plaza sobre todo confunde, aunque también embriaga, y a veces extasía, incluso emborracha, a algunos los empobrece, o los disloca, hay a quienes pervierte, y a los osados envicia, a los tontos adormece, a los avaros despierta, al soñador lo mancilla, al enfermo de amores lo sana, y al cobarde de origen lo daña, al misógino lo transforma, al pretencioso lo enloquece, y así hasta el infinito, en todas partes y en todas las lenguas del mundo. La Plaza no puede entenderse ni siquiera en árabe. La Plaza no tiene idioma y los tiene todos, la Plaza es sonora y es muda, es limpia y es sucia, es cálida y es gélida, es valiente y temerosa, y así hasta el infinito. La Plaza es ambigua, incluso tal vez dicótoma. La Plaza no entiende naciones ni ellas entienden la Plaza, la Plaza es de todos los que la sienten. Es la plaza del mundo.

La plaza de Jeemaa El Fna crea lealtades inquebrantables. Los que la sufrimos somos algo así como un pequeño y selecto club abierto a todo el mundo. Sólo es necesario gustar de su compañía y aceptarla tal cómo es; de todas formas, “no hay por dónde cogerla”.

Cuentan que en cierta ocasión el escritor mexicano Carlos Fuentes visitó a su amigo Juan Goytisolo en Marrakech. Como buen anfitrión, Don Juan llevó a su colega a ver la Plaza y aseguran los que lo presenciaron que el mexicano quedó embobado ante el espectáculo multicultural y exclamó: “Es como si hubiésemos retrocedido quinientos años en el tiempo”. Y Goytisolo, mirando la Plaza repuso muy serio: “No, hemos avanzado quinientos años”.

Imágenes de la Plaza: espacio abierto. Canto religioso que se eleva hacia la esperanza. Viento del Atlas que levanta el polvo acumulado durante horas de canícula estival. El asfalto muchas veces arde. Se escuchan cascos de caballos repicando contra el suelo requemado. El humo de un cigarrillo desafía al viento. Bocinas, timbres, campanas de aguadores y esa flauta histérica que me persigue a todas horas. Los pies arrastrados de un mendigo. Miradas ausentes. La otra cara del drama. Perfil de minaretes recortados en lontananza. Nubes algodonosas que sostienen la silueta de la vieja Kutubiya. En el espacio amplio no hay nada, y a la vez está todo. Y uno está con todo el mundo, y al mismo tiempo está solo. La grandeza de la Plaza reside en que transforma a las personas. Nos hace esclavos del sueño. Y olvidamos. Somos parte de la magia. Nos convertimos por unos instantes en meros actores, simples marionetas de este teatro viviente, personajes en fin, que existen porque algún dios improbable se divierte allá en los cielos. A fin de cuentas, la ciudad y la Plaza fueron creadas porque a ese Dios viejo y sabio del que hablan a menudo los marrakchís, le gustan también las historias.

Cada día que pasa encuentro más tarados que vagabundean por esta plaza. Les han contado que éste es el lugar más mágico del mundo y vienen a beberse su magia. Pero todavía no saben que es imposible. La magia se lleva dentro, como la plaza, como la ciudad; uno lo descubre al momento, si no hay flechazo ya no hay esperanza. Es un amor a primera vista. No nacen amores verdaderos con la costumbre.

Delante de mí cruza un canadiense con melenas y barbas largas montando un inoportuno monopatín. Algunos extranjeros de aspecto hippioso intentan improvisar sus descoloridos espectáculos callejeros en el espacio natural de los vendedores de sueños marrakchís. Pero fracasan.

Cine mudo. Cine cómico de Chaplin: tres turistas mayores, ridículas, medio desnudas, pintarrajeadas persiguen sin éxito una calesa por media plaza. Tienen prisa por perder de vista el sueño y regresar al hotel. Algunos no llevan fantasía en la masa de la sangre, y al final no entienden nada.

Escucho las campanas de los aguadores martilleándome en el interior del cerebro. Las flautas histéricas de los encantadores de serpientes, el laúd, los tambores, los platillos de hojalata que repican entre sí… Lo escucho, lo siento, lo observo, lo huelo… Lo atisbo todo detrás de unas gafas oscuras, protegido de mis propios ojos. Las pupilas débiles juegan a veces malas pasadas. Ha caído la noche.

La Plaza: acróbatas, danzarines, encantadores de serpientes, fakires, narradores de cuentos, magos, adivinos, tatuadoras… espectáculos de todo tipo y por todas partes. Vendedores de sueños.

