Violencia de genero en Marruecos

Violencia contra la mujer

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Una de las imágenes visuales más desgarradoras que he visto nunca fue hace muchos años delante del Riad.

Eran las 3 de la mañana y me desperté sobresaltada por unos gritos en la puerta del Riad. Medio dormida y casi en “modo automático” abrí la puerta y la imagen que vi fue tremenda. Un hombre estaba agrediendo a una mujer que yacía en el suelo y que mientras recibía golpes imploraba y lloraba desconsoladamente. Fue tal la brutalidad de esa imagen que no sé aún porque motivo, mi mano cerró la puerta del Riad y me quedé durante unos segundos paralizada y sin reaccionar. Al instante, recobré la serenidad y volví a abrir la puerta para actuar de alguna manera. Nada más abrir la puerta, la mujer seguía en el mismo lugar y el hombre seguía amenazándola y dándole golpes sin miramientos. Los gritos desgarradores de ella, se te clavaban en el alma. Intenté separar al hombre con empujones y con la ayuda de un amigo mío. En eso, los vecinos de las casas empezaban a salir sorprendidos de los gritos y también mediaban con el hombre. Me aconsejaron que no me metiera, que no intercediese por la mujer. Parecía ser que era una “disputa” de pareja, eran un matrimonio. Y que si yo intercedía, las cosas se iban a poner peor para la mujer una vez se quedase sola en la casa. Que era mejor que fuesen ellos quienes suavizasen el conflicto. No me las quiero dar de activista, porque desgraciadamente no lo soy. Pero en ese momento, un mecanismo de indignación recorrió todo mi ser. ¿Cómo? ¿Que no puedo hacer nada por esa mujer? ¿porqué es peor que actúe? ¿Porqué es peor que intente ayudar? Bufffffff….no podía hacer nada más. Ante la mirada de súplica de ella, yo debía mantenerme al margen. Ellos, los hombres estaban tratando de calmar al llamado “marido” que estaba completamente fuera de sí, mientras las mujeres consolaban a la mujer maltratada y que estaba en el suelo llena de golpes. Les pedí con gritos que la levantasen del suelo. Era como una súplica, ponedla en pié…que no siga en el suelo. Por favor, que no siga arrastrada en el suelo. No lo merece. Debe estar en pié, firme. No sé, me pareció que le daba un poco de dignidad a su figura.

Puede ser, que este escrito os parezca un poco naïf, un poco inocente. Pero yo no estoy nada acostumbrada a ver violencia real delante de mí. Escuchar como resuena un puñetazo, una bofetada en la mejilla. Ese ruido atroz seguido de gritos y lloros desgarradores me hizo tambalear todo dentro de mí. De hecho, me replantee mi vida en Marruecos por algunos días. No podía vivir en un país en donde este tema es mucho más habitual de lo que creemos. Me diréis que en España también lo es y tenéis razón, pero la violencia de género extendida, más bien, las agresiones pequeñas o grandes a las mujeres en el hogar es el pan de cada día en muchos hogares de Marruecos y que yo sepa no hay leyes que protejan la indefensión de las mujeres. O muy pocas…todo esto ha vuelto a mi mente 8 años después a raíz de ver este video de Casablanca.