Corros de gente ensimismada en Jeemaa El Fna: me adentro en sus entrañas. Me detengo en cada atracción, como si fuese un simple turista, o un marrakchí, qué más da. Aquí hay espacio de sobra y para todos. Igual le presto atención a unos monos que a un curandero, a las serpientes o al viejo mellado que relata historias antiguas en un árabe cerrado que apenas comprendo. Músicos de la etnia gnaua agitando al viento sus borlas; un charlatán que vende milagrosas cabezas de ajo trinchadas para combatir el dolor de muelas; otro coetáneo de Matusalem que cuenta cuentos de sus tiempos olvidados; la mujer de espalda curva recita de memoria el Corán y asegura que sus plegarias sanan a los enfermos; el médico autodidacta se empeña en poseer la receta de un agua sucia y mágica; otro curandero más que vende pócimas y ungüentos; el otro de más allá relata sucesos horribles; hay acróbatas mágicos y magos que realizan acrobacias, bailarines a cielo abierto, astrólogos que buscan estrellas en un cielo empañado de humo; hay también un hechicero que juega con piedras sagradas ante un teléfono móvil de última generación; el dentista callejero perdió un día muy lejano todos sus dientes y ahora se encarga de arrancar los ajenos; un pesador de personas y su báscula infalible; el tratante de dentaduras postizas mil veces utilizadas, aquí todo se recicla hasta el infinito; otro falso tuareg que pervierte mis ojos hipnotizándome con un imposible mercurio líquido; un anciano erudito al que la gente pregunta cosas y siempre responde, aunque creo que casi siempre inventa las respuestas; tres calígrafos de pulso tembloroso, dos cartógrafos hacedores de mapas antiguos que marcan la existencia de improbables tesoros perdidos, cuatro escribientes y todo tipo de oficios del pasado; sobresale entre ellos un hombre muy flaco que lee el periódico a los iletrados, y sobreactúa para ellos; velada está siempre la vendedora de cestos de mimbre; otra mujer también velada que lleva en sus manos bonetes de fieltro blancos; un caradura simula llamar por teléfono a las antípodas de Australia o a los Estados Unidos; han improvisado un mini-golf que hace furor entre algunos niños “privilegiados”; otros con menos suerte disfrutan boxeando ante un corro de curiosos sedientos de golpes; un hombre reposa inmutable con los pies desnudos dentro de una jofaina de agua; otro no menos imperturbable degustando un supuesto té milagroso; hay un grupo distraído que toca flautas y tambores con el convencimiento de que nadie en la plaza les escucha; un hombre extremadamente grueso mide la fuerza de otros; grupúsculos de teatro callejero; cómicos improvisando ajadas representaciones del pasado, la simplicidad de la comedia griega de nuevo en escena, también la tragedia; esforzados contorsionistas; un viejo tocado con un elegante turbante verde juega con blancas palomas; herbolarios venidos de los contrafuertes del Atlas; sanadores varios llegados de las gargantas del Todra; oscuros maestros de la hipnosis y la quiromancia arrancados por la fuerza del vil metal de los poblados saharianos junto a las fronteras argelinas; barbudos danzantes travestidos como si fueran mujeres; hay un niño pálido que asegura poseer una alfombra voladora; otro niño más que amaestra a un mono sabio; hombres y mujeres pescando botellas de litro y medio de refrescos inclasificables. Entender las diversiones de los marrakchís no está al alcance de todos. Vienen a la Plaza con curiosidad e ignorancia, o tan sólo con ganas de divertirse, hay algo mágico que les empuja a congregarse alrededor del primer chiflado que improvise cualquier monería. Unos bajan a la Plaza a ver la vida, otros la sufren y vienen a buscársela. Unos no esperan nada de ella, los otros creen tenerlo todo. Y entonces incluso se derrumban los mitos. Ambos están equivocados: la Plaza es un reflejo del mundo, un resumen de la vida misma.

A esta hora de la noche la Kutubiya está completamente iluminada. Media luna fosforescente se le ha puesto encima. Los puestos de comida rellenan el vacío y embrutecen la atmósfera de humo y olores a refrito. Luces naranjas, faroles de gas, bullicio incansable. Coches, motos, bicicletas, calesas, carros tirados por mulas y asnos, gente con los ojos encendidos que van y vienen, puede verse todavía la ilusión en sus miradas que se cruzan sin conocerse; tubos de escape que agonizan, a muchos se les superponen voces erráticas, cuerpos sudorosos que siempre se esquivan… Sueños. Hay otros mundos pero están en este Marruecos nuestro. Aquí, en la plaza de las mil y una ilusiones es improbable que alguien no encuentre su espacio. Aquí, pese a las estrecheces y los empujones, hay sitio para todos, no en vano, es el lugar más grande del mundo.

Sin duda, si tuviese el poder o supiese el secreto o adquiriese la habilidad de partirme en dos, una de mis mitades siempre estaría sentada en la terraza de un Café, en la plaza Jeemaa El Fna. Y allí aguardaría de nuevo la noche, hasta que desde lo alto de un minarete parte una voz devota que llama a la oración y nos recuerda que no hay más dios que Allah y que Mohamed es su profeta, y que todos los mortales deben temerle a la muerte, pues sólo ella podrá alejarnos para siempre de la Plaza. Y quizás ni ella será capaz de apartarnos del sueño interminable de Jeemaa El Fna: aunque me pierda mil veces y en otros mundos, sabré encontrar el camino; el humo de esta plaza, de nuevo podrá guiarme.

Marrakech; La ciudad de las mil y una seducciones. Asumirla de golpe no es fácil. Son demasiadas imágenes, olores, sonidos, colores… Es imposible en un sólo día, en un sólo viaje, en una sola vida. Por eso muchos regresan. Algunos para siempre.

Terminado aquel viaje me daba cuenta que había derribado viejos tópicos. Marruecos y Marrakech no eran ya cómo los recordaba. El país estaba cambiando a marchas forzadas y a poco que uno se descuidase, la próxima vez ya no sería capaz de reconocer el escenario de los sueños infantiles.

Mi viaje al sur del Sur iba a ser finalmente un viaje al corazón de las tinieblas, al fondo de las realidades humanas: las miserias de un mundo injusto y desigual. Si Joseph Conrad levantara la cabeza, supongo que en lugar de remontar el río Congo para deslizarse por las sombras en ese viaje imposible al corazón de las tinieblas, hubiese vagabundeado el Marruecos de principios del siglo XXI, y allí, una vez superado el horror, estarían sin duda ante él, todas las luces del mundo.

Y fue entonces, cuando entre todas las miradas de la Plaza creí ver una que conocía de otro tiempo, de una tarde de mi adolescencia. Habían pasado los años y él, si era él, también había envejecido, aunque seguía llevando la misma túnica blanca y tenía aún el pelo ensortijado, ahora algo canoso y no llevaba babuchas, como entonces, en aquel atardecer de nuestras adolescencias mezcladas, cuando buscando con los ojos la línea del horizonte oscuro, descubrimos sin saberlo, todas las luces del mundo. Nos miramos ahora pero no nos vimos, o tal vez no quisimos vernos. Lo más probable es que él no fuese él y que yo tampoco fuese ya el mismo. “Al-Magrib al-Aqsa ”, murmuré para mis adentros mientras todavía nos aguantábamos la mirada entre el gentío. Y allí estaban otra vez, ante mí, todas las luces del mundo.

Había tardado demasiado en marcharme de una ciudad fundada por nómadas y cuyo nombre Marrakech, significa “vete deprisa”, y ahora tal vez, transcurrido el tiempo de un viaje y de una vida, no encontraba el momento apropiado para irme. Aunque hubiese llegado ya el instante de finalizar mi historia en el sur del Sur, aunque fuese aquel el momento propicio para marcharme, intuía que en Marrakech, en el fondo, aunque uno se vaya deprisa, jamás termina de marcharse del todo.

Finalmente, aquella mi última tarde en la plaza de Jeemaa El Fna me convertí sin saberlo en un taumaturgo anónimo que no controla siquiera su propio destino, y me di cuenta incluso de dónde estaba. Sobredosis de realidad. Aquel había sido también un viaje introspectivo, una expedición al corazón de las tinieblas. Vencido el horror llegaba el momento de enfrentarme a la verdad: había disfrazado de nuevo la vida. Mi lugar no estaba allí, ni tampoco en otros rincones de África, mucho menos en Europa; mi lugar supongo era el viaje. Allí habría espacio de sobras para todos. El mundo no era entonces todavía de los justos ni de los pecadores; y todos teníamos derecho a la Plaza. Porque allí, ni los dioses tendrían capacidad para juzgar a nadie. En parte porque aquella plaza era ya entonces un lugar irrepetible, corazón de Marrakech, alma resumida de Marruecos, y tal vez, sólo tal vez, el ombligo del mundo.

Aquella última tarde de mi vida marrakchí, mientras anochecía por detrás de la mezquita de la Kutubiya y las voces de Marrakech se apoderaban lentamente de la ciudad, comprendí que mi tiempo, como el de aquel Marruecos que solamente recordaba, había pasado ya, y a partir de ahora, viniese lo que viniese, Marrakech ya no sería la misma, y en al-Magrib al-Aqsa tan sólo nos sobrevivirían las nostalgias de adolescencias mezcladas.

Después de todo, me había dado cuenta a tiempo de que estaba cansado y tenía aún muchos viajes por delante. Permanecer allí no hubiese sido justo, ni lógico, para nadie. Aquella tarde realicé por fin un ejercicio de cordura y vi la plaza tal y como era en realidad. Quise entonces regalarme una despedida digna del lugar, e incluso llegué a creer que era capaz de detener el tiempo y aguantar en mi memoria la imagen que se escapaba con la llegada de los nuevos tiempos. Fue doloroso, como cuando te metes en la cama y descubres que la mujer que amas ha envejecido y con los años perdió su belleza y en nada se asemeja a la imagen que recordabas de ella, pero aun y los cambios, la quieres todavía con más fuerza.

Aquella tarde, en Jeemaa El Fna, ahora lo sé, estuve a un paso de encontrar y perder el paraíso, y separarme para siempre de mi sombra y arrancarme a mí mismo el corazón, y terminar de morir del todo.

( Nota: cuando empecé a escribir un post sobre la plaza, encontré este escrito y supe que nunca hubiese transmitido mejor la esencia de la Plaza,así que he copiado este maravilloso escrito para que disfruteis con él. )

http://www.fronterasdepapel.com/abril2009/Marruecos_Marrakech_Plaza_Jeemaa_El_Fna.htm